viernes, 30 de noviembre de 2012

Nueva sección: Thou art a rascal

Si la vida fuese perfecta, todo el mundo tendríamos una némesis. Bueno, no exactamente. Si existiésemos en el mundo más perfecto que pudiese haber, y pese a todo tuviésemos que tener enemigos, por encima de todos ellos tendríamos una némesis. Pensad en el concepto de némesis como antítesis, de alguien que nos define simplemente por existir, de definición a través del opuesto.

Pensad en que en el mundo existiese una persona que fuese vuestra opuesta, cuyos objetivos entraran en conflicto con los vuestros, cuyos valores morales fuesen insostenibles con los que mantenéis, una persona que os permitiera posicionaros en una cómoda posición de superioridad moral porque él (o ella) es todo lo que tú no eres y no deberías ser.

Lo bueno de esto es que simplificaría mucho las cosas. Te da un cierto objetivo (frustrar lo que tu némesis haga), con referencias morales en blanco y negro. Lo malo de esto es que es un concepto (el de alteridad) casi nunca asumible con verosimilitud, y que se ha utilizado durante milenios para demonizar al enemigo y legitimizar tus acciones para oponerte a él.

Salvo en la ficción, claro. Y de la ficción es de lo que más nos gusta hablar por aquí últimamente. Pese a lo que pueda parecer, esto es un mero post introductorio; cuando toque, inauguraremos la sección. ¿Cuál es la idea? Introducir a un villano, definirlo y recomendarlo para todos aquello que, más o menos en el fondo, nos gustaría verle ganar porque se lo ha currado, como me pasó a mí con el oficial nazi de Malditos bastardos.

El formato variará, adaptándose a la procedencia del mismo. Generalmente, en la narrativa cinematográfica o literaria, los villanos son de usar y tirar, mientras que por ejemplo en el cómic tienen a la recurrencia ad infinitum, cuando no ad nauseam. Así, puedo recomendaros una película o un libro por su villano, pero hay que hilar más fino para encontrar un sólo cómic que sea representativo de un villano de cómic. Pero los hay, vaya si los hay. Algunos son inclusos obras maestras.

También cabe la posibilidad de analizar toda la trayectoria de un personaje, en varias de sus versiones: en papel (escrito o dibujado), en la pequeña o gran pantalla... Todo de cara a conseguir un objetivo, reivindicar esa figura esencial del villano como contrapunto del héroe, y al mismo tiempo, quizás, haceros ver que existe mucho más que la imagen caricaturesca que teníais de tal o cual personaje, ayudando a acercaros a alguna de sus mejores historias. La lista es larga y se aceptan sugerencias. Aquí os espero.

5 comentarios:

Pedro dijo...

A veces la vida te depara un archi-enemigo, es duro pero, cuando lo recuerdas, ciertamente es reconfortante. Y cuando lo cuentas es la bomba (yo tengo un archi-enemigo, y tú?)Tener enemigos significa tener valores, tomar posiciones y hacer que la injusticia tenga que chocar contigo. Y caerle mal a determinada gente puede denotar carácter y buen gusto.
En la ficción, hay elementos maravillosos. En comic, la mayoría de anti-héroes de Corto Maltés, con Rasputín a la cabeza. En tv me ha fascinado la evolución de Boyd Crowder, de la serie "Justified". Empieza la serie como el líder de una banda skinhead que atraca bancos; luego descubre a Dios, se arrepiente de sus pecados, monta una Iglesia y se dedica a matar camellos; y más tarde todavía vuelve a convertirse en el señor del crimen del este de Kentucky...y ahí creo que sigue en la 3ª emporada. En cine me fascinaron los dos anti-héroes de "El buscavidas", tanto el gordo de Minnessota, como sobre todo el personaje de George C. Scott, que representa todo lo que un hombre tiene que perder para triunfar de forma depredadora. Es una alegoría poderosísima que aparece en la vida: ¿qué es mejor, ganar o ser feliz? ¿quién es más hombre, el que destruye y quita, o el que construye y hace felices a los demás?
Decía Carlos Fuentes que todas las familias felices se parecen, pero que cada familia infeliz lo es a su manera. Los héroes tampoco han cambiado muchísimo en estas décadas, quizá adoptaron algún ropaje contra-cultural, o tiran menos de gatillo, pero poco más. Pero los malvados representan, con sus lados buenos y malos, con mucho mayor dinamismo, las filias y fobias de una sociedad.
Un fortísimo abrazo para tí y tus lectores.

Superlayo dijo...

Pedro: Me pregunto si, tal y como dicen, hay que tener amigos hasta en el Infierno, deberíamos tener enemigos incluso en el Cielo.

Respecto a los archienemigos, por muy "clicheicos" (si se me permite el palabro) que puedan resultar, no hay pocas ocasiones en las que se comen con patatas a los héroes o protagonistas, y con razón. En su perversa moralidad o incluso amoralidad, resultan fascinantes al espectador, que no tiene que contener esos impulsos en la vida real.

Grandes villanos protagonistas no son tampoco difíciles de encontrar. Ahí tenemos el descenso de Michael Corleone en la trilogía del Padrino (siempre defenderé que la 3ª película tiene dos finales tremendamente adecuados, y bellísimos), o dentro del 9º arte a Iznogud (el célebre gran visir condenado a lo Sísifo a aspirar a ser califa en lugar del califa eternamente), en cuyas páginas puso el genio Goscinny algunos de los juegos de palabras más geniales e infames de toda la BD francesa.

Y sí es verdad que la figura del villano se confunde a menudo con la del anti-héroe, o la del villano redimido (como olvidar el tremendo papel de Eastwood en Sin perdón, por ejemplo, o Tom Hanks en Camino a la perdición, basado en el cómic homónimo).

Un placer constatar que lo que se escribe sí tiene cierto interés para los lectores puntuales. Un fuerte abrazo.

Pedro dijo...

De vuelta con este tema apasionante. Antes de nada, aprovecho que mentaste a la saga Corleone para darte mi opinión: las dos primeras son perfectas y son la misma película, ambas presentan el ascenso de un don y la plenitud y el declive de otro, y ambas presentan a la América inmigrante preimperial, pero musculosa, de Vito, y a la fría, cerebral, oscura América que ganó la II Guerra mundial, conquistó un imperio pero perdió su alma. Los finales de ambas películas presentan la misma imagen:Michael, en la cima de su poder, y solo, porque por su ambición a sacrificado a su familia (a Kate en la 1ª, a Fredo en la 2ª). Un flashback en el final de la 2ª (no sé si aparece en todas las ediciones) es demoledor: Michael ve cómo el alistarse tras Pearl Harbor supuso la primera ruptura con su familia. Por consiguiente, tanto la fría y desalmada violencia de Michael, como su soledad y la extinción de su Familia, provienen de haber consagrado sus esfuerzos a levantar el Imperio. Igualmente, las historias de la Habana, del senador Gary y la terrible frase "la historia nos demuestra que se puede matar a cualquiera" colocan a Michael en el centro de la oscura historia americana de los 50-60.

Frente a esta obra, ¿qué quiso decir Coppola en la 3ª? Creo que un mensaje poderosísimo, pero que quizá no lo supo expresar: la voluntad de lavar los pecados con agua bendita, de legitimar un linaje y un pasado, como cuando Enrique IV el usurpador muere tranquilo al saber que su hijo, al heredar el trono, se convertirá en soberano legítimo. Y a través de esa voluntad, Michael descubre que la Iglesia, de tanto lavar los pecados de los señores de la guerra, se ha convertido en una cueva de ladrones que luchan por los tesoros de los poderosos. Esa es mi visión del Padrino III, y creo que la historia del helicóptero, Altobello, etc, distraen. El romance de Andy y Sofía tiene el principal interés de que aparece cómo los pecados de los padres, a veces, los purgan los hijos. Pero en general creo que no cumple sus objetivos tan bien como sus antecesores.

Continuaré con mi texto en otro mensaje, porque me quedó demasiado grande. Un fortísimo abrazo.

Pedro dijo...

Volviendo a los villanos, creo que el propio término "villano" y la mera posibilidad de que te caiga bien ya acota la discusión a la ficción popular y de aventuras. Creo que en la ficción realista, los personajes malvados representan las amenazas reales: los Thenardier o el Javert de Los Miserables, los malvados de Dickens, los personajes asfixiantes de los noventayochistas, el predicador de "La noche del cazador", los ricachones de "Las 120 jornadas de Sodoma" y otros personajes de Sade... no tienen nada de simpáticos, son seres crueles y depredadores inspirados en la realidad más dolorosa.
Y luego está la ficción popular, el hombre de la cicatriz, el Doctor Maligno, Malatesta, Fu Manchú, Moriarty, Cobra, los piratas de los Lunnis, Pierre Nodoyuna y su perro Patán... ¿Cuál es el proceso de construcción de esos personajes? Pues se crea un héroe que represente a la moral y los valores imperantes en el momento, el vaquero limpísimo y rubio que mata limpiamente al malo, besa a la chica rubia y virginal (porque el héroe es hetero y ario, sabe relacionarse con las mujeres y no le van los rollos raros), enseña a los niños a no hablar con extraños y a respetar a sus mayores, y cuando termina el show anuncia Lucky strike. En una palabra: John Wayne. Y los malosos representaban todo lo demás: tenían acentos, eran sofisticados, sexualmente complejos, vestían al margen de las modas, son calvos con monóculo y gato, llevan colgadas del brazo a unas jatas espectaculares de rasgos étnicos, ojazos verdes y cara de que podrían descubrirle posturas y drogas a Mick Jagger.

¿Pero qué pasa en los años 60? Que a los babyboomers criados por John Wayne les parten la cara en el delta del Mekong, y todo el edificio moral americano se derrumba, como en el cine mudo alemán. Nadie se siente identificado por el vaquero rubio y limpito. La gente que se manifiesta en los 60 se siente más identificada con los enemigos de la América de cadillac y Eisenhower. Ergo, los héroes populares tienen que absorber ese cinismo y se hacen antihéroes, quizá inspirándose en los personajes de Sven Hassel y otros soldados alemanes antibelicistas; y surgen Clint, Lee Marvin y Steve Mcqueen. El movimienot negro trae a Shaft y a Pam Grier; y Peckinpah y Scorsese empiezan a dinamitar el cine de acción. En el mismo año, 1971, plena guerra de Vietnam y en medio de las guerras israelíes, que demostraron al mundo que los judíos también sabían patear culos, y ensañarse cuando se metían en faena, se estrenan 3 películas que presentan una visión revolucionaria de la violencia: Harry el sucio, la naranja mecánica, y mi favorita, la estremecedora Perros de paja (que debería ser de culto para todo nerd). Tras aquello todo quedó dicho, y la cultura pop ya no puede sino juguetear con el icono del héroe contracultural o del malvado carismático. Hoy América no se siente amenazada por nadie, y ha terminado domesticando la contracultura, haciendo creer a los adolescentes que la mejor manera de rebelarse contra sus padres es comprando cosas, o enamorándose de un vampiro.

En resumen: Spielberg, George Lucas, la ciencia ficción etc actuaron en realidad como elementos contrarrevolucionarios al crear un cine de masas que, adoptando los ropajes de la contracultura (los marcianos no son rubios) canalizaron la oposición estética a John Wayne, pero encauzándola hacia historias de una moral igualmente tradicional, al tiempo que alejaban al gran público, y a los grandes estudios, de lo que estaban haciendo gente como Dennis Hopper, Scorsese, Peckinpah, Coppola, Kubrick y otros malditos.

Del impacto a medio plazo para la civilización occidental del mantenimiento de formatos infantiles (marcianos, superhéroes y monstruos) para hacerlos consumibles por gente de 30 años, postponiendo el acceso de masas que tienen títulos superiores a la alta cultura, hablaremos en otro momento.

Un fortísimo abrazo, Pelayo.

Superlayo dijo...

Pedro: Es cierto que villano trae consigo una connotación un tanto caricaturesca, juvenil o infantil, remite casi a los villanos Disney. No obstante, puede ser extrapolable a otros antagonistas más serios.

Nadie (salvo aquellos con determinados problemas mentales) podría identificarse con los infantes de Carrión y lo que le hacen a las hijas del Cid (ni siquiera con sus motivos). Podríamos identificar aquí al Cid como ese vaquero a lo John Wayne que representa unos determinados valores, contra viento y marea e incluso aunque el mundo le de la espalda (¡Qué buen vasallo sería, si tuviese buen señor).

Sin embargo, muchos de los maquinadores personajes de La celestina, aún rompiendo con la moral de la época, no tienen porqué dejar de tener su atractivo, aunque sea desde una perspectiva moral casi nietzschiana que prescinde de las ataduras morales para alcanzar su propio beneficio.

Y dentro de la literatura victoriana, encontramos tanto monstruos irreconciliables (el hombre invisible de Wells, el Hyde de Stevenson), pero también carismáticos (el Long John Silver de Stevenson), con los que se puede empatizar (el monstruo de Frankenstein de Shelley) o incluso aunando horror y carisma (de los polvos del atractivo en el Drácula de Stoker vienen nuestros crepusculares lodos contemporáneos). Aunque me argumentarás (no sin razón) que no son ejemplos de literatura realista.

Nuestro Lázaro de Tormes, personificación última de nuestra picaresca, podría encarnar en nuestra literatura otra figura de la que mencionas, que es la del antihéroe, con características, de ser apreciadas por el lector, compartidas con las más queridas entre los villanos. Esto es, el engaño y la consecución de los fines de uno sin ataduras morales (o al menos, sin tantas).

En este sentido, pretendo analizar posteriormente un personaje (el Castigador, o Punisher en el original) nacido de varias cosas de las que mencionas. Por un lado, la guerra de Vietnam y sus traumas personales y sociales; por otro, la idolización de la justicia violenta que bebe directamente de Harry el Sucio.

Espero que sea interesante de leer. Un fuerte abrazo.