lunes, 15 de septiembre de 2014

Víctor Manuel: 50 años no es nada

Cincuenta años de carrera musical no son moco de pavo, aunque el parafraseo de aquel tango de Gardel suene a huero desafío al reloj por parte de Víctor Manuel. El concierto que abrió las ovetenses fiestas de San Mateo 2014 (técnicamente lo hizo el pregón del cantante y su amigo Miguel Ríos) se prevía un éxito sin precedentes; menos de una semana bastó para agotar las 10.000 entradas, haciendo que se previera una segunda sesión al día siguiente (que reventó igualmente la taquilla). Son múltiples generaciones las que han disfrutado con la música del cantautor asturiano (me comentan que mi bisabuelo gustaba ya de ella en sus comienzos) a finales de los 60, y una gran variedad de ellas se dieron cita en la Ería este último fin de semana.


Víctor Manuel abrió el concierto con un par de canciones reminiscentes a sus primeros tiempos, La romería y La danza de San Juan. Este prólogo al espectáculo no sólo resultaba un guiño a sus fans más antiguos, a los que le conocieron en sus inicios costumbristas, sino también un delicioso homenaje a una realidad asturiana que, si bien no nos es del todo ajena, nos ha llegado adulterada por el paso del tiempo. Romerías, familias nucleares, fiestas de prao con más gaitas que altavoces y sidra y vino en lugar de refrescos y bebidas de garrafón, éstas canciones están más cerca de la realidad asturiana en la que se inscribe La dama del alba de Alejandro Casona que de la nuestra. Esta Arcadia feliz es apenas un fragmento de los modos y costumbres de una Asturias lejana, y quizás podría parecerle a alguno una idealización como la Irlanda de Glenn Ford en El hombre tranquilo, pero quien conserve cerca a suyo a sus mayores podrá encontrar abundantes historias de viejas aventuras de juventud en estas fiestas tradicionales que, con sus diferencias, aún perduran por toda nuestra provincia.

Pero no es la única faceta de la realidad asturiana que el mierense quiso evocar. Pronto recordó con el público sus visitas anuales con su padre a la fosa común en la que fue enterrado su abuelo, retomando su vertiente política con una Cómo voy a olvidarme que anclaba sus raíces en las tragedias de la Guerra Civil y la posguerra, pero con algunos versos (de las familias rotas, etc, etc) que no se han vuelto ajenos a España ante la triste realidad que asola a esta España de nuevo en plena crisis económica. Tuvo también un momento para recordar a su padre haciendo referencia a esas vías que fueron y son venas de nuestra tierra, con el El hijo del ferroviario y sus orígenes geográficos concretos con Por el camino de Mieres.

Víctor trajo consigo al escenario "puro talento asturiano" acompañándose con Chus Pedro (vocalista de Nuberu), el gaitero Hevia y Marisa Valle Roso, intercalando canciones netamente asturianas (Paxarinos, Cuélebre) con otras más duras. La interpretación de Marisa y Víctor de En la planta 14, que narra la subterránea muerte de unos mineros anónimos,y el triste espectáculo de compañeros, familiares y autoridades ante la tragedia, consiguió humedecer los ojos incluso al que suscribe, que no tiene ningún vínculo sentimental con la mina y sus trabajadores. El abuelo Vitor aunó más tarde los componentes de la dureza de la mina unidos al recuerdo de su niñez; quizás fuese apropiado que fuese Joan Manuel Serrat para acompañar a su amigo cantando, por una vez, de una infancia que no es la suya..

No faltó tampoco el recuerdo a la familia que el mismo construyó, además de los que le precedieron. Su mujer (la célebre Ana Belén, de nombre artístico) estuvo presente, esporádicamente, a lo largo de todo el concierto con canciones como Canción para Pilar o Nada sabe tan dulce como tu boca, pero también subió al escenario en varias ocasiones para acompañar a su marido en dos duetos clásicos de la pareja, como son Contamíname y La puerta de Alcalá. Los dos hijos del matrimonio no quedaron sin representación en esta celebración a la carrera de su padre: David (acompañante de su padre desde hace años, al teclado) puso su voz al servicio de la canción Bailarina, con su hermana Marina  en los coros durante todo el concierto. La enternecedora canción Nada nuevo bajo el sol, nostálgica mirada de un padre a una hija que ha crecido, había sido escrita a la medida de esta última.

Las mejores canciones de Víctor Manuel (y algunos de las mejores colaboraciones del concierto) son, por supuesto, canciones de amor. Historias de amores encontrados (Miguel Ríos acompañó al contar la bellísima historia amor de entre dos discapacitados de Sólo pienso en ti), truncados (A dónde irán los besos, ayudado por Luis Eduardo Aute) o perdurables (los componentes de Estopa nos salvaron, con su dignísima aportación a una de mis canciones preferidas de toda la música, Soy un corazón tendido al sol, de escucharla perpetrada por Pablo Alborán), si no cantos al amor mismo (Ay amor, que se valió únicamente del formidable vozarrón del cantautor, que no parece frisar los 70) que le dan a uno ganas de estar enamorado para sentirlas más dentro.

Apenas pudieron echarse en falta ninguna de sus grandes canciones (personalmente, sólo hubiese añadido el canto libertario De una sola manera se pronuncia tu nombre, y una historia de amor a la asturiana, Carmina, por la que siento cierta predilección), y difícilmente alguna colaboración más; además de los ya citados, se subieron al escenario Sole Giménez (voz de Presuntos Implicados), Ismael Serrano, el Gran Wyoming, Rosendo, Pablo Milanés, Pedro Guerra y así hasta 17 invitados.

Todos juntos salieron al final del concierto a cantar con su anfitrión la canción Asturias (que ya había sido versionada previamente junto al cantaor Miguel Poveda).Una canción basada en un poema de Pedro Garfias, y que en palabras de Víctor Manuel, ya no era del autor de la letra original ni de él mismo, sino del público. Y como para corroborar esto, 10.000 voces arroparon el escenario siguiendo una canción ya inmortal, cerrando un concierto memorable, que no irrepetible. Al día siguiente, otras 10.000 personas esperaban su turno, mientras otras cuantas aún se lamentan por no haber podido ganarse su sitio en esta celebración de 50 años de canciones.

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