sábado, 8 de noviembre de 2014

Doctor Who 8x10 - In the Forest of the Night

Un capítulo que entretiene, pero no mata; un episodio que no aburre pero le falta un hervor. La vida a veces te da una de cal y otra de arena, y las series no tienen por qué ser necesariamente distintas. Después del excelente episodio que le precedió, In the Forest of the Night decepciona por la amenaza que presenta, la ruptura de la suspensión de la incredulidad, las relaciones personales e incluso a nivel referencial. Tan sólo el inefable Peter Capaldi logra, con su habitual interpretación borde del Duodécimo Doctor, hacer que el episodio merezca algo a la pena. Pero analicémoslo con algún tipo de orden.

What immortal hand or eye could design this fearful poster?

Un enorme bosque ha crecido en mitad de Londres, lo que el Doctor tarda en darse cuenta porque simplemente piensa que la TARDIS no atina a llevarla a dónde quiere ir, como acostumbra de vez en cuando. Sólo una niñita perdida, Maebh, que resulta ser parte de una excursión escolar comandada por Clara y Danny, le convence de que realmente está en pleno corazón de la City londinense. En realidad, el desenfrenado crecimiento arbóreo se ha producido a nivel global (de hecho, a juzgar por la vista de la Tierra desde el espacio, uno diría que también se ha desatado el crecimiento de las algas, porque hasta los mares se ven verduscos), y el Doctor no puede encontrar una razón para que esto haya ocurrido: ninguna actividad tecnológica, ninguna intervención alienígena que justifique el crecimiento de un enorme bosque mundial de la noche a la mañana.

Los árboles resisten los intentos de quemarles para recuperar las urbes terrestres (no respondiendo físicamente, simplemente parecen ser ignífugos), y quitando la paralización de la vida normal de la humanidad, pocos peligros parecen suponer para cualquiera de nuestros protagonistas. Únicamente la liberación de varios depredadores de un zoo muestra brevemente una situación de peligro por parte de los niños, el Doctor o los otros adultos, y francamente, de una forma totalmente superflua y únicamente referencial. Los lobos parecen estar para enlazar con el concepto de cuento de hadas (“¿Hemos dormido tanto tiempo, como la Bella Durmiente?”, pregunta una alumna; reminiscencias a Hansel y Gretel, la niña protagonista vistiendo una caperuza roja), y el tigre, únicamente para dar cierto sentido al título haciendo referencia al célebre poema de William Blake (constante en las citas literarias anglosajones es su primer párrafo Tiger, tiger, burning bright / in the forest of the night / What immortal hand or eye / could design your fearful symmetry?; los lectores de cómic lo recordarán de lecturas como La última cacería de Kraven, por ejemplo). Sólo que el tigre era central para el poema de Blake, y aquí es un cameo-guiño sin mayor trascendencia. Por su parte, Maebh, a la que aparentemente habían medicado después de la desaparición de su hermana porque había comenzado a oír voces, resulta estar en contacto con una inteligencia arbórea a nivel global que les convence de que existe desde antes de la humanidad y no se ha desarrollado por ella (el Doctor consigue hacer visible muestras de esa inteligencia, QUE ARDE BRILLANTE EN EL BOSQUE, la sutileza se ha tomado unas vacaciones durante este capítulo).

¿Quién es un pequeño cerebro de pudding? ¿¿Quién??
Francamente, un crecimiento desmesurado de los bosques hubiese resultado mucho más aterrador durante la Edad Antigua o la Edad Media, o mismamente de noche (no, como mucho lo de “forest of the night” es porque han crecido de noche, y eso en algunas franjas horarias, supongo), aprovechando para mostrar además de los peligros de las fieras y los propios al ser humano (recordemos Astérix y la hoz de oro, los peligros de los bosques son lobos y salteadores). Pero es que el peligro no es el más obvio, ni en ese hipotético episodio alternativo ni en el nuevo, sino otro que ya hemos visto en un episodio anterior. Este no es otro que una peligrosa tormenta solar que amenaza con destruir la Tierra como ya hizo con Karakraxos, pero en este caso, los árboles no les dejan ver el bosque (guiño, guiño, codazo, codazo), y los protagonistas (Doctor incluido, no me extraña que se autodenomine como Doctor Idiota al caer de la burra) tienen sus buenas dosis de dramatismo y miedo de extinción masiva antes de caer en la cuenta de que los condenados árboles ignífugos los que han crecido de golpe previendo la amenaza de la radiación solar para proteger el planeta. El Doctor incluso teoriza como ya ha ocurrido antes con otros ejemplos históricos.

Esto es problemático en varios niveles: pulveriza no sólo la suspensión de incredulidad ante la amenaza, sino también ante la supuesta inteligencia y perspicacia de los protagonistas, sobre todo del Doctor. Uno diría que si se encuentran un crecimiento repentino de la flora terrestre, que resulta (porque lo han visto de primera mano) ser ignífuga, y la inteligencia vegetal tras de ellos presume de ser anterior a la humanidad y de poder sobrevivir a esta, quizás su multiplicación sea un sistema de defensa al respecto, digo yo. La supuesta inevitabilidad de la destrucción de toda la raza humana se hace inverosímil (los espectadores están en el presente y saben que la serie no va a destruir la civilización humana contemporánea; en otra época futura, puede), y el drama, forzado. Para empeorarlo aún más, los árboles desaparecen como por arte de magia (¡después, no durante la llamarada, y ni siquiera en cenizas, sino en brillos de energía en el aire!), y el Doctor dice que la humanidad olvidará ese suceso como tantos otros, porque está en su naturaleza. Borrón y cuenta nueva; pasemos a lo siguiente, que resulta ser la reaparición de la hermana de Maebh, detrás de un arbusto que se desvanece junto a su casa sólo porque sí, sólo para coincidir y tener un final feliz al terminar el episodio. Sencillamente ridículo.

Una buena imagen, al menos.
¿En resumen? Un episodio completamente irrelevante, si no fuera porque en él Danny descubre que Clara ha seguido viajando con el Doctor, si bien la conversación quedará pendiente para la próxima semana. No aprendemos gran cosa ni del Doctor (vemos que no se le dan especialmente bien los niños, pero se esfuerza más con ellos que con el resto de “cerebros de pudding”, como llama a los humanos), ni de Clara (salvo que conserva el hábito doctoril de continuar con mentiras, cómo se le echó en cara en el episodio anterior), ni de Danny (salvo la sorpresa de que no la deje por ocultarle cosas, como le había advertido anteriormente). Tan insípido, que se agradece que la siguiente sea una historia doble de final de temporada, para dejarnos algún tipo de sabor en la boca a los espectadores.

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