lunes, 1 de septiembre de 2014

Doctor Who 8x01 - Deep Breath

Tras un breve cameo ocular junto a sus anteriores encarnaciones en el especial 50 aniversario de la serie, The Day of the Doctor y su debut como protagonista al final del especial navideño de 2014 (The Time of the Doctor) reinventando la nefrología desde el punto de vista estético, Peter Capaldi asume al 100 % su papel como el Doctor en el comienzo de la nueva temporada de la serie (la octava ya desde el reinicio de la misma en 2005).


Atrás quedan ya las tres temporadas del inefable Matt Smith, quizás el Doctor que más supo dejar entrever al alienígena protagonista como un alma de niño oculta en una persona muy longeva, dando pie a que lo interprete, adecuadamente, una persona de cierta edad (55 años frisa Capaldi, coincidentemente los mismos que William Hartnell, el Doctor original, al comienzo de la serie del 63) que recuerda haber sido fan del Doctor desde que era un niño.

Las noticias en torno al estreno del nuevo Doctor han insistido en recalcar algunos rasgos de su personalidad y forma de comportarse; intentaremos analizar si en este primer contacto con el duodécimo Doctor (con el permiso de John Hurt) estas supuestas directrices de personalidad se cumplen o no. En diversas entrevistas con el actual productor de la serie, Steven Moffat (quizás le recuerden de otras series como Sherlock, Jeckyll, o la propia Doctor Who desde su quinta temporada) y el propio Capaldi, se nos ha dejado entrever que éste será un Doctor más oscuro de lo que estamos acostumbrados, los trailers han dejado indicios de un Doctor que tiene un plan, admitiendo que ha cometido muchos errores en sus 2.000 años de existencia y que debiera hacer algo al respecto. Sin duda, esta interpretación más dura y decidida parece hecha a la medida del aspecto de Capaldi y sus fríos ojos acerados, pero suponemos que no signifique que vaya a perderse el componente cómico del Doctor: Capaldi es bien capaz de dar lugar a situaciones de comedia por comportamientos extravagantes, cualquiera que le vea (jovencísimo) en la comedia ochentera Un tipo genial puede atestiguarlo.

El propio Capaldi también ha declarado que no habrá flirteo alguno entre el nuevo Doctor y su acompañante, probablemente por la diferencia de edad entre ambos actores en el momento; aún está por ver como esto afectará a Clara, que reveló accidentalmente que sentía algo más que amistad por el Undécimo Doctor durante el episodio que supuso su canto de cisne. Todo esto y mucho más podemos encontrarlo en Deep Breath, el episodio inicial de la octava temporada de Doctor Who.

*Introducir ritmo de tambores y fanfarria habitual*
La última vez que tuvimos un episodio estrenando nuevo Doctor, allá por el año 2010 (The Eleventh Hour, magnífica presentación del Undécimo Doctor interpretado por Matt Smith), el episodio casi parecía un reboot de la serie (nueva temporada, nuevo Doctor, nuevo productor, nueva companion, y ruptura con los personajes de las primeras temporadas), lo cual facilitaba la accesibilidad de nuevo público a la serie. Este no es el caso que nos ocupa, más parecido al estreno del Décimo Doctor, David Tennant, en The Christmas Invasion (nuevo Doctor, pero misma acompañante y secundarios).

La segunda estrategia no es mala, al menos en este caso concreto. Después de la enorme campaña de promoción, a nivel internacional, del 50 aniversario de la serie, y el golpe de efecto de inmediatamente sustituir al actor protagonista, Steven Moffat (aún productor de la serie) decide quizás mantener varios componentes conocidos para el espectador que se subiese al carro a última hora (entre ellos, el llamado Paternoster Gang, el trío de detectivescos aliados del Doctor en el Londres decimonónico, que ya aparecieron en la primera parte de la trilogía de episodios The… of the Doctor en The Name…). Así, no sólo se mantiene la ligazón emocional con la actual acompañante del Doctor, Clara Oswald (quien la hubiese desarrollado, que también hay quien no la traga), sino que, la confusión de Clara ante el nuevo Doctor un golpe de efecto muy bien jugado: el espectador recién llegado empatiza de esa manera con Clara en su confusión, mientras intenta como ella adaptarse a la nueva realidad de la serie.

Los episodios de regeneración siempre cuentan con un componente de búsqueda personal, y este no es diferente; tanto Doctor como acompañante intentan descubrir las preguntas que han acompañado a cada regeneración desde 1966: ¿quién es el Doctor? En un recurrente ambiente victoriano, entre viejos conocidos y nuevos enemigos, intentaremos ver si estas respuestas aparecen, al tiempo que los protagonistas luchan por descubrir el clásico misterio de ciencia-ficción que es ya la marca de casa de Doctor Who.

Dinosaurios frente al Parlamento inglés. Just for the sake of it.
La acción comienza cuando un dinosaurio (una tiranosaurio o similar, no se especifica) aparece sin explicación alguna a orillas del Támesis decimonónico. Cuando la reptiliana Madame Vastra aparece en la zona para investigar, descubren la razón de su aparición cuando el animal escupe la TARDIS, la máquina del tiempo del Doctor (es agradable que el saurio no sea sino un mcguffin de la historia, no repitiendo el papel central que ya tuvieron en la reciente Dinosaurs in a Spaceship). Sin embargo, el que surge del interior de la máquina del tiempo no es el Doctor que sus aliados (o su acompañante Clara) conocían, y él mismo tiene dificultades para reconocerlos; pronto pierde el conocimiento y es llevado a la mansión de sus aliados.

Hasta ahora, Clara se nos había mostrado como una chica resuelta, con buena química con el Doctor, compasiva hasta el extremo de atemperar a éste cuando era necesario. Se nos había presentado en flashes como la chica imposible que había salvado al Doctor infinitas veces a lo largo de su vida, pero la fugacidad también cuenta como sugerir, no mostrar; no habíamos visto su verdadera fortaleza, aparte de la moral. Paradójicamente, es en este episodio, en el que se siente más abandonada, más confusa, menos dispuesta a jugar con el Doctor y más a echarle cosas en cara, más al límite, es cuando podemos ver a la verdadera persona detrás de esa máscara dulce. Tanto el enfrentamiento con el villano como la confrontación verbal con Madame Vastra demuestran que, como dice el Doctor, Clara funciona mejor con un chute de adrenalina.

¿Y qué decir del nuevo Doctor? Los antiguos seguidores de la serie quizás se sientan sorprendidos por la continua afirmación de Clara de que ya no sabe quién es el Doctor; encontramos cambios, sí, pero hay algo profundamente “doctoriano” en la interpretación de Peter Capaldi, una excentricidad propia de la mayoría de sus encarnaciones. El Doctor continúa enamorado de su propia voz (esta vez con acento escocés, cosa que él reconoce explícitamente, incluso criticando el de los demás por sonar tan… inglés), aún mantiene su naturaleza compasiva (por los ciudadanos de Londres, pero también por el dinosaurio que inadvertidamente ha traído a la ciudad), pero hay algo en él ciertamente más duro, más determinado a la acción. Ni siquiera él parece sentirse cómodo en su propio cuerpo; ve delante suyo una cara que vagamente reconoce pero no identifica (“Nunca sé de dónde vienen estas caras”, admite en uno de sus monólogos, sin recordar que ya conoció a Lucius Caecilius en The Fires of Pompeii, y que su nuevo rostro no es sino el suyo más envejecido), con una cara que exterioriza un fuego interno que sus anteriores encarnaciones sabían ocultar mejor (¡especialmente las cejas, el rasgo más destacado de la cara de Capaldi, que el Doctor dice que parecen tener vida propia!).

Capaldi, en su primera aparición en la serie, 4 años atrás.
La identidad es el leit motiv principal del episodio. Madame Vastra, su mujer Jenny y su sirviente Strax son quizás, los que menos dudan de que el Doctor siempre será el Doctor, son los mejores adaptados al cambio. Pero el Doctor aún está habituándose a su nuevo cuerpo y personalidad; como ya le ha ocurrido anteriormente, aún no está seguro de que hombre es ahora. Clara, quizás demasiado dependiente de la antigua encarnación del Doctor, tiene que descubrir también quién es ante ese cambio extremadamente radical de su relación. Pero es que también el antagonista del episodio (al que el Doctor empieza a rastrear por haber destruido al dinosaurio) también plantea dudas sobre qué nos hace ser lo que somos.

Por una vez (la serie no siempre lo consigue), éste hombre de la media cara resulta realmente inquietante como enemigo a detener. En una inversión de los clásicos Cybermen (seres orgánicos convertidos en ciborgs), resulta ser un antiguo androide (estrellado en una nave viajera del tiempo del siglo LI, el Doctor no consigue recordar la conexión, pero se nos revela como una nave gemela a la ya vista por el Décimo Doctor en The Girl in the Fireplace) que lleva millones de años canibalizando seres vivos para utilizarlos como piezas de recambio, tanto de la nave como de sí mismo, intentando mantenerse para llegar a su siglo, a “la tierra prometida”. Como bien le dice el Doctor (y es una pregunta que le rebota a sí mismo): si coges una escoba y le cambias el mango, y después el cepillo, y haces la misma operación infinitas veces, ¿sigue siendo la misma escoba?

La pregunta le ha dejado con la cara a cuadros.
La lucha entre el androide y el Señor del Tiempo comienza por una apesadumbrada declaración del Doctor: Tengo la horrible sensación de que voy a tener que matarte. Enfrentado a las atrocidades de su oponente, el Doctor intenta convencerle de que deje de hacer lo que lleva haciendo millones de años, de matar para reconstruirse en busca de ilusiones, que se rinda. El hombre de media cara afirma que la autodestrucción va contra su programación, como un duelo de esgrima verbal, el Doctor replica que el asesinato está contra la suya. Más adelante, el Doctor admite que ambos saben que uno de los dos está mintiendo acerca de su programación básica, y el androide terminará, fuera de escena, empalado contra un campanario londinense. Pese a la taciturna mirada del Doctor a cámara, nunca tenemos claro lo ocurrido en realidad. ¿Se había reconstruido tantas veces el androide como para sobrepasar su orden interna de autopreservación, o se había regenerado tantas veces el Señor del Tiempo como para poder contemplar matar a sus enemigos como una opción viable? Sea como fuere, entre la incitación al suicidio o asesinato a sangre fría, no deja de ser una elección francamente oscura para el desenlace de una serie para todos los públicos

Como fin de fiesta, tenemos una necesaria conversación seria entre el Doctor y Clara, que apreciarán especialmente aquellos seguidores que no gustan de tensión romántica entre el Señor del Tiempo y sus acompañantes. Quizás sea la honestidad, por brusca que esta sea, la norma de la casa tras su regeneración, quizás Madame Vastra acierta en decir que el anterior rostro juvenil del Doctor no era sino una máscara para integrarse entre sus acompañantes, y que inconscientemente supo dejarse ver como un hombre viejo frente a Clara. El Duodécimo Doctor le espeta sin tapujos No soy tu novio, Clara, y ante la réplica de ella de que nunca dijo que lo fuese, añade No he dicho que fuese error tuyo, en reminiscencia al flirteo juguetón entre ambos personajes en su anterior encarnación. Ante tanto cambio, Clara está a punto de abandonar sus viajes en la TARDIS, pero decide quedarse a petición del Doctor, que le pide ayuda, del Doctor, que le pide que acompañe a un nuevo hombre mucho más asustado de su nuevo yo de lo que podría estarlo Clara.
 
En conclusión, el inicio de la 8ª temporada ha estado bien equilibrado entre lo nuevo (el Doctor, su relación con Clara, el enemigo) y lo habitual (los secundarios, el Londres victoriano, el humor), y deja las cosas claras (no pun intended) de cara a lo que se avecina: las aventuras de siempre, pero con un componente ligeramente más introspectivo, de búsqueda de identidad de un Doctor que por una vez ha admitido tener una oscuridad dentro de sí, y la mantiene vigilada bien de cerca. Aún está por ver porqué veredas inciertas nos conducirá este Duodécimo Doctor, y sobre todo, que es lo que nos reservan Moffat y compañía al final de esta temporada, que ya ha empezado a dejar caer pistas sobre un misterio a largo plazo.
 

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