viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Magia vs. ciencia?

Decía Sir Arthur C. Clarke (y ha sido repetido desde entonces hasta la saciedad) que cualquier tecnología suficiente avanzada es indistinguible de la magia. Y sin embargo, en las antiguas mitologías, los conceptos aparecían claramente separados: no había nada tecnológico en el carro del Sol que supuso la muerte de Faetón tras robárselo a su padre (salvo aquellos conocimientos necesarios para construir un carro), ni había nada mágico en las alas que permitieron volar a Ícaro (excepto la suspensión de incredulidad que nos intenta hacer creer que tal cosa es posible).

Como mucho, había una fusión entre ambas: enanos que daban forma al Mjolnir de Thor, cíclopes forjando los rayos de Zeus, armaduras encantadas. Pero nunca una confusión, nunca una posibilidad de equivalencia entre ambas. ¿Y por qué debería haberlas? Las diferencias entre ambas son claras, y en tanto que la ciencia se nos presenta como el conocimiento a seguir, una evolución previsible y razonable de la razón, es de suponer que la llamada ciencia-ficción habría superado las nociones de magia. ¿O no?

Tomemos como ejemplo a La guerra de las galaxias, cuya trama se ve especiada por el concepto de la Fuerza. Pese a las batallas en el espacio, pese a estaciones de combate capaces de destruir un planeta entero, las aventuras espaciales se matizan con magia y conceptos de fantasía: sables lásers y superpoderes de todo tipo que se asocian a una fuente de energía invisible y universal de un corte claramente místico. Es inútil que intentasen matizar esto en la nueva trilogía ligando el uso de la Fuerza a unos microorganismos (los infames midiclorianos), pueden observarse ampliamente habilidades sin explicación física (capacidades sensoriales aumentadas, precognición, etcétera).


Y es que la magia tiene indudable utilidad narrativa, al menos en lo que yo considero dos vertientes. En un primer lugar, funciona como componente de misterio, no entendiendo este como una herramienta narrativa en su sentido más básico, sino como misterio insondable, un misterio cósmico. En Doctor Who, la serie británica por excelencia (que hoy cumple 49 años), se tiende a explicar en lo que reside el misterio de lo que mentes primitivas (generalmente humanas) clasifican como magia: posesiones y monstruos son alienígenas o tecnológicas, e incluso cuando en una ocasión aparecieron brujas, el Doctor las definió como alienígenas, y a sus hechizos como una ciencia basada en palabras como nuestras matemáticas se basan en números.

En segundo lugar, la magia funciona como promesa de algo más allá de lo cognoscible. Y por seguir con el ejemplo, ha habido ocasiones en las que el Doctor ha debido enfrentarse a algo que superaba incluso sus vastos conocimientos: un ser "anterior al tiempo" que se identificaba como el Diablo, superando todas las creencias preconcebidas por el protagonista. Y en Torchwood (spin-off de Doctor Who en donde se encuentran cosas más difícilmente explicables) ya han aparecido referencias a un más allá, aunque sólo fuese como una oscuridad y soledad perpetua.


Estos dos componentes se aúnan especialmente en aquellas películas de terror que beben de un componente sobrenatural (Polstergeist, El Exorcista, El Resplandor, la reciente y metaficcional The Cabin in the Woods), pero en aquellas películas de asesinatos en serie, ¿es necesario que el asesino sea o proceda de un entorno sobrenatural? Este género de terror juego con el "miedo mágico", no con pensar que tu vecino puede ser un asesino, sino con que la pintura de tu cuadro (por decir algo) puede salirse del marco y matarte.

Más aún, el componente sobrenatural deja en el aire una idea que aunque no creo que se haga consciente, permanece en el sustrato infantil e instintivo de la persona. Es la idea que nos hacía taparnos con las sábanas cuando éramos pequeños, la idea de que si algo mágico puede torturarte y matarte puede que aún le quede algo por hacerte, la idea de que existe ya no un "más allá" sino un "demasiado allá" que debe ser tenido en cuenta e incluso temido. Un concepto, por supuesto, con el que han jugado la mayoría de religiones (sino todas).

2 comentarios:

Fosforo dijo...

No estoy de acuerdo y por un motivo: El contexto de la frase de Clarke. La magia, la mitología, ha sido utilizada siempre como explicación para aquello para lo cual nuestra ciencia, nuestra tecnología, carecía de explicación.
La frase lo que quiere decir es que una tecnología lo bastante avanzada respecto al punto de vista del espectador será siempre será explicada mediante la magia.
En ejemplo: si tú a un hombre de la Edad Media lo pusieras en nuestro mundo actual, todas las cosas que tenemos (motores de combustión, telefonía y comunicaciones, luz eléctrica,...) le parecería magia. Pero no es porque su época fuese más mística que la nuestra. Una persona de nuestro mundo situada en una tecnología 1000 años más avanzada (intentando no caer en "apocalipsis nucleares" y futuros a lo Mad Max) se sentiría igualmente incapaz de explicar los adelantos de esa época, y los dejaría como magia, como superstición, quizá no ya de dioses y enanos, pero sí a una fe ciega que no busca, ni realmente cree poder, entender esos avances.

Superlayo dijo...

Fosforo: A lo mejor me fui demasiado por los cerros de Úbeda y no supe transmitir bien la idea (es el problema de no escribir nunca posts del tirón, sino a cachos).

La frase de Clarke era más introductoria, para recalcar que los antiguos llamaban magia a fenómenos naturales más que tecnológicos (con la posible excepción de los indígenas que se vieron enfrentados a tecnología moderna del siglo XV en adelante).

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice después. Coincido absolutamente a la hora de pensar que la tecnología se confundiría con la magia en casos así. De hecho, ya hay generaciones enteras que acepta las nuevas tecnologías como un acto de fe, porque les resultan totalmente incomprensibles.

Mi tesis principal (desde la narrativa, que no es más que un reflejo de nuestro pensamiento) es que el ser humano, por mucho que avance, siempre llevará consigo el concepto de la magia ante lo desconocido, porque nos sentimos tan atraídos por lo inexplicable como por definir todo lo que nos rodea.