martes, 9 de septiembre de 2014

Doctor Who 8x02 - Into the Dalek

Tras la presentación en sociedad del nuevo Doctor, la serie (y nosotros) continuamos para bingo. Y la serie lo hace con una declaración de intenciones que parece ser la de esta nueva temporada y encarnación de su protagonista: enfrentarle a su propia oscuridad. ¿Y qué mejor para ello que ponerle cara a cara una vez más con sus peores enemigos, los Daleks?

Miss me? Probablemente no, salen cada poco en la serie.
Los Daleks, ridículos para algunos, emblemáticos para la serie desde su primera aparición en 1963, han sido un enemigo recurrente durante las dos grandes etapas de la serie. Pero como enemigo recurrente, quizás los más interesantes de sus enfrentamientos sean los primeros de cada nueva encarnación del Doctor. El Noveno Doctor, sufriendo muy probablemente un trastorno postraumático tras la Guerra del Tiempo, sabiendo que había destruido a su propia raza sin haber acabado con la Dalek, mostró un profundo terror en su primer encuentro pero también ira... Una ira que el Décimo y el Undécimo Doctor no ocultaron al encontrárselos y saber que, pese a sus derrotas, no pudieron evitar que volviesen a medrar. El parecido semántico entre Into the Dalek e Into the Darkness no es casual: es hora de que el Duodécimo Doctor se enfrente a su peor pesadilla.

No se si es oficial, pero si no, la BBC debería contratar a quien hace estos posters.
Por casualidad, el Doctor se encuentra con una nave militar escondiéndose en un cinturón de asteroides de una flota Dalek. Identificándose como habitualmente, los militares le toman como médico y le enseñan su técnica de nanominiaturización para entrar dentro del paciente (a lo Viaje Alucinante, el Doctor incluso deja caer que es una buena idea para una película). La única complicación es la identidad del paciente o mejor dicho la raza, Dalek. El Doctor está a punto de abandonar la nave y al Dalek herido que han recogido a su suerte, cuando se encuentra con que el Dalek en cuestión profiere amenazas de destrucción contra su propia raza.

Esto es lo que el Doctor considera como “un Dalek que se ha vuelto bueno”, un “Dalek moral”, simplemente porque ha cambiado su tradicional misión del exterminio racista Dalek al autoexterminio de su propia raza. Con sus propias dudas al respecto de la posibilidad de un Dalek que no sea malvado, e incluso de sí él mismo es un buen hombre, el Doctor accede a participar en la operación y, junto con Clara y algunos militares, es introducido en la armadura tecnológica que rodea y apoya al Dalek orgánico per se.

Con un poco de azúcar, la píldora que os dan pasará mejor.
Después de ciertos problemas con los anticuerpos de la armadura, el Doctor logra comunicarse con el Dalek, intentando entender qué ha cambiado, qué puede haber hecho que un Dalek abandone su autoinculcada filosofía xenófoba. Ante el relato de Rusty (como el Doctor le bautiza) de haber encontrado la belleza en el nacimiento de una estrella, dándose cuenta que la misión destructiva de los Daleks es inútil puesto que el resto de la vida siempre prevalece, el Señor del Tiempo permanece escéptico. Incluso cuando reparar la fuga de radiación que envenenaba al Dalek le devuelve a su antiguo y violento ser, el Doctor se regocija, como le acusa Clara, de haber demostrado que no pueda existir un Dalek bueno y sobre todo, haber demostrado que él tenía razón frente a los demás.

Mientras el Dalek se dedica a masacrar a la tripulación de la nave y llamar refuerzos, el Doctor se pone en marcha y decide activar los recuerdos reprimidos que supuestamente hicieron ver la luz a Rusty, para así devolverle a la cordura. El último paso conecta la mente del Doctor con la del Dalek, y su triunfo supone aquí su mayor derrota: las imágenes de la mente del Señor del Tiempo inundan de la sensación de belleza del universo al Dalek, pero pronto se ven sustituidas por el sentimiento de odio hacia ésta raza. Del maravillarse por lo que el universo tenía que ofrecerle más allá de destrucción y genocidio, el Dalek reafirma su “brújula moral” en el exterminio de sus congéneres, salvando a los tripulantes humanos de la nave.

Poco antes de que el Rusty abandone la nave para continuar con su misión de exterminio, se pregunta por qué el Doctor no está satisfecho con su victoria. Abrumado porque haya sido el propio odio de su interior el que impidiese redimir completamente a un Dalek, responde que la victoria hubiese sido conseguir un buen Dalek; Rusty replica que él mismo no es un buen Dalek, pero el Doctor sí. Sin saber sin considerarse a sí mismo un buen hombre, el Doctor ve ratificado su odio a niveles admirables para la raza que lo desata.

Haters gonna hate.
Este episodio nos sirve para saber un poco más de este nuevo Doctor, que ha heredado algunas de las taras de sus anteriores encarnaciones. Su odio hacia la raza Dalek y lo que representan ha sido continuo incluso desde antes de la Guerra del Tiempo, pero su forma de ser nos retrotrae más bien a su primera encarnación. El Doctor siempre ha sido un showman, en el sentido de que necesita demostrar al resto de personas lo inteligente que es mientras los salva, pero el Primer Doctor era especialmente notable en esta egolatría, mirando por encima del hombro a todos los demás, mostrando indiferencia por las muertes de otros incluso mientras está intentando salvar sus vidas.

Aunque parece recordar cómo era antes de enfrentarse a los Daleks por vez primera (en la historia homónima, The Daleks, hace más de 50 años para nosotros, más de 1.500 años de vida para nuestro protagonista), el Doctor parece haber olvidado algunas de sus lecciones por el camino. Llegará a decir que cuando huyó su seudónimo no era más que un nombre, pero que cuando conoció a los Daleks supo lo que era en realidad: el Doctor no era los Daleks. Pese a ello, no es la primera vez que el odio del Doctor por sus enemigos le equipara a estos: en su primera aparición en la serie actual (el episodio Dalek, en donde encontraba un soldado superviviente a la Guerra del Tiempo), su oponente ya le hacía notar que sería un buen Dalek, como es elogiado por su odio a otra especie en esta Into the Dalek. La admiración Dalek es fruto de un concepto de belleza basado en el odio (como se nos dijo en Asylum of the Daleks) que bien podría salir directamente de 1984.

El que un Dalek pueda encontrar bello una creación no violenta (aunque, siendo el nacimiento de una estrella, eso es debatible) es un paso de gigante para una raza destructiva por instinto y reforzada técnicamente hacia el exterminio. El hecho de que el Doctor considerarse “un Dalek moral” como un Dalek dispuesto al genocidio de su propia especie, en lugar de simplemente un Dalek que hubiese visto lo erróneo de sus actos y quisiese ayudar a detenerlos (o un Dalek pacifista) es una muestra de cómo su propio odio enturbia su brújula moral. ¿Es la propia oscuridad interior del Doctor la que ha impedido la redención de un Dalek, y por ende, la posibilidad de que dicha especie pudiera abandonar la violencia y el odio, o Rusty era totalmente incapaz de superar sus instintos asesinos, únicamente redirigirlos hacia otro blanco? Incapaz de responder a ciencia cierta esta pregunta tras esta victoria pírrica-moral, al Doctor tan sólo le queda el consuelo de que Clara le diga (tras responderle a su pregunta diciéndole que no sabía si era o no un buen hombre), que al menos intenta serlo.

Clara, be my pal... Tell me, am I a good man?

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