viernes, 25 de enero de 2013

¿Qué es un webcómic?

¿Qué es un webcómic? No es una pregunta baladí, y me he decidido a responderla, pese a que habrá expertos que podrían hacerlo mucho mejor que yo. Quizás la respuesta más sencilla sería decir que es un cómic en la web, y supongo que no hará falta explicar que un cómic es un formato artístico que combina la literatura y el dibujo (en proporciones no necesariamente equilibradas). Las nuevas oportunidades de Internet y las aspiraciones de los autores hacen el resto.

Hay gente que ha pasado su infancia dibujando, garabateando hojas, disfrutando cuando había que colorear en el cole, inventando historias. Yo no (exceptuando quizás el inventar historias, mis habilidades pictóricas han permanecido al mismo nivel que cuando tenía 5 años; no es que eso haya detenido a otros), pero es perfectamente comprensible que gran parte del placer de crear un cómic sea el de enseñarlo, de compartirlo con otros.

El Listo, demostrando que no es necesario dibujar bien para hacer un buen webcómic. No es el único.
En el fondo, ese es uno de los grandes sentidos del arte. El arte es comunicación, y dejando aparte aquellas obras de arte que hayan sido concebidas como una comunicación directa con lo divino (y por tanto puedan permanecer ocultas) o aquellas representaciones que se consideren totalmente íntimas por parte del autor, el arte debe ser compartido con los semejantes. Los webcomiqueros de hoy son los niños que enseñaban dibujos a sus padres y/o hermanos de ayer.

Internet, entre otras muchas cosas, ha facilitado enormemente la difusión de contenido (legalmente o no, como todos sabemos). Así, mucha gente que habían compartido sus dibujos a través de fanzines (revistas diseñadas por y para fans de determinadas temáticas), correos de los lectores o las neveras de su casa cuando venían visitas, pudieron subirlas a la red y ponerlas en común con un mayor número de gente afín al tema.

No recuerdo cual fue mi primer webcómic, aunque probablemente se tratara de ¡Eh, tío!, que no es en absoluto un mal ejemplo para hablar del tema. ¡Eh, tío! comenzó siendo una tira costumbrista, en la que el autor, Sergio Morán, comenzó dibujando chistes cortos sobre él mismo y su gente cercana, con juegos de palabras que harían enrojecer al mismísimo Iznogud. Posteriormente evolucionó a la historia de seis chavales en una residencia universitaria viviendo aventuras cada vez más alocadas y extrañas, intercaladas por non sequitur de humor escapista (si entendemos por escapismo utilizar el humor gráfico como vía de escape mental a cualquier idea extraña que pudiese germinar en la cabeza del autor).

Un non sequitur cualquiera, así funciona la mente de Morán. Yo le entiendo, que conste.

Un webcómic es divertido, o pretende serlo. No voy a decir que el medio no permita extenderse a géneros más allá de la comedia, pero tenemos que reconocer que la gran mayoría de webcómics surgen en base a la comedia (en ocasiones mezclándose con otros géneros), o desarrollan su propia historia desde una vis comica. Muchos de ellos empezaron, incluso, con un formato más cercano al de la tira cómica de un periódico que al de un comic-book, aunque esto fuese evolucionando. El formato digital permite incluso innovar con nuevas formas gráficas, o aumentando la interacción lector-autor y plasmándolo en viñetas.

Hace años, ¡Eh, tío! presentó un examen en directo,
con viñetas a partir de palabras propuestas por los lectores.
Con ¡Eh, tío! también aprendí una regla fundamental de los webcómics (aunque hablaremos más tarde del paso al papel): se hacen por amor al arte, y las responsabilidades de ese concepto tan confuso en Internet como es la vida real a veces se interpone entre el autor y el webcómic. A veces, son necesarias paradas en la continuidad de la tira, cierres temporales o definitivos (nunca digamos definitivos al 100 %, ahí tenemos el regreso de los chicos de XD Comics).

Las Cronicas PSN, el webcómic más puntual con sus lectores que conozco, trampeando unas vacaciones.
Es muy difícil encontrar un webcómic que mantenga una regularidad constante en todo momento, aunque haya lectores a los que le cueste sobrellevarlo. Y en este sentido, no puedo sino recordar las palabras de Fred Duncan (el padre de geniales tiras de prensa Zits), cuando exclamaba después de que su hijo adolescente se quejara porque una página de humor gratuita no actualizaba: ¡Supongo que tendrás que buscar otra alternativa para tu inmadura necesidad de humor gratuito!

Del paso del webcómic al cómic en papel, así como mencionar al menos las comunidades del webcómic, sus temáticas, estilos, estructuras o lo que se os ocurra, hablaremos más adelante, para no alargarnos demasiado. Lo que pretendía ser un artículo único se ha convertido en un mero esbozo, lo que presenta muy elocuentemente la complejidad del asunto, mucho más allá de que el webcómic sea un simple cómic en la web.

2 comentarios:

Fosforo dijo...

Voy a hacerlo. Me voy a meter con el listo. Hay buenos ejemplos de webcómics con capacidades gráficas limitadas, pero no creo que ese sea un buen ejemplo. Mucho más apañado creo que es el caso de las Crónicas PSN.
Al margen de eso ha sacado usted mis dos webcómics favoritos, de modo que no tengo muchas más pegas al artículo.
Y la frase de Zits es grande, muy grande. Como todo lo de ese cómic, claro.
Si te interesa el tema de sacarle partido al webcómic como formato, hay muchos casos geniales. Yo recomiendo los webcómics interactivos y el pequeño gran experimento que es ASDFG en Subcultura.

Superlayo dijo...

Fósforo: Yo creo que el Listo tiene un estilo gráfico simple, pero no mucho peor que algunas tiras que puedes ver en un periódico.

En las Crónicas PSN, sin embargo, sí que puede verse que el autor realmente no es que dibuje simplista, es que le cuesta dibujar (y ha mejorado con los años). Y no necesita mucho más, vaya, el estilo y los personajes son reconocibles, y el guión suple perfectamente un dibujo así.

Respecto a Subcultura, tengo que reconocer que controlo mucho más de gente que han formado parte del Wee que de ahí. Prácticamente sólo sigo a John Wheel, que es un viejo colega randyero. Pero no dudo de que allí debe de haber verdaderas joyas, vaya.