lunes, 17 de noviembre de 2014

Doctor Who 8x11 / 8x12 - Dark Water / Death in Heaven


“El día más oscuro, la hora más negra”. Ha llegado la historia final de la octava temporada de Doctor Who (si no contamos el especial de Navidad), y no va a ser bonita. De hecho, y como si fuese un reflejo del primer episodio, presenta algunos conceptos muy perturbadores al espectador. Perturbador para un amplio grupo de espectadores es también la revelación de media historia, y cuyas implicaciones (ampliamente spoilerantes, si me permitís el palabro) analizaré más en profundidad cuando lleguemos a ella. Así que ya os advierto de antemano, si no habéis visto los dos capítulos que conforman esta historia doble agarraos, que vienen curvas.

Clara habla por teléfono con su novio, Danny, que va camino de su casa para tener la largamente postergada conversación de la vida de ella con el Doctor. Clara comienza a disculparse por las mentiras y ocultaciones que ha venido realizando al respecto, pero Danny no responde. De hecho, Danny no volverá a responder jamás, porque distraído por la conversación ha sido atropellado por un coche y ha fallecido. Clara no puede aceptar una tragedia así, una muerte tan completamente anodina, y contacta con el Doctor para impedir que ocurra. A sabiendas de que el Doctor alegará alguna razón para negárselo (como la primera de ellas, la paradoja: si la muerte nunca hubiese ocurrido, el Doctor nunca viajaría para impedirla en primer lugar), Clara roba todas las llaves de la TARDIS, le engaña para viajar a un volcán activo y le amenaza con arrojarlas todas al volcán si no accede a salvar a Danny. El Doctor se niega repetidas veces, y Clara termina tirándolas todas a la lava, destruyéndolas en el proceso. Una escena llena de dramatismo y tensión entre ambos (al menos si no se recuerda que el Doctor ya tiene hecho que las puertas de la TARDIS se abran con un chasquido de sus dedos) y que demuestra ser también un poco tramposa: el Doctor había sedado a Clara al ver su comportamiento extraño para adivinar sus intenciones, y todo había ocurrido únicamente dentro de su cabeza.

El Doctor está decepcionado por la traición de Clara, incluso dadas las circunstancias, pero ella le importa demasiado como para dejarla en la estacada, en una escena que nos demuestra que pese a lo inhumano y poco empático que nos pueda parecer en ocasiones, el Duodécimo Doctor también tiene su corazoncito. Y por ello decide ayudar a Clara incluso aunque eso signifique un descenso literal a los infiernos; programando la TARDIS para seguir el lazo afectivo entre Clara y Danny (a través de la matriz telepática que ya utilizaron en Listen) a la otra vida, si esto existiese. Aunque el Doctor menciona que siempre ha querido investigar la existencia del más allá, es llamativo que no lo haya intentado realmente antes, con todas las pérdidas que ha sufrido a lo largo de su larga vida; quizás necesitaba un vínculo afectivo más profundo que los suyos personales, o tan sólo con su nueva personalidad se atrevía a intentar atravesar la última frontera.

Clara tirando llaves al Monte del Destino o similar.
El caso es que mientras tanto nos encontramos a Danny apareciéndose en las extrañas oficinas en donde hemos visto “reclutar” personajes fallecidos durante la mayoría de la temporada, una “otra vida” en donde se le pone a hacer formularios burocráticos para adaptarse a su nueva existencia. En esta enorme urbe que parece estar poblada por muertos, Danny debe adaptarse a la idea de estar muerto, a sensaciones extrañas (como el frío intenso que siente por la conexión con su cuerpo fallecido, en un congelador) y sobre todo, a enfrentarse con su peor pesadilla, confrontar al niño que mató en combate durante su estancia en el ejército, el hecho traumático que le hizo abandonar las armas y que se nos ha venido dejando entrever a lo largo de toda la historia del personaje.

Cambio de escena: el Doctor y Clara llegan a un mausoleo desconocido rastreando el vínculo emocional de Clara y Danny. Investigando, pasean por los pasillos del edificio, encontrándose rodeados por pequeñas piscinas aparentemente contenedores de esqueletos “cómodamente” sentados en ellas. Como se les informa poco después de su llegada, ambos están en 3W, una empresa gestora del Más Allá, y son recibidos por la misteriosa Missy. Ésta se presenta como un androide de recepción de 3W, y en consecuencia aplica su programación de bienvenida… Besando apasionadamente a un desprevenido Doctor y en general favoreciendo un contacto físico para nada deseado por parte del Señor del Tiempo, antes de pasarle con un científico de la empresa, el doctor Chang.

Chang explica al Doctor y a Clara como su empresa se dedica a proteger a los muertos desde que su fundador descubrió, a través de una comunicación telepática entre ellos, que sus almas aún continuaban ligadas a sus cuerpos después de sus muertes. De hecho, el nombre de la empresa, 3W, se basa directamente en un grito constante de horror de los difuntos, tres palabras (three words): no me incineréis. 3W mantiene a los cuerpos difuntos en un entorno seguro que protege sus restos orgánicos a través de una estructura mecánica, en el interior de unas piscinas de agua oscura que sólo deja lo orgánico al descubierto… De ahí los esqueletos en los pequeños tanques. Tras la explicación, el doctor Chang pone en contacto a Clara con el alma (o consciencia) de Danny, mientras el Doctor va a investigar todo el tema de la protección de cadáveres.

Missy, haciendo entrar en shock anafiláctico al Doctor.
Hasta entonces, y pese a los esporádicos toques de humor, la historia tiene tintes muy siniestros. Comenzando por la muerte de Danny y la traición de Clara, y continuando con los esqueletos en las piscinas (sin hablar de la inquietante sugerencia de Chang de utilizar agua oscura en las piscinas públicas) y la sugerencia de que los fallecidos puedan sentir su cremación como si ellos mismos fuesen quemados vivos. Y la cosa no irá a mejor: Clara se resiste a creer que Danny sea real y éste se fuerza a no darle pruebas de lo contrario para evitar que ella sufra, a él se le ofrece la posibilidad de detener su sufrimiento borrando sus emociones, y el Doctor descubre, no sin horror, que toda la infraestructura de 3W está dirigida a la creación de Cybermen, ocultos bajo su fachada orgánica en esa agua oscura.

Pero el momento de las revelaciones aún no ha terminado. Missy deja de fingir ser un androide y mata al doctor Chang ante los horrorizados ojos del Doctor. Pronto revela cómo ha estado utilizando una tecnología de matriz para descargar las mentes de los fallecidos mientras reconstruye sus cuerpos como Cybermen y antes de eliminar sus emociones para convertirles en soldados perfecto: actualizar los cuerpos, actualizar las mentes. El Doctor reconoce a la matriz como tecnología de Gallifrey, y Missy le recuerda su anterior contacto, de cómo pudo sentir sus dos corazones latiendo bajo su pecho. Cuando el Doctor cae en la cuenta de que Missy es un Señor del Tiempo (Dama del Tiempo, corrige Missy, que es “de las antiguas”), ella le acusa de haberla dejado a punto de morir, al tiempo que comienza a soltar Cybermen desde el interior de la catedral de San Pablo en Londres, donde se encontraban en realidad. Tras intentar espantar a los viandantes de los Cybermen en vano, el Doctor le pregunta a Missy quién es en realidad, a lo que ella explica que es Missy, diminutivo de Mistress… Porque en su forma actual no podría continuar llamándose a sí misma Master (el Amo, en traducción castellana).

Cyborgs in the water (fire in the sky)

 La polémica de turno está servida. Los productores de la serie (Moffat en cabeza) han decidido romper clichés y reglas no escritas de las regeneraciones de los Señores del Tiempo, presentando una regeneración que incluye no sólo un cambio físico y de personalidad, sino también de sexo. Por supuesto, las voces en contra no han dejado de oírse clamorosamente tras la revelación, pero la transición de Master a Mistress (o Missy) entronca ineluctablemente al debate (surgido la última vez previamente a la elección de Peter Capaldi como Doctor) sobre la conveniencia de tener una Doctora tras una de las regeneraciones del protagonista. No pocos entienden que la  del eterno enemigo del Doctor no es más que un primer caso hacia la inevitable feminización del mismo.

Dado que todas las regeneraciones de la serie clásica no habían mostrado a ningún Señor (o Dama) del Tiempo cambiando de sexo, el principal argumento en contra de dicha transformación es que no es biológicamente posible, pero Steven Moffat (el guionista y luego productor de la serie, amado y odiado a partes iguales por los fans) ya se ha ocupado de plantar semillas a este respecto. En el especial cómico producido entre las dos etapas de la serie, The Curse of the Fatal Death, Moffat ya mostraba al Doctor regenerándose en forma femenina (y yéndose de picos pardos con el Amo, aún como hombre), y en The Wife of the Doctor, dio su permiso para que el célebre escritor Neil Gaiman pusiese en boca del Doctor un relato de las aventuras del Corsario, un Señor (¿o Dama?) del Tiempo que se había regenerado tanto en forma masculina como femenina.

Es difícil juzgar la decisión de los responsables de la serie, y más aún las reacciones de sus seguidores. Los que se oponen, ¿lo hacen porque son opuestos al transexualismo en la ficción, porque no aceptan al antiguo villano (actual villana) como mujer, porque les parece un burdo golpe de efecto…? Las acusaciones de sexismo ante los que han puesto el grito en el cielo no se han hecho esperar, por supuesto, y se repetirán si finalmente el Doctor es interpretado por una mujer (también se barajó la posibilidad de que no fuese blanco, por cierto, pero eso es otro tema aparte). Y cierra paréntesis, volvemos a la historia, por ahora.

Chimchiminee, chimchiminee, chimchimciborgs.
 Missy ha liberado Cybermen en pleno centro de Londres, pero UNIT reacciona rápidamente en una operación de control liderada por Kate Stewart (la directora de la organización, hija del brigadier Lethbridge-Stewart, antiguo y prolongado de colaborador del Doctor en el seno de la organización) y su ayudante Osgood (que en representación metaficcional del whovian más extremo, ha abandonado su bufanda a lo Cuarto Doctor para homenajear en vestimenta a las encarnaciones que conoció en The Day of the Doctor, con la pajarita del Undécimo Doctor, los playeros del Décimo, y una chaqueta al estilo de la del Doctor de la Guerra del Tiempo). Logran detener a Missy, pero no antes de que ella haga volar (literalmente) a sus Cyberman y volarles (explotando) encima de los centros urbanos de toda Inglaterra (así como el resto del mundo, según informes de seguimiento de la propia UNIT.

Siguiendo unos protocolos previstos por la organización, UNIT deja inconscientes y captura tanto al Doctor y su TARDIS como a Missy. Dichos protocolos incluyen el nombramiento del Doctor como presidente de toda la Tierra, con la defensa de la misma puesta bajo su responsabilidad, en caso de amenaza hacia la humanidad a nivel global. Sin embargo, el plan de Missy (crear nuevos Cybermen a través de la infiltración de los restos explosivos de su primera escuadrilla en todas las tumbas de la Tierra) continúa en marcha, y ésta (después de tentar al Doctor con su conocimiento acerca del estado actual de Gallifrey) logra liberarse, matar a Osgood, escapar y hacer caer el avión presidencial. El Doctor logra salvarse de la caída haciendo que la TARDIS suba hasta su posición, pero Kate sale disparada al vacío.

¿Y que ha sido de Clara, mientras tanto? Pues asediada por Cybermen en el interior de la base de la 3W, ha decidido aprovechar sus dotes de imitación que ya había puesto en práctica en Flatline para posponer su muerte fingiendo que Clara Oswald nunca ha existido y que en realidad no es otra que una nueva encarnación del Doctor. Francamente, por muchos datos del Doctor que pueda haber soltado y gran parte de su actitud, dudo que ningún espectador (como los propios Cybermen) haya pensado verdaderamente que esto pudiese ser cierto, pero visto como acabamos de ver el primer cambio de sexo en regeneraciones, y a sabiendas de la querencia de Moffat por las vueltas de tuerca como para romper un par de cuellos frágiles, supongo que era el mejor momento para intentar lanzar el farol, por fútil intento que fuese. Cuando un Cyberman en solitario destroza unos cuantos de sus camaradas y se la lleva inconsciente, ni el más tonto puede dejar de adivinar que es un reconvertido Danny, ya que habíamos visto la infiltración de las partículas cybermánicas en la morgue en la que estaba situado su cuerpo.

Clara es llevada por Danny a un cementerio, en donde finalmente se revela como quien es. Incapaz de soportar en lo que se ha convertido, Danny pide a Clara que provoque manualmente el borrado de sentimientos, y ésta requiere el apoyo del Doctor, que se reúne con ellos con su TARDIS, para poder hacerlo. El Doctor se opone a terminar con la exigua vida de Danny, pero debe hacerlo para que éste pueda revelar el plan de ataque Cybermen, por lo que transige a que Clara lo haga. Por el camino, Danny aprovecha para ser un capullo (aunque le concedemos que ser convertido en un ciborg post-mortem puede causar ese efecto sobre la gente) y acusar al Doctor de, como buen oficial, no querer mancharse las manos de sangre. La desconexión emocional de Danny permite averiguar que, como diría Bob Dylan, a hard rain is gonna fall, una nueva lluvia cibernética destinada a erradicar a la humanidad transformándola en todo un ejército de monstruosidades mecánicas.

Estos Cybermen recién salidos de la tierra ya no están "tumbados".
En ese momento es en el que Missy aparece con una alternativa para la erradicación de la humanidad: que el Doctor acepte a los Cybermen ya surgidos de los cadáveres de la Tierra como su ejército personal. Es el regalo de su vieja némesis al que se creyó el último Señor del Tiempo, un ejército con el que poder aniquilar monstruos, salvar inocentes y hacer lo que es justo hasta el último rincón del Universo… Missy, el Amo, la Ama (que mal suena Master/Mistress traducido al castellano, leñe) pretende hacerle aceptar un poder que nadie debería tener y al que ella misma ha aspirado anteriormente, ponerlo en manos del Doctor para hacerle ver que ambos no son tan distintos… Y que su amistad puede volver a funcionar. No es la primera vez que se le ofrece al Doctor la tentación de poder moldear el universo según sus propios valores (recordemos, por poner sólo un ejemplo, School Reunion), pero nunca como alternativa para salvar vidas inocentes.

Es el momento en el que el Doctor concluye toda la introspección que se ha hecho a sí mismo desde el momento en que se regeneró, para terminar concluyendo ante Missy que no es un buen ni un mal hombre, no es un héroe, ni un presidente, ni un oficial: si el Undécimo Doctor se autodefinía como un loco con una caja, el Duodécimo finalmente baja de su pedestal y se autocalifica como un idiota con una caja y un destornillador y, lo más importante de todo, lo intrínseco a su persona (y personaje), de paso, ayudando a gente y aprendiendo de ellos. Un buen momento definitorio, innecesario para los espectadores pero importante para un Doctor que lleva toda una temporada buscándose a sí mismo en cierta manera, y que cierra con el rechazo del Doctor hacia un ejército que no necesita porque siempre tiene amigos en su camino. Amigos como Clara y Danny; arroja a este último, que pese a la pérdida de sus sentimientos ha conseguido mantener su autocontrol, la pulsera de liderazgo Cyberman y le concede el dominio sobre todo el ejército.

Esta es quizás la peor parte del episodio. Salvando la renovada autoconsciencia del Doctor sobre qué significa ser él, el resto podría titularse “Cuando Moffat encontró a Nolan”. En otras ocasiones, la tendencia de la temporada (las pistas que se habían ido dejando desde hace tiempo) tenían que encontrarse en la memoria del espectador, pero aquí no. Al igual que la revelación de cómo había sido Missy quien unió y mantuvo unidos al Doctor y Clara desde que se conocieron (con flashbacks al uso de cosas ya vistas), la reflexión y los temas sobre quién es el Doctor (si era un buen hombre pese al odio que el Dalek vio dentro suyo, si era un héroe, etcétera) nos aparecen literalmente de la nada con secuencias de archivo. Por si esto fuera poco, el que Danny pueda liberarse del control cibernético simplemente por el poder del amor, cuando acaban de borrarle sus sentimientos por petición propia es simplemente ridículo y manido, a pesar de que el Doctor intente vendernos que el amor no es un sentimiento sino una promesa *música de violín*. El sacrificio de Danny y el resto de resurrectos del mundo para quemar la nube cibernética sobre la Tierra es previsible aunque correcto, si bien la reclamación voceras de la importancia de los soldados me rechina un poco más (aunque intentaré hablar de ello en una futura reseña de la temporada al completo, para ser si se cierran temas de forma adecuada).

En cuanto a Missy, asume su derrota. Llega incluso a dar al Doctor las coordenadas de la posición de Gallifrey y a proponerle escapar allí los dos juntos. Clara, con el desintegrador de ésta en mano, no da tiempo al Doctor a dar una respuesta; ya que tiene las coordenadas de Gallifrey, pide a éste que se aleje para acabar con la vida de Missy. El Doctor no puede permitir que Clara se convierta en una asesina, aunque esto suponga que él mismo tenga que acabar con su vieja némesis (y aún más antigua amiga). Puede interpretarse esto como un reflejo oscuro del final de la tercera temporada de la serie; si allí el Doctor le ofrecía al Amo viajar juntos por todo el Universo bajo su supervisión y su enemigo prefería dejarse morir (se puso mejor) negándose a regenerarse de forma consciente, aquí es Missy quien se ofrece a viajar juntos y el Doctor el que apuesta por la muerte de su enemiga. No es de extrañar que las últimas palabras que le dirija el Doctor sean “Has ganado”, y que ella lo sepa; a pesar de todo, ha logrado llevarle a su propio terreno y nunca a la inversa.

¿¿Cómo que quieres cambiar mi regalo??
Sin embargo, la decisión se la arrebatan de las manos. Un rayo ajeno desintegra (alerta, suspensión de incredulidad tambaleándose peligrosamente) a Missy de manos de aparentemente el único Cyberman en pie (recordemos que el resto habían detonado en la atmósfera para erradicar la nube cibernética). Cuando se acercan en la dirección que este Cyberman señala, encuentran a Kate Stewart sana y salva pese a su caída del avión presidencial. El Doctor deduce que ese Cyberman la ha salvado y que no puede ser otro que su padre, el brigadier Lethridge-Stewart, resucitado por las maquinaciones de Missy (y aparentemente liberado de ellas “por el poder del amor”; al menos es de agradecer que no nos intenten vender que sólo el de Danny por Clara podría lograr la hazaña). El Doctor agradece el gesto a su antiguo aliado y amigo, y antes de que éste marche hacia el cielo le concede algo en lo que nunca había transigido: le saluda como a un militar.

Pero este aún no es el último epílogo de los episodios. Para cerrar la historia con Danny, tenemos aún unos minutos de metraje que aúnan lo peor (que es bastante decir) de In the Forest of the Night y la demostración palpable de que Moffat no tenía ningún mensaje claro (o bueno) sobre el tema de la soldadesca. Como puerta de escape hacia la muerte se utiliza la pulsera de control Cybermen, que teóricamente Missy utilizaba para viajar “entre dimensiones” y ha conseguido trasladar a Danny (su cuerpo o su mente, no está muy claro) a la matriz gallifreyana utilizada para almacenar a los muertos, a juzgar porque es una realidad que se está muriendo para desaparecer. Muy convenientemente, tan sólo queda energía para abrir un portal y que una persona lo atraviese hacia el mundo real, y Danny utiliza su casilla de salga libre de la cárcel para resucitar en el mundo real al niño que mató durante su época como soldado. Porque aparentemente (y como ya se vio en The Day of the Doctor), para Moffat el concepto de redención no que un personaje intente compensar día a día un antiguo pecado, o incluso se sacrifique por él, sino que lo elimine de su haber como si no hubiese existido. Entre la posibilidad de que haya algo invisible acompañándonos a cada uno todas nuestras vidas y esto, cada vez tengo más claro que Moffat ha debido ser (o es) católico. Por otra parte, recordemos que la matriz es básicamente un disco duro que crea una realidad virtual en su interior, pero no necesariamente estanca (en la serie clásica seres físicos han logrado materializarse en una TARDIS en esta realidad alternativa como si no fuese aneja o subsidiaria de la primera). Estirando muuuucho, podríamos alegar que la tecnología de transporte de Missy, por gallifreyana, podría funcionar en el otro sentido y permitir que un ser virtual (el niño fallecido cuyo cuerpo debería ya estar primero descompuesto, después cybermanizado, y después explotado en mil pedazos con el resto del ejército de Missy/Danny) pasase a forma física, pero vamos a reconocer que es una excusa demasiado conveniente, y un intento facilón y chusco de dar al menos un final feliz por alguna parte, ya que Clara y Danny no van a terminar juntos.

Porque ninguno de los protagonistas va a tener un final feliz esta temporada, y ambos han aprendido las lecciones equivocadas. Aprovechando que el Doctor ya preveía la vía de escape para la salvación de Danny, Clara continúa su razonamiento de que va a dejar de viajar con él para retomar su vida de pareja juntos. Al mismo tiempo, el Doctor miente al contarle que ha vuelto a encontrar Gallifrey (el paroxismo de rabia, golpeando el teclado de la TARDIS hasta hacer saltar chispas, al encontrarse la última mentira de Missy es estremecedor) y que va a retirarse allí para intentar hacer de su planeta un lugar mejor. El Doctor y la aspirante a Doctor fundidos en un abrazo al que el primero transige como excepción pese a que no le gusten, porque “no puedes confiar un abrazo, porque tan sólo es una forma de ocultar tu cara”. Sus humedecidos ojos nos dicen todo mejor que un discurso: los dos se han convertido en dos grandes mentirosos y han logrado ser igual de idiotas, ambos prefieren sufrir su soledad por su cuenta antes de preocupar al otro, dinamitando así la posibilidad de apoyarse entre los dos. ¿Es este el último adiós entre el Doctor y Clara? No creemos, puesto que después de los créditos nos encontramos con que alguien pica a la puerta de la TARDIS y dice al Doctor que ni ella ni el Señor del Tiempo está bien, y que tienen que hacer algo pronto… Antes de que Santa Claus irrumpa en la nave para preguntarle qué quiere por Navidad.

Why so selfie?
Pero dejemos aparte el pie de entrada para el especial de Navidad de este año y entremos a analizar lo más jugoso de este episodio, esto es, el retorno del Amo, ésta vez en forma femenina. He leído muchas críticas al respecto que (en un primer análisis) no parten de sexismo alguno, como la crítica de convertirle tópicamente en una femme fatale o el hecho de la reescritura con componente en apariencia sexual con el Doctor. Lo cierto es que el cambio de sexo de Señor a Dama del Tiempo no tendría porqué causar un cambio en su orientación sexual, pero también podría hacerlo… No obstante es difícil de marcar el porqué de las acciones de Missy, partiendo de la base de locura del Amo.

Yo considero que, tanto dentro como fuera del personaje, el Amo busca ser el opuesto y el igual al Doctor, y su relación está basada en gran parte en la acción y reacción. Recordemos su anterior encarnación interpretada por John Simm: se regeneró en un cuerpo joven después de ver que su eterno rival había hecho lo mismo, y muchos de los tics e histrionismos de su interpretación eran un reflejo de la excentricidad del Décimo Doctor. Con un Duodécimo Doctor más asexual e incómodo con el contacto físico que nunca, Missy se acerca a él de una forma inédita y que uno no llega a saber si es consciente para desestabilizarle o fruto de su propia obsesión. Porque tras siglos de su particular juego de ajedrez, es verdadera obsesión la que el Amo siente por el Doctor, no amor (por mucho que Missy llegue a referirse a él como su novio) ni amistad (en los lastimeros momentos en los que reconoce que sólo quiere volver a tener a su amigo). Lo trágico es que el Doctor sí recuerda y quiere a su amigo, a pesar de todo; hemos visto dolor en los ojos del Décimo Doctor al ofrecerle una alternativa a su comportamiento, y lo vemos ahora en los del Duodécimo a la hora de tener que acabar con su vida. El Doctor está hundido porque el descenso a los infiernos de Missy no le deje otra alternativa; se le humedecen los ojos porque, en el fondo, él también querría recuperar al amigo que acompañó a un solitario niño de Gallifrey en sus juegos infantiles.

¡Vamos a ser los mejores amigos del mundo!
Y es que, si el Doctor es conocimiento, compasión y empatía, cualquier encarnación del Amo es ambición, desprecio y control, y Missy no es una excepción. En su locura (y de una forma bastante similar al enfoque que le han dado hace un tiempo al Joker con respecto a Batman), ha desarrollado una adoración hacia el Doctor que no es más atracción hacia él que hacia sus propios demonios. El nuevo “amor” desarrollado por Missy no es más que otra faceta de sus obsesiones; todas sus supuestas muestras de amor por el Doctor no son más que intentos de controlarle, desde emparejarle con Clara (la maniática del control y el hombre que nunca debería ser controlado) a su flirteo y contacto físico no deseado (buscando dominar en la intimidad aprovechando la incomodidad de su amigo y oponente), pasando por su vigilancia constante, Missy continúa siendo tan egocéntrico como sus anteriores encarnaciones, aunque la mona se vista de seda, Amo se queda. El concepto de amor y amistad de Missy es casi luciferino, es pedir que el resto le adoren, imiten y reverencien. Incluso el fin último de todas sus maquinaciones (el conceder un ejército al Doctor) no es un gesto de amor mal entendido, sino una forma de convertirle en una extensión de su propia persona, como siempre ha pretendido hacer en sus intentos de ejercer su dominio sobre el Universo (recordemos la creación de la Raza Maestra, literalmente un ejército de clones de sí mismo). El ceder este puesto al Doctor no importa, porque sabe que estaría transformándole parcialmente en sí mismo, y todo paso en esta dirección es para él una pequeña victoria. Seducir (obligar) al Doctor a apartar de sí sus ideales sería la victoria más dulce para cualquier encarnación del Amo, puesto que todas las caras del Doctor le han impedido obtener su objetivo último sobre todo o todos. 

Está claro, con esa “muerte” tan falsa y dado la naturaleza de ese enemigo, que no hemos visto lo último del Amo. Tan sólo espero, pese a los reticentes y a los directamente en contra, que no hayamos visto las últimas palabras de Missy. Michelle Gómez ha interpretado a una villana desquiciada pero excéntrica, una Mary Poppins digna de una película de Tim Burton, un adecuado reflejo oscuro a lo que ha venido a ser el Doctor en los últimos tiempos, pero sin desvirtuar algunas de las características base del Amo: un profundo desinterés por las vidas humanas (o de otro tipo) y una tendencia a conspirar en la sombra con los más siniestros planes. Puede que este cambio no fuese necesario, pero en mi opinión ha dado un buen resultado, y me gustaría verlo durante más tiempo en acción para desarrollar todo su potencial.

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