viernes, 19 de septiembre de 2014

Doctor Who 8x03 - Robots of Sherwood

Tras los primeros episodios de la temporada, más introspectivos, y dado el avance de la semana anterior, Robots of Sherwood parecía anticipar un episodio más de la serie, intrascendente y divertido. Sin embargo, durante el mismo podemos encontrarnos nuevas pistas de cara a la subtrama de esta octava temporada, asimismo como un nuevo paso en este viaje de autodescubrimiento del nuevo Doctor. La trama empieza de forma sencilla: el Doctor le ofrece a Clara un viaje al lugar y época que prefiera, y esta pide conocer a Robin Hood, su héroe de infancia. Pese a la reticencia del Doctor, que ni siquiera cree que éste haya existido jamás, ambos viajan a los alrededores del Nottingham del siglo XII… Para encontrarse de bruces, como no podía ser de otra manera, con el célebre forajido del bosque de Sherwood.

En serio, estos carteles de cada episodio son maravillosos.
A partir de ahí, encontramos una divertida dinámica con Robin y sus alegres compañeros y la escéptica y grosera actitud del Doctor hacia ellos, en contraste con la delicia de Clara en un entorno de cuento. El Doctor se pasa una gran parte del episodio desconfiando de su entorno e intentando demostrar que es falso y artificial (un parque temático alienígena, una recreación histórica en un miniscopio, lo que sea), porque, como le dice a Clara (que responde con una socarrona sonrisa), héroes así sólo existen en las historias. Una lástima que el título del episodio, por sugestivo que sea, ya nos arruine la sorpresa de sí en realidad hay algo oculto en todo esto o no. Por mi parte, hubiese disfrutado de que la serie intentase hacer un episodio en el que el único elemento de ciencia-ficción fuese el viaje en el tiempo, un retorno a las historias puramente históricas de sus comienzos.

El otro elemento de choque entre Robin y el Doctor (dejando aparte las constantes carcajadas del primero), parte de un mero choque de egos. Hemos visto sobradas veces cómo la personalidad de cualquier Doctor choca instintivamente con alguien que también esté acostumbrado a llevar la voz cantante y que pueda hacerle sombra, incluido él mismo: en la etapa actual de la serie hemos podido verlo entre el Noveno Doctor y el capitán Jack Harness nada más conocerse (en la historia doble The Empty Child / The Doctor Dances), y más recientemente el más o menos amistoso pique entre los tres Doctores aparecidos en el especial aniversario The Day of the Doctor. Este contexto nos permite por primera vez en esta encarnación, y de forma bastante divertida, contemplar la inmadurez rozando lo infantil del Doctor, cuyas muestras de egolatría hasta el momento se nos había mostrado únicamente distante, arrogante y sin tacto.

El Doctor tiene poca paciencia con Robin Hood y sus alegres camaradas.
La trama sci-fi del episodio está hecha, adrede, con reminiscencias a lo que ya hemos visto en el primer capítulo de la temporada: una nave del futuro estrellada en otro tiempo, reconstruyéndose para poder alcanzar su destino, “la tierra prometida” de la que sin duda sabremos más con el tiempo, y a la que ya hemos visto llegar a dos finados anteriormente (el hombre de la media cara en Deep Breath y un soldado caído en Into the Dalek), recibidos por esa misteriosa Missy que dice ser la novia del Doctor (¿nos espera un reencuentro con una exnovia desequilibrada?). La vuelta de tuerca en este caso es que no están reconstruyéndose a sí mismos sino a la nave, y no con piezas humanas sino requisando todo el oro local gracias a la influencia del sheriff de Nottingham, para así arreglar sus circuitos. Por supuesto, todo el proceso permite a la serie recrearse sin mayores pretensiones en tópicos del género como el encierro y huida de un calabozo (sazonada con las constantes presunciones de los dos héroes) y las luchas a espada.

Pero en realidad, el meollo del capítulo se encuentra entre su prólogo y su epílogo. Tras ver en anteriores episodios al Doctor intentar saber quién es en realidad, y dudar de sí es o no un buen hombre, llega el momento de mostrarnos, a través de los paralelismos entre Robin y el Señor del Tiempo, qué significa ser un héroe. Dos hombres nacidos en la opulencia, dejando su mundo atrás como fugitivos fuera de la ley, incapaces de soportar el sufrimiento de los inocentes… La descripción se adecúa tanto al arquero legendario como al Doctor (y a Buda, ya que estamos, pero no creo que lleguemos a ver nunca un crossover entre ambos), pero ninguno de ellos acepta ser un héroe. Lo importante, dice Robin al despedirse del Doctor, es que mientras ambos finjan ser uno, pueden ser la inspiración para que otros se conviertan en verdaderos héroes.

En cierta manera (recordemos quién inspira en último término la redención del The Day of the Doctor), Clara ya lo ha hecho. El Doctor es el héroe de Clara, aunque este niegue serlo, pero la definición de héroe rara vez es propia, sino concedida por otros. Lo que los espectadores ya hemos entendido, aunque el Doctor se resista a admitirlo, es que el heroísmo como inspiración es un camino de doble sentido: el Doctor es más heroico influenciado (o pudiendo ser juzgado) por sus acompañantes tanto o más que lo que sus acompañantes son elevados por su propios actos y moralidad. El egocéntrico Señor del Tiempo y la controladora humana son, cada uno a su manera, unos héroes de pies de barro, y los espectadores no lo querríamos de otra manera.

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