sábado, 25 de octubre de 2014

Doctor Who 8x08 - Mummy in the Orient Express

Tenemos un episodio al que podríamos decir “bien”, y sin embargo también “mal”. Bien por muchas razones (está bien ambientado, el “monstruo de la semana” está muy bien hecho y se explica razonablemente el porqué de su existencia, se continúan subtramas del resto de la temporada, etcétera), y mal por una en concreto: se anula la brecha en la relación entre Clara y el Doctor en menos de 45 minutos. Aunque sabemos que esta acompañante hace aguas desde hace tiempo (no por cómo es, sino por cómo va evolucionando su relación con el nuevo Doctor), uno esperaba, después de la fuerte discusión del último capítulo, tener un par de episodios con el Doctor teniendo aventuras por su cuenta. En primer lugar, esto nos permitiría ver como se adapta el Duodécimo Doctor a la acción sin su acompañante habitual (algo que ciertamente veremos tarde o temprano), ya sea colaborando con otras personas para salvar el día, o simplemente en solitario). En segundo lugar, le veríamos rumiar las acusaciones arrojadas por Clara (quizás incluso aprender de ellas; estaría ver un poco más de crecimiento personal del nuevo Doctor) hasta llegar al punto en el que comienza este episodio.

En lugar de esto, tenemos un salto en el tiempo (desconocemos de cuanto para Clara; con el estilo de vida del Doctor, para él pueden haber sido años) que nos traslada a una especie de reconciliación-despedida organizada por el Doctor en un, literalmente, Orient Express espacial. La localización no es una idea especialmente novedosa, coger el binomio de vehículo famoso y lo lleva al espacio (como en el episodio del Titanic, Voyage of the Damned), e incluso la idea de un Orient Express en el espacio había sido mencionada explícitamente hace unas temporadas (aunque la amenaza egipcia de entonces pretendía ser una diosa), pero permite recrear una ambientación muy atractiva a la vista (y al oído, atención a la versión jazz de Don’t stop me now de Queen, interpretada en el episodio por la cantante Foxes) y combina (por las reminiscencias culturales con su tocayo terrestre) muy bien con el entorno egiptológico de la amenaza. En un principio yo echaba en falta (y esta es ya una filia personal) que no fuese el verdadero Orient Express y tuviese que estar en el espacio, pero finalmente me convencí de lo contrario, puesto que en esta ocasión es justo y necesario para el desarrollo del episodio.

Por una vez, la estética del póster es inferior a la del episodio.
Pronto, el conflicto personal entre los protagonistas (que parece haberse apagado a una entente cordiale en la que Clara asume que no puede seguir viajando con su amigo como antes, y éste lo acepta) es dejado en un segundo plano para centrarse en la amenaza en cuestión, la momia que da nombre al episodio. La serie ha jugado en tiempos recientes en varias ocasiones con el tema de la percepción con respecto alienígenas, pero es la primera vez que presenta un antagonista que sólo puede ser percibido en condiciones tan concretas: como un banshee agorero (si se me permite el salto mítico), la momia sólo puede ser vista por aquellos que morirán a sus manos, inmediatamente 66 segundos después de percibirla. Una amenaza ciertamente muy específica, cómo el Doctor señala al comenzar a investigar las distintas muertes que se van sucediendo dentro del tren de pasajeros.

Pronto un nuevo elemento se revela: el misterioso personaje que ha estado jugando con la interacción entre Clara y el Doctor en otros momentos informa al Señor del Tiempo que le ha atraído a ese tren, junto a otros expertos, para que desvelen el misterio que supone la relación entre esa momia asesina y el antiguo pergamino egipcio que parece atraerlo a sus vecindades. El método para saber más de la momia resulta ser un mortal método de prueba y error, puesto que la única manera para el Doctor de obtener información de primera mano es de testigos condenados a morir a manos de esa amenaza. Nadie consigue evitar su final, a pesar de que existe la leyenda de que una frase específica lograría detener la amenaza.

"66 segundos, si lo tengo en la punta de la lengua..."
Al coste de varias víctimas más, el Doctor conseguirá deducir que 66 segundos es el tiempo exacto necesario para que la momia entre en fase con los humanos y absorber su energía vital a través de una base tecnológica; también que escoge a sus víctimas a partir de los más débiles física o psicológicamente. Absorbiendo tecnológicamente la ansiedad de una de sus futuras víctimas, el Doctor consigue finalmente ser testigo directo de la momia. Viendo la relación directa entre el pergamino y el símbolo del pecho del asesino vendado, el Doctor reconoce la relación entre el último soldado en pie y su estandarte, en consecuencia se rinde, permitiendo a la falsa momia terminar su guerra y descansar para siempre.

Una nueva perspectiva al tema de la soldadesca, abordado de forma continua durante esta temporada. Sin embargo, podemos observar en el Doctor más compasión que desprecio por este soldado obligado a luchar, mantenido con vida a la fuerza y obligado a continuar matando por una guerra ya olvidada. El Señor del Tiempo le define literalmente como “un antiguo soldado guiado por tecnología defectuosa”, consciente o ignorante de que esa misma definición podría aplicársele a él mismo y a su TARDIS. Finalmente, el tren explota al primer intento de revelar a la mente maestra detrás de la manipulación (y muy probablemente de la mayor parte de cosas que le han ocurrido a nuestros protagonistas desde el principio de temporada), aunque el Doctor consigue salvar a Clara y el resto de pasajero supervivientes. Antes de volver a casa, y después de que éste le mostrara como a veces todas las opciones son malas, pero igualmente tiene que tomar una decisión, Clara reconsidera su postura con respecto al Doctor y decide continuar viajando con éste… Aunque ocultándoselo a Danny.

El misterioso manipulador presentado como Gus
Un buen capítulo, con una buena amenaza (tanto en aspecto como en sensación de peligro), que además de una reflexión para Clara de lo que supone ser el Doctor (en un proceso de conocimiento de su amigo que también lleva forjándose desde principios de temporada) también conlleva un número importante de referencias al pasado de éste: un estilo habitual del Primer Doctor (aunque por altura, todo indica que fuese una específica del Tercero), el ofrecimiento de gominolas del Cuarto, una amenaza reminiscente del Undécimo y, sobre todo, la toma de decisiones difíciles para proteger a aquellos de los que se siente responsable, un rasgo que comparten en común todas las encarnaciones del Señor del Tiempo.

sábado, 18 de octubre de 2014

Doctor Who 8x07 - Kill the Moon

Es agradable ver como los episodios autoconclusivos de esta temporada tienen oportunidad de encajar unos con otros con algo más que la relación entre Clara y Danny. Por ejemplo, la introducción como personaje principal en este capítulo de Courtney Woods, la irreverente alumna que conseguía colarse en la TARDIS en el episodio anterior, y que el propio Doctor consideraba como candidata a sustituir a Clara como acompañante (más tarde lo descartaba cuando durante el primer viaje al espacio se mareaba y vomitaba en el interior de la nave).

En este episodio, el Doctor se decide a darle otra oportunidad por instancia de Clara, quien intenta hacerle ver como un rechazo tan fuerte puede afectar negativamente al desarrollo psicológico de la preadolescente. Cuando ésta (armada con pastillas anti-mareo) expresa al Doctor su malestar por hacerla sentir como si no fuese nada especial, el Señor del Tiempo decide hacer lo contrario haciéndola convertirse en la primera mujer en estar en la Luna (esto es, la Luna de mediados del siglo XXI). Sin embargo, la TARDIS aterriza en una lanzadera llena de bombas atómicas aterrizando sobre el satélite, y con una pequeña tripulación de astronautas con una misión más o menos clara: destruir la Luna.

No recomendado a aracnofóbicos.
Al parecer, los tres astronautas y su cápsula están allí porque el satélite terrestre ha estado aumentando incomprensiblemente de peso, con las consiguientes consecuencias sobre las mareas terrestres. Por ello están rastreando la actividad de la última expedición lunar, un consorcio mexicano dirigido a la explotación de sus recursos minerales. Sin embargo, por lo pronto, no se encuentran más que con los astronautas mexicanos momificados entre telarañas en las paredes de su base, y unos seres arácnidos que resultan ser macrobacterias que parecen haberse propagado extensamente por la Luna.

Un breve paréntesis: se agradece la vuelta de tuerca de mitad de capítulo, y que la preview que se nos anticipó la semana anterior nos llevase a engaño. Los arácnidos antagonistas que se encuentran en la Luna y el ambiente claustrofóbico de la base, todo parecía indicar un homenaje al Alien de Ridley Scott (sin duda algo de eso hay, las mandíbulas de las aracnobacterias son claramente reminiscentes a la creación de H. G. Giger), y sin embargo, a mitad de la historia todo el peso del capítulo gira en una dirección completamente distinta, en concreto a una de esas duras decisiones morales que les gusta plantearnos de vez en cuando.

Con la boca abierta y arrojándose a la cara, canta incluso más.


En este caso, partiendo del siguiente descubrimiento: la Luna no es en realidad un satélite natural de la Tierra, sino que es un gigantesco huevo (probablemente el más grande del universo), y amenaza con abrirse en menos de una hora. De los tres humanos depende la decisión de dejar que eclosione (con la posibilidad de daños irreparables sobre la vida en la  Tierra) o exterminar al embrión no-nato y dejar que su cadáver repose bajo el cascarón como acostumbraba (matando a una especie única, por no hablar de un ser vivo inocente). Efectivamente, de los tres humanos, porque el Doctor les espeta que este es uno de los momentos cruciales en la Historia de la humanidad y que sólo de ella depende la decisión (doce encarnaciones después, el Doctor sigue siendo un idiota), antes de darles con la puerta de la TARDIS en las narices e irse.

Las opciones están sobre la mesa para la adolescente, la profesora y la astronauta. Ésta última es partidaria de terminar con la vida del gargantuesco alienígena antes de que eclosione, algo a lo que Courtney se opone radicalmente. Clara es partidaria de proteger al pronto-nacido, pero encuentra dificultades al poner en la balanza la vida de millones de seres humanos. Su conocimiento del futuro tampoco la ayuda: el Doctor le ha dicho que la Luna que puedan haber visto después de esa fecha podría ser un holograma, una reconstrucción o cualquier otra cosa; su destino no está aparentemente escrito.

Contactando precariamente con la Tierra, lanzan un mensaje a toda la humanidad (o al menos, a aquella visible desde la Luna, en plena noche): piden que dejen sus luces encendidas si desean que el embrión lunar sobreviva, y que las apaguen si quieren que hagan explotar las bombas nucleares. La respuesta es negativa; la humanidad ha bajado su pulgar y pide la muerte del ovíparo lunar (el apagón colectivo de toda una cara de la Tierra es debatible; TAN generalizado, todo indica que habría quien dejase sus luces encendidas pero las autoridades pertinentes cortasen la corriente, supongo que tengo poca fe en el talante democrático de los gobernantes). Sin embargo, Clara hace caso omiso e interrumpe la cuenta atrás de forma irreversible (porque ya no queda tiempo); es el momento en el que el Doctor vuelve a aparecer y los lleva de vuelta a la Tierra en su TARDIS.

No sé si estas escenas o las lunares fueron rodadas en la Luna, pero alea iacta est.
Desde una playa, los cuatro tripulantes de la TARDIS observan cómo la Luna se abre, y un gigantesco ser alado se dirige volando al espacio, sin que el descascarado satélite causase ningún daño al planeta. Lo que es más, el Doctor les informa que este suceso será el que impulsará a la humanidad, que había desechado el viaje espacial, a invertir y extenderse más allá de las estrellas, llegando hasta los confines más lejanos del Universo. La Tierra incluso recupera su Luna, porque el alienígena deja tras de sí otro enorme huevo similar al antiguo satélite.

Sin embargo, no todo va a ser vino y rosas en este capítulo. Tras regresar a su tiempo, Clara confronta violentamente al Doctor; sospecha que mentía respecto a no saber qué es lo que se suponía que debía ocurrir, y se siente herida y manipulada por el comportamiento de éste. Cuando el Señor del Tiempo alega que dejarla a cargo de la situación era una muestra de respeto por la capacidad de tomar decisiones de Clara, esta explota: considera que la está tratando tan condescendientemente como mira por encima del hombro al resto de los humanos, y le pide que se vaya y no vuelva. Tras abandonar la TARDIS y hablarlo con su novio Danny, éste le dice que no puede acabar su relación con el Doctor mientras esté tan enfadada, porque eso significa que todavía le importa. Se desarrolle como se haga esta grieta entre los dos protagonistas (la más profunda desde el comienzo de temporada), lo cierto es que es sólo una entre crisis sucesivas, que es de esperar culminen en una separación definitiva entre Clara y el Doctor.

sábado, 11 de octubre de 2014

Doctor Who 8x06 - The Caretaker

Hay quien prefiere los episodios de la serie en lugares exóticos del universo; hay quien los prefiere con los pies en la Tierra (literalmente). Este es uno de los segundos, un episodio en el que el Doctor ni siquiera viaja en el tiempo (transcurre en el Londres actual) y con un oponente que se llama Skovox Blitzer como podría llamarse Will Robinson McGuffin: poco importa de él salvo que es muy destructivo, es el detonante y está donde sucede la acción de la historia. Y sin embargo, el episodio brilla con luz propia por la interacción entre personajes (a verdadera raison d’être de estos aproximadamente 45 minutos de metraje) y por supuesto la excelente química entre Peter Capaldi y Jenna Coleman en su papel de Clara.

Quizás porque el Undécimo Doctor era en secreto para ella un interés romántico (algo que inmediatamente se anuló en su siguiente encarnación), la relación entre ellos era mucho más un juego similar al flirteo, en el que Clara se dejaba llevar sin desvelar del todo su necesidad de control. Anulada esta situación con el Duodécimo Doctor, la faceta controladora de Clara está en primera línea de playa, chocando frontalmente con el rechazo de cualquier Doctor hacia las figuras de autoridad. Quizás sea esto (unido a la nueva y brusca personalidad del Doctor al dirigirse a cualquiera) lo que hace más divertida su interacción, a veces igualmente un juego, a veces exasperante para ambos.

Pero el episodio no se centra únicamente en esta interacción, sino también entre Clara y su nueva pareja, Danny Pink. Clara encuentra cada vez más difícil mantener su doble vida como acompañante del Doctor y una vida tranquila de pareja. Afortunadamente, el Doctor la informa de que va a realizar una misión encubierta y puede prometer a Danny que tendrán unos días juntos sin ningún apurón. Desafortunadamente, la misión encubierta del Doctor tiene lugar en el colegio en el que Danny y Clara trabajan, en donde ha decidido hacerse pasar por el nuevo bedel.

Who you gonna call? ¡Al bedel!


El plan del Doctor es ir colocando unas minas temporales que actúen al mismo tiempo como cebo de la energía de la que se alimenta el Blitzer, un robot de guerra que podría destruir el planeta entero si se sintiese amenazado, y así enviarle un billón de años al futuro. Un plan sencillo, pero que despierta la desconfianza de Danny, quien termina interfiriendo accidentalmente al mismo y enviándole tan sólo unos días en el futuro. Obviamente, también descubre la relación entre el Doctor y Clara, aunque al principio la malinterpreta como padre e hija, incluso creyendo que Clara es tan alienígena como el Señor del Tiempo.

Llevábamos tiempo sin ver la faceta paternalista del Doctor, que no obstante parece bastante acorde con su nueva personalidad. El Doctor casi siempre ha mostrado una preocupación e interés por sus acompañantes extensible a sus parejas, ya sea de forma competitiva (“Mickey el idiota”) o aceptándolas (en el caso de su nieta Susan). En el caso de Danny, los árboles no le dejan ver el bosque; el Doctor preferiría ver a Clara con un novio reminiscente a su última reencarnación, sin ver que la actual no es tan distinta de la verdadera pareja de ésta. Danny ha sido un soldado, pero intenta pasar página y redimir los pecados (aún no revelados) cometidos. El Doctor, pese a su profunda oposición hacia lo militar (que hemos visto que perdura desde su infancia en Listen hasta más recientemente su encontronazo con soldados en Into the Dalek), también tiene un pasado belicista que abrazó durante la Guerra del Tiempo, y que lleva intentando compensar desde aquel entonces.

La interacción entre personajes se deja ver incluso en este cartel "de época".
El choque entre Danny y el Doctor es inmediato por la cerrazón de miras del segundo, que desprecia al primero por su pasado como soldado. En contraste, y tras verle en acción, Danny identifica al Doctor como un oficial acostumbrado a mandar a sus soldados al peligro sin dudar un momento en su situación o en qué posición moral podría obligarles el obedecer sus órdenes. Pese a la tregua final entre los dos, Danny sigue desconfiando de que la autoridad del Doctor no fuerce a Clara a hacer algo de lo que se termine arrepintiendo, y el Doctor de que Danny no sea lo bastante bueno para Clara. Sin duda, un triángulo de personalidades que aún dará que hablar dentro de la serie, y que todo apunta tendrá algo que ver con la inevitable despedida de Clara en la serie, más tarde o más temprano.

sábado, 4 de octubre de 2014

Doctor Who 8x05 - Time Heist

El Doctor tiene que robar el banco de Karabraxos, el lugar más seguro de la galaxia, junto a un equipo específicamente reunido para anular de alguna forma sus defensas y acceder a sus bóvedas más protegidas. Desgraciadamente, si los productores de la serie pretendían hacer un Ocean’s Eleven con el Señor del Tiempo, el resultado ha sido mucho más intrascendente. Lo vemos paso a paso en nuestro análisis.

Tarde o temprano tenía que ocurrir: un póster más interesante que el episodio.
Los tropos habituales en una película de robos incluyen la preparación previa, el robo en sí, y los conflictos subsiguientes durante la realización del mismo o con la consecución del objetivo. Con las vueltas de tuerca habituales a la serie, la preparación se hace con componentes amnésicos (ni siquiera el propio Doctor sabe quién es el misterioso Arquitecto que les emplea, ni porqué ha accedido a robar un banco, cortesía de varios gusanos borradores de memoria como los que ya vimos hace un par de años en The Snowmen), la realización se complica por la presencia del  Teller (un alienígena que se alimenta de la culpabilidad de los otros, y cuyo nombre podría traducirse como “cajero” al inglés, “plato” al alemán, y probablemente “gente” en su propio idioma), y la conclusión llega unida a la revelación de cuál es el objetivo y la persona que les ha reunido a todos.

En un relato de este tipo generalmente encontramos un grupo de mayor o menor tamaño compuesto por especialistas cuyas habilidades ponen en jaque a determinadas partes de la seguridad del sitio a robar, y que generalmente (no siempre) combinan éstas con una fuerte personalidad y/o carisma. En Time Heist tenemos al Doctor (que cumple con todas), a Clara (a la que podríamos dar un pase porque es la acompañante “oficial”, pero no mucho más), Psi (un ciborg cuya habilidad tecnológica se combina con su capacidad de ofenderse por todo lo que dice el Doctor; House estaría encantado de tener a alguien así en su equipo) y Saibra (una mutante que se transforma en cualquiera al contacto con su ADN).

Una partida de poker venusiano hubiese animado un poco las cosas.
Generalmente, aunque la misión del equipo tuviese una buena causa (o Clara y el Doctor una buena razón para participar en ella, aunque fuese un mero chantaje), lo divertido hubiese sido ver a canallas arriesgando su vida para robar algo monetariamente valioso que resulte ser otra cosa en la revelación final. Sin embargo, esto es Doctor Who: todas las personas son importantes, todas las personas tienen su historia y sus preocupaciones con las que se supone que debemos empatizar. Así que en el lugar de criminales encallecidos interactuando con el Doctor (lo que hubiese sido medianamente interesante), tenemos dramas personales al uso: Psi ha borrado conscientemente su identidad y sus recuerdos para proteger a quienes quiera que fuesen sus seres amados, y Saibra no puede socializar normalmente porque es incapaz de controlar sus transformaciones en cualquiera que toque.

El monstruo de la semana es, si bien imaginativo, una ocasión igualmente desaprovechada. El Teller resulta perfecto como elemento de seguridad de un banco, como alienígena que detecta (y se alimenta de) culpabilidad (a uno le da por pensar en qué tipo de ecosistema evoluciona una especie hasta ese punto… ¿Un planeta de políticos, quizás?). Cualquier individuo que llegue al banco con intenciones deshonestas puede ser localizado, y en último término lobotomizado, por el Teller (la deformidad craneal que deja como resultado de su dieta, por cierto, es quizás uno de los efectos más chuscos que hayamos visto en la serie desde que se aumentó su presupuesto en efectos especiales).

La sensibilidad telepática del alienígena es la que explica la amnesia del Doctor y sus compañeros de crimen (al informarse paso a paso del plan, menos posibilidades hay de que éste detecte sus objetivos culpables), pero francamente, uno esperaría que (dado la construcción identitaria del Señor del Tiempo durante toda la temporada) hubiesen aprovechado la oportunidad para que el Teller se sintiese irremediablemente atraído por nuestro protagonista, que carga a sus espaldas con la culpa y remordimiento de los muchos pecados cometidos durante sus 2.000 años de existencia.

El Teller en todo su esclavizado esplendor.
La conclusión (¡spoilers!) revela el componente de time en el título. El Arquitecto, al que nuestros protagonistas llevan despreciando por su manipulación desde el principio de la historia se revela como el propio Doctor (nadie se odia tanto a sí mismo como el propio Doctor, ya hemos visto muestras de eso en Amy’s Choice, por ejemplo) ante la sonda telepática del Teller. Éste se revela como esclavizado porque la dueña del banco de Karabraxos retenía igualmente a su pareja, siendo ellos los dos últimos de su especie.

Y, en último término, la señora Karabraxos (el Doctor, al caer en la cuenta, se ocupa claramente de dejarle caer que es un viajero del tiempo y la forma de contactarle) es quien le contrata desde su futuro para salvar a los dos alienígenas que estaban esclavizados de una muerte segura, en el único momento en el que el banco sería vulnerable, justo antes de su destrucción. Una vuelta de tuerca que no es nada del otro mundo, para un capítulo que es, hasta la fecha, el más mediocre de la temporada. Entretenido en el sentido de que no aburre, probablemente no alcanzase el límite si no fuese por el divertido enfoque que Peter Capaldi sigue imprimiéndole al Doctor.