miércoles, 24 de septiembre de 2014

Doctor Who 8x04 - Listen

A Stephen Moffat, productor de Doctor Who desde la quinta temporada de su relanzamiento, le amas o le odias. Decía el adjetivado Bóinez que es el productor más sobrevalorado desde Nolan, y no sé si no le igualará también en público que le tiene en su punto de mira. Desde que tomó las riendas del último Señor del Tiempo, muchos han sido los que han criticado el rumbo que ha tomado la serie (mientras que otros están encantados). Pero al margen de sus grandes planes, lo cierto es que donde Moffat brilla con luz propia es en los episodios individuales, donde dan luz verde a sus ideas más “experimentales” (abro comillas para que nadie se vaya esperar algún rollo cine europeo incomprensible). Pequeñas joyas de la serie como The Girl in the Fireplace (donde mezcló las aventuras del Décimo Doctor con el entorno versallesco) y sobre todo Blink (la presentación en sociedad de los ángeles llorosos, unos alienígenas incapaces de moverse hasta que dejas de mirarlos), quizás su episodio más recordado, destacan entre los episodios más populares de la serie. Listen combina lo potencial de estas dos facetas… Poder ser recordado como uno de sus mejores momentos, y encontrarse con que una parte de sus seguidores lo consideren una patochada. Veamos porqué, en un desglose más abultado de lo habitual. Y agárrense, que vienen spoilers.

Ya hemos visto de sobra en la serie como para que el Doctor esté medianamente equilibrado, le conviene estar acompañado (y sin haberlo deseado, me ha salido un pareado; demándenme). Al Doctor le gusta exhibirse, le encanta demostrar su superioridad intelectual ante otros exhibiendo sus conocimientos en voz alta, cosa que no puede hacer cuando nadie le acompaña… ¿Pero por qué lo hace igualmente? ¿Por qué cualquiera habla en voz alta estando solo? ¿Puede ser que ni él ni nadie estén realmente solos en ningún momento? Deduciendo que si hay seres que han evolucionado para desarrollar el ataque o la defensa perfecta, el Doctor concluye pensando que por lógica debe de haber un ser vivo que, adquiriendo el camuflaje perfecto, nos acompañase durante toda nuestra vida sin apenas percibirlo. Es lo que nos hace que se nos ericen los pelos de la nuca, lo que provoca que intentemos llenar el silencio solitario con nuestra propia voz, lo que nos hace temer la oscuridad. También es el siguiente objetivo del Doctor.

Debajo de mi cama hay otra cama, es bastante tranquilizador.
Recogiendo a Clara tras el final de una primera cita horrible con otro profesor de su colegio, Danny Pink (que ya había sido presentado en Robots of Sherwood), el Señor del Tiempo explica cómo a lo largo de toda la Historia de la humanidad, ha habido registros de sueños en los que algo, oculto bajo la cama, agarraba el tobillo del soñador. La misma Clara admite haber tenido un sueño así, y el Doctor se hace el loco respecto a su propia experiencia. Conectando a Clara a los circuitos telepáticos de la TARDIS para guiarla a la noche en la que tuvo ese sueño en particular, una llamada de Danny provoca que terminen inadvertidamente en el orfanato de la infancia de éste. Mientras el Doctor investiga por su cuenta, contrastando con uno de los responsables otros misterios cotidianos (televisiones que se apagan solos, cafés que no están donde se supone que deberían), Clara se encuentra con el joven Rupert Pink (aparentemente cambió su nombre a posteriori), con miedo a dormir por lo que pudiese haber debajo de su cama. Clara le convence para meterse ambos bajo ella para demostrar que no hay nada que temer, y ese es el momento en el que los dos notan el peso de algo que se sube encima de ella.

El Doctor llega a la habitación para encontrarse un bulto de algo vivo bajo una manta. Convence a Clara y Rupert de salir bajo de ella y darle la espalda al ser encima de la cama; podría ser otro de los huérfanos del edificio, pero si no lo fuese, un ser evolutivamente dirigido a esconderse sólo vería como amenaza a una persona intentando descubrir cómo es. El Doctor consigue convencer a Rupert de dar la espalda a lo que más teme diciéndole que el miedo es un superpoder; con miedo, cualquiera puede reaccionar y correr más rápido, defenderse más fuerte que nunca. Después que lo escondido bajo la manta abandone la habitación, Clara y el Doctor se van, no sin que la primera deje para proteger a un ejército de soldaditos rodeando la cama para que nadie entre bajo ella. Dirigiéndolos, Clara deja a un coronel sin arma, el soldado tan valiente que no necesita ningún arma para mantener a todo el mundo a salvo; Rupert lo bautiza como Dan.

"Para mi siguiente truco... ¡Un monstruo colcha!" Stephen King llega a Doctor Who.
Tras irse, Clara pide al Doctor que le ayude a volver a tiempo justo después de abandonar su cita. Sin embargo, lo extraño de la situación no ayuda a que ésta llegue a buen cauce; Clara incluso se ve obligada a irse después de ver como un astronauta le hace señas. Para cuando regresa a la TARDIS, se encuentra con que el rostro bajo el casco no es el del Doctor sino aparentemente el de Danny. Aunque no calma su incomodidad, pronto se le revela que es en realidad un descendiente de éste, el coronel Orson Pink, el primer viajero del tiempo oficial de la Tierra. El Doctor explica cómo la TARDIS, aún ligada en relación con su joven ancestro, le llevó al fin del Universo mismo, donde el coronel Pink había terminado en su primer viaje con una especie de cañón temporal. Al final del tiempo, el Doctor hipotetiza que la misteriosa entidad que persigue debía de permanecer fuera, rodeando el último ser vivo del Universo.

Mientras Clara descubre determinadas cosas que la inquietan cada vez más. Orson habla de que viajar en el tiempo está en sus genes, por historias supuestamente inventadas que le contaba uno de sus bisabuelos. También conserva al soldado Dan como herencia familiar, una especie de amuleto que devuelve a Clara, reconociéndola de las historias de su antepasado. Mientras tanto, el Doctor está decidido (obsesionado, quizás) con abrir la puerta de la nave y enfrentarse a los seres que esperan fuera, sean quien sean; obliga a Orson y Clara a refugiarse dentro de la TARDIS y comienza la apertura de la escotilla. Ambos consiguen salvarle antes de que la descompresión le expulse al exterior, pero el Doctor queda inconsciente en el interior de su propia nave, y los ruidos procedentes del exterior parece ser algo intentando entrar. Utilizando de nuevo los circuitos telepáticos de la TARDIS, Clara consigue hacer que viaje a otro lugar lejos de allí.

TARDIS, cosechadoras, tres o cuatro empacadoras.
Saliendo en el interior de un granero, Clara encuentra a un niño llorando bajo las mantas de una cama, que no responde cuando le llama Danny, ni Orson. De pronto, una pareja entra en el granero, y Clara se esconde bajo la cama para no ser descubierta. El hombre dice que nunca se unirá al ejército llorando continuamente, la mujer, que el niño no quiere unirse al ejército… El hombre replica entonces que no puede ir a la Academia; con esa actitud nunca será un Señor del Tiempo. Sabiéndose en Gallifrey ante un jovencísimo Doctor, Clara le agarra inconscientemente de los tobillos para evitar que éste mire debajo de la cama. Susurrándole que es un sueño, y que debe volver a dormirse, Clara convence al joven, pero es incapaz de dejarle solo, llorando en su cama. También ha reconocido el granero donde el Doctor en la Guerra del Tiempo estuvo a punto de aniquilar a toda su gente en The Day of the Doctor. Y sabiendo lo asustado que estaba esa encarnación del Doctor, le cuenta la historia de cómo el miedo es un superpoder… Y le anticipa cómo algún día volverá a ese granero con mucho, mucho miedo, pero si es lo bastante sabio y fuerte, el miedo no le volverá cobarde ni cruel, sino que puede hacerle amable y compasivo.

Clara regresa a la TARDIS, en donde echa en cara al Doctor si ha pensado en la posibilidad de que no haya nada ahí fuera, salvo su propio miedo a la oscuridad. Tras hacerle prometer que se irán y no mirará donde habían estado, los viajeros alcanzan su final (de episodio) feliz: Orson regresa a su tiempo, Clara se reconcilia con Danny, y el Doctor parece satisfecho con haber aprendido (recordado) que es el miedo quien nos acompaña en todo momento, y que siempre lo hará, aunque aprenda a ocultarlo. La serie ya nos había dado varios episodios casi sin el Doctor, explorando su influencia. Sin embargo (y creo que por primera vez), Moffat nos trae un episodio sin antagonista, más allá del miedo. El miedo a la oscuridad, que también es el miedo a la soledad, el miedo a lo desconocido. El miedo a entablar relaciones (ese beso de Clara a Danny, enseñándole porqué estaba tan nervioso), que no es tan distinto al miedo a la responsabilidades de las que el Doctor lleva huyendo toda su vida.

Steven Moffat continúa redefiniendo a su personaje fetiche con este episodio.
Moffat, como fanboy que ha conseguido la máxima aspiración de narrar las aventuras canónicas de su héroe, le ha reconstruido tal y como considera que debe ser. Pero la retrocontinuidad es literal en la vida de un viajero del tiempo como el Doctor. En este episodio no sólo podemos ver algunas de las bases de su personalidad a lo largo de prácticamente todas sus encarnaciones sino que esta aventura sienta algunas de estas bases. La mirada del joven Doctor hacia las estrellas como vía de escape, en su huida constante de responsabilidades, la primera de ellas aparentemente el alistarse en el ejército. La aversión hacia éste, que junto al miedo a la oscuridad le hacía llorar hasta dormirse, junto con la idea de un soldado “lo bastante valiente como para no llevar armas” aún se ha podido ver en tiempos recientes (en Into the Dalek rechazaba aceptar una nueva acompañante sólo por ser soldado). Y por último, su identificación con aquellos incapaces de defenderse, una compasión que aquí vemos nace de los consejos de Clara en torno al miedo, incluso la promesa que se nos reveló ocultaba el nombre de Doctor (nunca ser cruel, nunca cobarde, nunca abandonar, nunca rendirse).

Pero, más allá del tema del miedo, bien llevado a distintos niveles, ¿funciona como debiera el final tramposo de Moffat? Es cierto que el peso del episodio recae en gran medida en su final, y probablemente ningún monstruo hubiese sido capaz de igualarlo, ¿pero es coherente? El episodio se empeña en ir dejándonos caer, durante todo el metraje, explicaciones perfectamente racionales a todas las supuestas pistas que deja el pretendido enemigo imperceptible. Algunas son un poco cogidas por los pelos (el niño debajo de la manta, esperando paciente ante los discursos del Doctor sobre el miedo, o para que se vaya, no parece exactamente un comportamiento infantil estándar, aunque bien podría estar también muerto de miedo bajo la tela), mientras que otras, bien mirado, se nos muestran como racionalizaciones del Doctor hacia lo extraño de sucesos cotidianos, quizás porque el miedo en lo costumbrista es el que más fácilmente nos aferra.

Algunos mantienen que toda esta incertidumbre está dirigida como un binomio argumental para el espectador, que puede elegir si los monstruos perseguidos por el Doctor son reales o no. Sin embargo, es difícil mantener la tesis de que exista realmente un antagonista imperceptible que pueda ser reutilizado más adelante (como ya hiciera Moffat con los Ángeles, o los sacerdotes del Silencio, olvidados cada vez que dejabas de mirarles) sin que toda la historia contada en Listen pierda toda su fuerza. La serie ya trató hace un par de años el miedo de un niño a los monstruos en la oscuridad en Night Terrors, pero allí sí había monstruos a los que superar venciendo ese miedo. La moraleja (si podemos llamarla así) de este episodio es ligeramente distinta: el miedo no es necesariamente un enemigo a ser vencido, sino un compañero constante que puede ayudarnos u obstaculizarnos, en la medida en que le dejemos.

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