sábado, 4 de octubre de 2014

Doctor Who 8x05 - Time Heist

El Doctor tiene que robar el banco de Karabraxos, el lugar más seguro de la galaxia, junto a un equipo específicamente reunido para anular de alguna forma sus defensas y acceder a sus bóvedas más protegidas. Desgraciadamente, si los productores de la serie pretendían hacer un Ocean’s Eleven con el Señor del Tiempo, el resultado ha sido mucho más intrascendente. Lo vemos paso a paso en nuestro análisis.

Tarde o temprano tenía que ocurrir: un póster más interesante que el episodio.
Los tropos habituales en una película de robos incluyen la preparación previa, el robo en sí, y los conflictos subsiguientes durante la realización del mismo o con la consecución del objetivo. Con las vueltas de tuerca habituales a la serie, la preparación se hace con componentes amnésicos (ni siquiera el propio Doctor sabe quién es el misterioso Arquitecto que les emplea, ni porqué ha accedido a robar un banco, cortesía de varios gusanos borradores de memoria como los que ya vimos hace un par de años en The Snowmen), la realización se complica por la presencia del  Teller (un alienígena que se alimenta de la culpabilidad de los otros, y cuyo nombre podría traducirse como “cajero” al inglés, “plato” al alemán, y probablemente “gente” en su propio idioma), y la conclusión llega unida a la revelación de cuál es el objetivo y la persona que les ha reunido a todos.

En un relato de este tipo generalmente encontramos un grupo de mayor o menor tamaño compuesto por especialistas cuyas habilidades ponen en jaque a determinadas partes de la seguridad del sitio a robar, y que generalmente (no siempre) combinan éstas con una fuerte personalidad y/o carisma. En Time Heist tenemos al Doctor (que cumple con todas), a Clara (a la que podríamos dar un pase porque es la acompañante “oficial”, pero no mucho más), Psi (un ciborg cuya habilidad tecnológica se combina con su capacidad de ofenderse por todo lo que dice el Doctor; House estaría encantado de tener a alguien así en su equipo) y Saibra (una mutante que se transforma en cualquiera al contacto con su ADN).

Una partida de poker venusiano hubiese animado un poco las cosas.
Generalmente, aunque la misión del equipo tuviese una buena causa (o Clara y el Doctor una buena razón para participar en ella, aunque fuese un mero chantaje), lo divertido hubiese sido ver a canallas arriesgando su vida para robar algo monetariamente valioso que resulte ser otra cosa en la revelación final. Sin embargo, esto es Doctor Who: todas las personas son importantes, todas las personas tienen su historia y sus preocupaciones con las que se supone que debemos empatizar. Así que en el lugar de criminales encallecidos interactuando con el Doctor (lo que hubiese sido medianamente interesante), tenemos dramas personales al uso: Psi ha borrado conscientemente su identidad y sus recuerdos para proteger a quienes quiera que fuesen sus seres amados, y Saibra no puede socializar normalmente porque es incapaz de controlar sus transformaciones en cualquiera que toque.

El monstruo de la semana es, si bien imaginativo, una ocasión igualmente desaprovechada. El Teller resulta perfecto como elemento de seguridad de un banco, como alienígena que detecta (y se alimenta de) culpabilidad (a uno le da por pensar en qué tipo de ecosistema evoluciona una especie hasta ese punto… ¿Un planeta de políticos, quizás?). Cualquier individuo que llegue al banco con intenciones deshonestas puede ser localizado, y en último término lobotomizado, por el Teller (la deformidad craneal que deja como resultado de su dieta, por cierto, es quizás uno de los efectos más chuscos que hayamos visto en la serie desde que se aumentó su presupuesto en efectos especiales).

La sensibilidad telepática del alienígena es la que explica la amnesia del Doctor y sus compañeros de crimen (al informarse paso a paso del plan, menos posibilidades hay de que éste detecte sus objetivos culpables), pero francamente, uno esperaría que (dado la construcción identitaria del Señor del Tiempo durante toda la temporada) hubiesen aprovechado la oportunidad para que el Teller se sintiese irremediablemente atraído por nuestro protagonista, que carga a sus espaldas con la culpa y remordimiento de los muchos pecados cometidos durante sus 2.000 años de existencia.

El Teller en todo su esclavizado esplendor.
La conclusión (¡spoilers!) revela el componente de time en el título. El Arquitecto, al que nuestros protagonistas llevan despreciando por su manipulación desde el principio de la historia se revela como el propio Doctor (nadie se odia tanto a sí mismo como el propio Doctor, ya hemos visto muestras de eso en Amy’s Choice, por ejemplo) ante la sonda telepática del Teller. Éste se revela como esclavizado porque la dueña del banco de Karabraxos retenía igualmente a su pareja, siendo ellos los dos últimos de su especie.

Y, en último término, la señora Karabraxos (el Doctor, al caer en la cuenta, se ocupa claramente de dejarle caer que es un viajero del tiempo y la forma de contactarle) es quien le contrata desde su futuro para salvar a los dos alienígenas que estaban esclavizados de una muerte segura, en el único momento en el que el banco sería vulnerable, justo antes de su destrucción. Una vuelta de tuerca que no es nada del otro mundo, para un capítulo que es, hasta la fecha, el más mediocre de la temporada. Entretenido en el sentido de que no aburre, probablemente no alcanzase el límite si no fuese por el divertido enfoque que Peter Capaldi sigue imprimiéndole al Doctor.

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