viernes, 12 de septiembre de 2014

Casanova (de la BBC)

Esta producción de la BBC3 (la segunda filial de la televisión pública británica) narra en tres capítulos las aventuras (y desventuras) de Giacomo Casanova, el célebre galán italiano que, como nuestro don Juan, ha sustantivado su nombre como conquistador, libertino y rompecorazones por antonomasia. El buen hacer de las series británicas ya le da a esta serie (miniserie en realidad, Casanova se adapta al formato netamente británico de temporadas concisas de apenas tres episodios) un voto de confianza. 

A priori “terciaria”, y en ese sentido se supone que con un peor presupuesto del que goza la cadena madre (aunque siendo de principios del siglo XXI, el tema presupuestario es debatible por lo limitado aún de las producciones de la BBC), la serie trae consigo un número importante de caras (o nombres) conocidos: Russell T. Davies (el productor encargado de resucitar Doctor Who para el nuevo siglo), Murray Gold (compositor habitual de las producciones de la BBC, también a cargo de los acordes whovians), un jovencísimo David Tennant (en su trabajo inmediatamente previo a su ascensión a la fama por su papel como Décimo Doctor) y, por supuesto, el veterano Peter O’Toole (el celebérrimo Lawrence de Arabia, un actor clásico de excepción que apenas necesita presentación).

Un jovencísimo David Tennant, interpretando a un canalla encantador.

La narración se nos presenta de forma separada pero paralela: un envejecido Casanova (Peter O’Toole), en el ocaso de sus días, escribe sus memorias mientras sobrevive como bibliotecario de un noble cuyo nombre no se nos revela. Intrigada por la posible relación del anciano con el legendario donjuán (¿veis lo que he hecho?), una joven doncella del castillo comienza a interesarse por sus andanzas, y él a relatárselas.

El contraste entre las dos edades de Casanova está perfectamente marcado. David Tennant encarna a un joven Casanova locuaz, parlanchín y carismático (rasgos que compartirá posteriormente su interpretación del Doctor), lleno de energía; Peter O’Toole nos muestra un Casanova más contenido pero no por ello menos carismático, un anciano que, en sus últimos días, sabe más por viejo que por diablo.

El contemplar en primera persona las peripecias del joven Casanova nos permite hacer nuestros propios juicios de valor sobre el personaje, más allá de sus propias opiniones. Otro nuevo contraste entre el mediodía y el crepúsculo del personaje: en su juventud acepta libremente su condición de conquistador (Señores, -llega a decir huyendo- sólo hago esto por que puedo hacerlo. No me culpéis; lo cierto es que si pudieseis... ¡Haríais lo mismo que yo!), en la vejez se muestra orgulloso e impenitente por ello, pero realzando la condición monstruosa de sus hazañas (toda una vida movido de un sitio a otro por esta estúpida cosa colgante, dice más o menos hablando de su pene).

Peter O'Toole, interpretando al libertino por antonomasia en sus últimos días.
Terminando en la República de Venecia sin medios de subsistencia, el joven Giacomo pronto aprenderá de la misteriosa Henriette la clave para integrarse en la alta sociedad de Venecia: que todo el mundo finge para encajar. Este hecho resultará fundamental y reiterativa a lo largo de los relatos de juventud de Casanova: la presencia de Henriette (que se revelará como la prometida del duque de Grimaldi), y el ascenso social en distintas cortes y círculos sociales a golpe de carisma y fingimiento. Porque, si de algo se revela capaz en sus memorias Casanova, no es únicamente de seducir a mujeres de toda clase, edad y condición, sino también de su asombrosa capacidad para multiplicar su fortuna, y la misma habilidad para arruinarse por completo. La serie bien podría titularse Auges y caídas de Giacomo Casanova.

Pero lo interesante de esta serie no se reduce únicamente a las aventuras en vivo, alejadas de cualquier reflexión adjunta. La traslación al presente del protagonista permite profundizar en su psique y sus valores, a través de diálogos casi platónicos entre el anciano Casanova y la doncella que nos permiten profundizar en la auténtica persona detrás del mito. Como si se tratase de un conflicto directo entre las dos edades del hombre, existen tres versiones de la historia: la narración en primera persona con la que contemplamos el pasado, contra el duro juicio que se hace a sí mismo el avejentado galán, con el punto de vista externo y objetivo de la doncella. En el espectador queda una valoración u otra (hedonista, condenatoria, redentora) de la figura de Giacomo Casanova, pero lo cierto es que el trasfondo que nos presenta la serie es el de una figura trágica.

Casanova revive con el relato de sus andanzas.
Casanova no es un sátiro libidinoso, no es una figura arrogante como lo era el Tenorio, que alardeaba de sus atentados contra el honor. Casanova ama, o cree amar, a todas las mujeres con las que comparte lecho, las seduce no engañándolas sino (como pronto aprende) escuchándolas y comprendiéndolas. Esta interpretación del mito, que a priori pudiera sugerir una dulcificación del personaje, no hace sino realzar su tragedia y patetismo.

¿Sabe Casanova lo que es el amor? Es difícil decir, a lo largo de todos sus periplos vitales, si está verdaderamente (fugazmente) enamorado de sus conquistas, o meramente de la conquista en sí, si su sentimiento (que ocasionalmente nos parece verosímil) es indivisible del desafío que supone conseguir a una mujer. Es algo a lo que lo intrínseco del personaje parece negarnos la respuesta.Amoral en lo amoroso, irresponsable en organizar su vida, ególatra en lo personal, Casanova es incapaz de abrazar o incluso apreciar el auténtico amor cuando éste se le presenta a su alcance. La práctica totalidad de sus amistades bailan al son de sus ascensos y caídas en desgracia, el grueso de sus compañeras de cama no son más que registros en su historial, los frutos ilegítimos de sus relaciones no son sino elucubraciones numéricas de los bastardos que pueda haber engendrado.

El retrato vital de Giacomo Casanova, aunque sin intención explícitamente moralizante, bien podría haber sido diseñado como retrato moral (quizás de una forma excesivamente picantona para el género, que no para nuestros estándares actuales, salvo los más puritanos) de un predicador a sus parroquianos. En su vejez, enfrentado finalmente a las responsabilidades y consecuencias de su estilo de vida, Giacomo no es un hombre roto pero sí acabado, un hombre irredento porque considera que su encauzado descenso a los infiernos, por su propio pie, le sitúa más allá de la redención.

Para la caída del telón de este galán no hace falta un convidado de piedra.


Reconozco que no esperaba gran cosa de esta miniserie británica, atraído únicamente por la posibilidad de contemplar a un David Tennant menos maduro como actor. Afortunadamente, me esperaba una grata sorpresa. Casanova no es una obra maestra, pero sí una producción notable de la televisión pública del Reino Unido. La narración paralela nos permite disfrutar de las actuaciones de dos grandes actores: Tennant hace creíble el descaro y la picaresca del joven Casanova, al tiempo que O’Toole consigue transmitir al trasnochado galán el orgullo y el autodesprecio necesario para la narración con la fuerza interpretativa que se espera de un autor de su calibre.

Mención especial merece la recreación del entramado y el vestuario de época. Es muy posible que un historiador especializado en la iconografía y vestimentas del siglo XVIII en el que se enmarca la historia pudiese hacer una crítica sobre lo adecuado o no de los ropajes y la ambientación. Sin embargo, a ojos inexpertos y ajenos a la verosimilitud histórica a este respecto, lo cierto es que funcionan al crear ambiente, desde las oleadas de color de la mayoría de las cortes europeas hasta la sobriedad de los entornos más humildes.

Casanova escuda carisma, cierta valentía y el deseo de hacer las cosas bien, y son tres cualidades admirables para una producción, digamos, de segunda división. Si el XXI es verdaderamente el siglo del cine seriado en la pequeña pantalla, no podemos sino tener la esperanza de que alguien decida emular este éxito en nuestro país resucitando a don Juan Tenorio en la televisión siguiendo los mismos estándares de calidad.

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