viernes, 28 de diciembre de 2012

4x02. The snow man

Chicos, algunos dicen que la Tierra terminará por fuego, otros que por hielo... Pero lo cierto es que el 21 de diciembre del 2012 pasó sin pena ni gloria, sin que nada llegase a su fin, con la posible excepción del antiguo calendario de una civilización extinta tiempo ha y de la miriada de chistes sobre el fin del mundo que pulularon por el mundo real y virtual durante la cuenta atrás hacia el tan cacareado apocalipsis maya. Y para mí, ese día tampoco hubiese tenido mayor significado si no hubiese estado en pleno corazón de uno de los mejores viajes que jamás haya hecho.

Cerdílopes por el mundo

En el 2012 tuve la oportunidad de hacer grandes cosas. Tuve trabajo, tuve amigos y comencé a investigar en serio. Llegué al antiguo país de los zares y al del Sol Naciente. E incluso, poco antes de que el año (¡decían que el mundo!) terminase, pude subir más al norte de lo que jamás había estado (y probablemente esté) en toda mi vida.

Durante aquel viaje, me sentí brevemente como un buscador de oro en el Yukon. Durante unas horas, tuve la sensación de conducir un par de speeders imperiales a través de un planeta helado. Durante varios días, pude sentirme como un niño cada vez que lanzaba, pateaba, destruía o simplemente me lanzaba hacia la nieve. Nieve como nunca había visto hasta entonces; nieve en polvo en la que quien quisiera podría disgregarla copo a copo, en esa multitud de cristales de los que dicen (por improbable que parezca estadísticamente) no hay dos iguales.

Y el frío. La sensación de estar a -4 Cº y sentir que el tiempo está agradable. El momento de sobrepasar los -10 grados y comentar "Bah, pues parece que refresca". La rocambolesca situación de estar a menos de -25 Cº y pensar "Vaya, está frío, pero puede aguantarse. Seguro que más allá del Muro esto es mucho peor." Frío como para olvidársete que tienes pies hasta que calientan (y duelen), para que se te congele (y luego se te derrita) la cara, frío como para preguntarte cómo demonios ha llegado nadie a vivir ahí, y que tipo de malas bestias les perseguían para subir tan al norte y no volver a bajar.

Y aún así, que maravilla: the snows that are older than history, / the woods where the weird shadows slant; / the stillness, the moonlight, the mystery... Le robo las palabras a Robert W. Service porque no podría hacerles justicia. Probablemente no fuese el viaje más movido, ni el más lejano, pero sí el más intenso, completo y repleto de nuevas experiencias que hubiese hecho hasta la fecha.

Y en él conocí a vuestro tío Jeff, que alguna que otra vez os deja regalos en casa por Navidad. Cuando nos conocimos, me dijo que iba a convertirme en torrero; media hora escasa después sobrevivía al ataque de uno de sus renos. A día de hoy, no volví a tener la oportunidad de demostrar mi habilidad tauromáquica, pero aún así... La visita no estuvo exenta de magia, como el resto del viaje.

Lo observado cambia al ojo, no a la inversa. La nieve, la inocencia y la magia van de la mano en Hiperbórea. El poeta, pese a hablar de otras tierras, vuelve a expresarlo con mejores palabras el sentimiento que despierta acercarse a los confines de la Tierra: It’s the great, big, broad land 'way up yonder / it’s the forests where silence has lease; / it’s the beauty that thrills me with wonder, / it’s the stillness that fills me with peace

viernes, 21 de diciembre de 2012

Estrenos navideños

Ah, la Navidad... Las reuniones familiares, las comidas fuera de casa, las luces en tiendas y calles, los villancicos, el turrón, los regalos, los belenes, los árboles... ¿Se me olvida algún tópico más? ¡Claro que sí! ¡Esas películas navideñas que caen, año sí, año también, en alguna de las programaciones televisivas (y a día de hoy, con los tropecientos canales que existen, aún más, si cabe)!

Ya el año pasado presentamos por aquí una breve selección de películas que merecía la pena que vieseis en estas fiestas. ¡Pero este año queremos hacer algo (ligeramente) distinto! Así, que preparaos para hacer en el viaje en el tiempo mientras esa frívola, frívola nostalgia os trae recuerdos de ir al cine con vuestra familia y/o amigos, o de sempiternas reposiciones televisivas. ¡Y nos os olvidéis de recordarnos otras películas de esta temática que se nos hayan quedado en el tintero!

1. Solo en Casa 2 (Home Alone 2: Lost in New York, 1992)

Para que vean que no tengo nada en contra de las segundas partes basadas en premisas idénticas, aquí hago una recomendación doble. En Solo en casa, el joven Kevin era olvidado por su familia durante las vacaciones de Navidad, y debía enfrentarse a un par de ladrones que intentaban robar su casa. En Solo en casa 2, Kevin se confunde de avión mientras viaja con sus padres y termina perdido en plena Gran Manzana durante las fiestas navideñas, donde se reencuentra inesperadamente (para él, que no para el espectador) con los ladrones de la primera película.

Tanto la primera como la segunda parte les proporcionarán entretenimiento y risas, si os gustan las películas de golpes y porrazos, sazonadas por la siempre excelente banda sonora de John Williams. ¿Por qué recomiendo la segunda parte, cuya evolución argumental es prácticamente la habida entre Gremlins y Gremlins 2 (misma base, en Nueva York)? Porque, francamente, es Nueva York, y creo que el simple concepto de las fiestas navideñas en la Gran Manzana ya tiene suficiente magia en sí mismo como para darle una oportunidad.



2. Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare before Christmas, 1993).


Me extrañaría que alguien no haya oído hablar / haya visto esta película de animación de 1993, que se grabó a fuego en las mentes de los niños de la época, y que fue resucitado años después en forma de incesante merchandising. Tim Burton volvió a aplicar sus oscuras filias para crear una historia en donde Jack Skellington, el habitante más célebre de la ciudad de Halloween, termina cansándose de preparar los terroríficos desfiles anuales de la ciudad.

Es entonces cuando, por casualidad, es capaz de salir de su entorno habitual y entrar en contacto con el mundo de la Navidad. Fascinando por un concepto que le es completamente ajeno, Jack decide intentar apropiarse de él, adaptándolo a su propia idiosincracia, y sustituyendo al mismísimo Santa Claus, de ser necesario. Navidad, monstruos y buenas e ingeniosas canciones con una animación más que novedosa para su época, pero que aún no ha pasado de moda (¡tanto, que la repetimos de nuestras selecciones del año pasado!).



3. ¡Vaya Santa Claus! (The Santa Clause, 1994)

Los más jovenes del lugar puede que no recuerden aquella simpática comedia que se emitía en las tardes de la 2, llamada Un chapuzas en casa, y en donde el protagonista era un padre de familia (con todo lo que ello conlleva en una telecomedia) y al mismo tiempo presentaba en televisión un programa de bricolaje, La hora de la herramienta. Era interpretado por Tim Allen, y digamos que en aquella época, una película protagonizada por ese simpático actor era un win-win como elección para ir al cine en navidades.

En 1994, y pese a que todos éramos mucho más de los Reyes Magos, donde va a parar, muchos niños fuimos a ver esta película, en donde Allen se veía obligado (en principio para no decepcionar a su hijo) por una serie de circunstancias a asumir el papel de Santa Claus (Papá Noel por estos lares), cuando él ni siquiera *gasp* cree en él. Una simpática comedia navideña que se empeña en explicar como funciona exactamente el reparto de regalos de ese regordete barbudo amante de los renos.



4. Un padre en apuros (Jingle all the way, 1996).

Pese a su imagen de tipo duro y musculado en películas como Conan el bárbaro o las dos primeras películas de Terminator (o quizás precisamente por eso), Arnold Schwarzenegger no pudo librarse de tener en su filmografía dos ó tres comedias vergonzantes (como poder olvidar Vaya par de gemelos con Danny de Vitto, o aquella otra en la que el bueno de Arnie se quedaba embarazado). Un padre de apuros entra dentro de esta categoría, en lo que podríamos calificar como "comedia navideña".

En ella, podremos ver la increíble odisea que tendrá que realizar Howard Langston, un padre adicto al trabajo que dedica poco tiempo a su hijo, para conseguir un muñeco de acción Turbo-Man, el juguete preferido de esas navidades (y que, por supuesto, está prácticamente agotado por doquiera lo busca, en las fechas en las que intenta comprarlo). Por si esto fuese poco, Howard deberá enfrentarse con otro padre con el mismo objetivo... Y menos escrúpulos que él.



5. El Grinch (The Grinch, 2000)

En el año 2000, los productores de Hollywood decidieron (o consiguieron) finalmente adaptar a la gran pantalla un libro mítico para los niños yanquis: Como el Grinch robó la Navidad, del popular doctor Seuss.   Y en un movimiento que podríamos calificar de astuto, cogieron a Jim Carrey para interpretar a ese extraño bicho verde que odia la Navidad, sin duda esperando que el tipo-de-las-mil-caras-raras ayudase a vender la película a un público internacional no familiarizado con la historia.

Si lo consiguió o no, es debatible. Francamente, ni siquiera he visto la película, por lo que no la recomiendo ni lo contrario (incluso las críticas que recibió fueron muy variadas). ¿Por qué lo incluyo en este ranking? Porque es de temática navideña, porque fue un estreno navideño, porque me han recordado que existe, y porque también tendré lectores que odien la Navidad como el Grinch, digo yo. Y también se merecen recomendaciones.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Thou are a rascal: El Castigador

Me, I know where I stand. And I don't worry about it. Because when it's over, when they're all dead and the war is over... There'll still be one bullet left. To clear all accounts.



Los años 70 del siglo pasado fueron convulsos para Marvel, la industria del cómic y la sociedad estadounidense en general. Durante el verano de 1971, Stan Lee plantó cara al Comics Code Authority (la comisión censora que había controlado la publicación del comic-book estadounidense desde el inicio de la caza de brujas del Dr. Wertham en los 50) con una trilogía de cómics de Spiderman (su personaje más popular) tratando el tema de las drogas.

Dos años después, la Casa de las Ideas se atrevía a asesinar, dentro de sus páginas, a la novia de un héroe con la que varias generaciones había crecido. Muchos estudiosos del comic-book marcan a la muerte de Gwen Stacy como el final de la llamada Silver Age y el comienzo de una más oscura Bronze Age: la aparición del Castigador en 1974 es una prueba más de ello, y su evolución de villano de Spiderman a un antihéroe poseedor de varias colecciones más adelante, otra.

Frank Castle, alias el Castigador (Punisher para los amigos angloparlantes) es un hijo de su época. Una época en donde el ejército norteamericano estaba recibiendo todo un bofetón por el desarrollo de la guerra de Vietnam, que es de donde procede Castle. Veterano de la guerra de Vietnam vuelto a casa, Castle declara una guerra contra el crimen desde el momento en que toda su familia (su mujer, su hijo y su hija) mueren en mitad de una guerra de bandas en el neoyorquino Central Park.

Pero el Castigador no es un policía, ni un superhéroe. Su guerra personal va mucho más allá de la venganza, como su justicia va mucho más allá de los tribunales. Castle es juez, jurado y verdugo guiado por una sencilla regla: si eres culpable, estás muerto. A Frank, como a Harry el sucio (interpretado por Clint Eastwood a partir de 1971) la muerte de los criminales le alegran el día, pero en ningún momento les da la oportunidad de sentirse afortunados.

Faltaba más de un lustro para que el musculoso Rambo nos hablase de los horrores de Vietnam, un poco menos para que el maestro Coppola hiciese lo propio en Apocalipsis Now. Sin embargo, la sociedad ya estaba recibiendo de vuelta sus buenos puñados de soldados traumatizados por la guerra, y antes que Castle, Flash Thompson (reconvertido abusó en la colección de Spiderman) ya había demostrado en páginas de cuatricomía que una guerra cambia a un hombre, y que a veces su final sólo marca el final a otra más complicada.

Pero el primer auge del personaje se produce a partir de 1986 y durante gran parte de los 90, una época en donde América estaba en guerra contra el creciente crimen, y en donde sagas como La jungla de cristal, Arma letalTerminator inundaban al gran público con escenas de justicieros de gatillo rápido, haciendo evolucionar el entretenimiento violento a una fase más allá. No es de extrañar que el apogeo del Castigador se produjese en estos años, después de la progresiva implantación del concepto del "asesinato justo" dentro de la cultura popular.

¿Qué recomendar de este personaje? Si gustáis del género que acabo de tratar, os gustarán incluso los peores (bueno, quizás no tanto) números de esta primera etapa. Sin embargo, los que quieran algo más, historias con más empaque, estáis de enhorabuena, porque las hay. Uno se pregunta como han podido ver la luz bazofias como sus adaptaciones cinematográficas hasta la fecha, existiendo lecturas de una base tan sólida.

En esta línea recomiendo The Punisher MAX, la primera colección del protagonista emplazada en una línea específicamente destinada a adultos y en donde Garth Ennis (ya tomándose en serio y dejando el humor negro que caracterizó su primera etapa aparte) guionizó verdaderos thrillers en viñetas, tratando temas nada simplistas (pese a las miras de su protagonista) como el esclavismo corporativo, las mafias balcánicas, el fraude corporativo o los tejemanejes (más o menos públicos) de organizaciones como la CIA, la difunta KGB o el IRA.

Y para quienes prefieran algo menos realista está PunisherMAX (sin el The), guionizado por Jason Aaron y dibujado por Steve Dillon, en donde se narra el enfrentamiento entre el Castigador y un nuevo Kingpin del crimen neoyorquino. Altamente recomendado pese a sus exageraciones (o quizás con ellas, Punisher no es un personaje que pudiésemos llamar realista con facilidad), esta serie limitada de 22 números presenta, sin embargo, una de las mejores disecciones psicológicas del personaje que jamás haya visto, teniendo en cuenta todos sus elementos fundamentales: Vietnam, el crimen y su familia.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Thou are a rascal: El Joker

"Stop me if you think you've heard this one before"




Batman, que hace ya muchas décadas que superó el estatus de superhéroe para alcanzar el de icono cultural, pone en duda a veces el apelativo de "super" para adoptar generalmente el de "justiciero", en tanto que depende de gadgets, tecnología y entrenamiento que no le conceden superpoderes como entenderíamos por ejemplo, a Iron Man. No es de extrañar, que entre el numeroso (y carismático) panteón de supervillanos que forman sus enemigos habituales existan varios sin poderes especiales. Y menos aún que entre todos ellos, el Joker brille con luz propia.

El Joker es el reflejo oscuro (aunque hablando del Caballero Oscuro, tal vez debiéramos decir el reflejo menos claro) de Batman a muchos niveles. Frente a la sempiterna seriedad del cruzado de la capa, el  criminal de la eterna sonrisa vive para su propio y enloquecido sentido del humor. Oponiéndose a la mente lógica del mayor detective del mundo, el autoproclamado príncipe payaso del crimen comete sus crímenes a través de pautas sólo comprensibles desde la locura.

Pero, aunque esto siempre ha sido así, la relación entre Batman y el Joker ha cambiado mucho desde su creación, allá por la primavera de 1940, en el Batman nº 1 (número que, aunque significativo, no debe ser confundido con el primer número en el que apareciese el hombre murciélago, en el 27 de Detective Comics apenas un año antes).

El Joker ha tomado muchas formas. Ha sido un criminal asesino, y ha pasado por fases de robos y jugarretas personalizadas en los que la lucha entre el bien y el mal coqueteaba con lo camp hasta extremos ciertamente paródicos. Pero hace mucho que volvió a ser un asesino psicópata, el que más miedo da, un Norman Bates que ni siquiera se molesta en esconderse tras las faldas de su madre. Un payaso que mataría a tu familia frente a ti si con eso rematase su chiste... Aunque sólo él entendiese la gracia.

Y esto es lo que nos lleva a una de sus historias más definitoria: La broma asesina (The Killing Joke), de Alan Moore y Brian Bolland. Pese a que el barbudo de Northhampton no lo considera uno de sus mejores trabajos, lo cierto es que en él consigue diseccionarnos no sólo al villano, sino también al héroe que se le enfrenta en menos de 64 páginas...

Desengranando las ocultas reglas del juego entre el murciélago y sus villanos, Moore juega igualmente con la virtual imposibilidad de romper el círculo vicioso de violencia entre ambos. No entraré a explicar la metanarrativa implícita en la historia, por considerar que ya se ha hecho mucho mejor de lo que yo podría aspirar.

La historia también profundiza en el pasado (multiple) y la supuesta filosofía del villano de eterna sonrisa, quien durante todo el cómic intenta demostrar que cualquiera puede terminar como él si tiene un día lo suficientemente malo, que Batman no es mejor que él, y que res Batman serán capaces de romper el círculo vicioso de violencia entre ambos.

Sin meter en consideración a aquellas personas que han doblado en animación al personaje (aunque encontramos dobladores de cierta relevancia como Mark Hamill o John DiMaggio), el Joker ha sido interpretado por tres personas diferentes a lo largo de su historia, adaptando (en ocasiones dando forma) a las distintas interpretaciones del Joker que apareciesen en los cómics de la época. Lo cierto es que en la gran pantalla siempre han dejado respirar bastante tiempo entre unas interpretaciones y otras.

César Romero abrazó plenamente el particular estilo camp de la serie de los 60 y su subsiguiente película. Jack Nicholson se comió con patatas a la oscura figura del Batman de Burton (a finales de los 80) con su histrónica interpretación (perfecta para el actor y el personaje). Y Heath Ledger hizo suyo al personaje dándole otra vuelta de tuerca al personaje con su interpretación más siniestra hasta la fecha (homenajeando incluso a La broma asesina con sus múltiples historias sobre su cicatriz) que le haría ganar un Oscar póstumo por su papel a mediados de la década pasada.

Actualmente, en Estados Unidos se publica la saga Death of the family, en la que el payaso nuevamente ha reinventado su personalidad (algo periódico y que se ha vuelto sello propio de su locura) en algo incluso más siniestro (lo que puede observarse también en su nuevo look) y se está enfrentando no sólo a Batman ni a todos sus aliados, considerando que éstos únicamente le hacen más débil, y que es su deber como bufón destacar las debilidades del rey de Gotham que es el Caballero Oscuro. Nada nuevo, y parece que todo está ya inventado en el género. Nuevamente, Joker y Batman presentados como dos caras de una misma moneda.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Nueva sección: Thou art a rascal

Si la vida fuese perfecta, todo el mundo tendríamos una némesis. Bueno, no exactamente. Si existiésemos en el mundo más perfecto que pudiese haber, y pese a todo tuviésemos que tener enemigos, por encima de todos ellos tendríamos una némesis. Pensad en el concepto de némesis como antítesis, de alguien que nos define simplemente por existir, de definición a través del opuesto.

Pensad en que en el mundo existiese una persona que fuese vuestra opuesta, cuyos objetivos entraran en conflicto con los vuestros, cuyos valores morales fuesen insostenibles con los que mantenéis, una persona que os permitiera posicionaros en una cómoda posición de superioridad moral porque él (o ella) es todo lo que tú no eres y no deberías ser.

Lo bueno de esto es que simplificaría mucho las cosas. Te da un cierto objetivo (frustrar lo que tu némesis haga), con referencias morales en blanco y negro. Lo malo de esto es que es un concepto (el de alteridad) casi nunca asumible con verosimilitud, y que se ha utilizado durante milenios para demonizar al enemigo y legitimizar tus acciones para oponerte a él.

Salvo en la ficción, claro. Y de la ficción es de lo que más nos gusta hablar por aquí últimamente. Pese a lo que pueda parecer, esto es un mero post introductorio; cuando toque, inauguraremos la sección. ¿Cuál es la idea? Introducir a un villano, definirlo y recomendarlo para todos aquello que, más o menos en el fondo, nos gustaría verle ganar porque se lo ha currado, como me pasó a mí con el oficial nazi de Malditos bastardos.

El formato variará, adaptándose a la procedencia del mismo. Generalmente, en la narrativa cinematográfica o literaria, los villanos son de usar y tirar, mientras que por ejemplo en el cómic tienen a la recurrencia ad infinitum, cuando no ad nauseam. Así, puedo recomendaros una película o un libro por su villano, pero hay que hilar más fino para encontrar un sólo cómic que sea representativo de un villano de cómic. Pero los hay, vaya si los hay. Algunos son inclusos obras maestras.

También cabe la posibilidad de analizar toda la trayectoria de un personaje, en varias de sus versiones: en papel (escrito o dibujado), en la pequeña o gran pantalla... Todo de cara a conseguir un objetivo, reivindicar esa figura esencial del villano como contrapunto del héroe, y al mismo tiempo, quizás, haceros ver que existe mucho más que la imagen caricaturesca que teníais de tal o cual personaje, ayudando a acercaros a alguna de sus mejores historias. La lista es larga y se aceptan sugerencias. Aquí os espero.

viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Magia vs. ciencia?

Decía Sir Arthur C. Clarke (y ha sido repetido desde entonces hasta la saciedad) que cualquier tecnología suficiente avanzada es indistinguible de la magia. Y sin embargo, en las antiguas mitologías, los conceptos aparecían claramente separados: no había nada tecnológico en el carro del Sol que supuso la muerte de Faetón tras robárselo a su padre (salvo aquellos conocimientos necesarios para construir un carro), ni había nada mágico en las alas que permitieron volar a Ícaro (excepto la suspensión de incredulidad que nos intenta hacer creer que tal cosa es posible).

Como mucho, había una fusión entre ambas: enanos que daban forma al Mjolnir de Thor, cíclopes forjando los rayos de Zeus, armaduras encantadas. Pero nunca una confusión, nunca una posibilidad de equivalencia entre ambas. ¿Y por qué debería haberlas? Las diferencias entre ambas son claras, y en tanto que la ciencia se nos presenta como el conocimiento a seguir, una evolución previsible y razonable de la razón, es de suponer que la llamada ciencia-ficción habría superado las nociones de magia. ¿O no?

Tomemos como ejemplo a La guerra de las galaxias, cuya trama se ve especiada por el concepto de la Fuerza. Pese a las batallas en el espacio, pese a estaciones de combate capaces de destruir un planeta entero, las aventuras espaciales se matizan con magia y conceptos de fantasía: sables lásers y superpoderes de todo tipo que se asocian a una fuente de energía invisible y universal de un corte claramente místico. Es inútil que intentasen matizar esto en la nueva trilogía ligando el uso de la Fuerza a unos microorganismos (los infames midiclorianos), pueden observarse ampliamente habilidades sin explicación física (capacidades sensoriales aumentadas, precognición, etcétera).


Y es que la magia tiene indudable utilidad narrativa, al menos en lo que yo considero dos vertientes. En un primer lugar, funciona como componente de misterio, no entendiendo este como una herramienta narrativa en su sentido más básico, sino como misterio insondable, un misterio cósmico. En Doctor Who, la serie británica por excelencia (que hoy cumple 49 años), se tiende a explicar en lo que reside el misterio de lo que mentes primitivas (generalmente humanas) clasifican como magia: posesiones y monstruos son alienígenas o tecnológicas, e incluso cuando en una ocasión aparecieron brujas, el Doctor las definió como alienígenas, y a sus hechizos como una ciencia basada en palabras como nuestras matemáticas se basan en números.

En segundo lugar, la magia funciona como promesa de algo más allá de lo cognoscible. Y por seguir con el ejemplo, ha habido ocasiones en las que el Doctor ha debido enfrentarse a algo que superaba incluso sus vastos conocimientos: un ser "anterior al tiempo" que se identificaba como el Diablo, superando todas las creencias preconcebidas por el protagonista. Y en Torchwood (spin-off de Doctor Who en donde se encuentran cosas más difícilmente explicables) ya han aparecido referencias a un más allá, aunque sólo fuese como una oscuridad y soledad perpetua.


Estos dos componentes se aúnan especialmente en aquellas películas de terror que beben de un componente sobrenatural (Polstergeist, El Exorcista, El Resplandor, la reciente y metaficcional The Cabin in the Woods), pero en aquellas películas de asesinatos en serie, ¿es necesario que el asesino sea o proceda de un entorno sobrenatural? Este género de terror juego con el "miedo mágico", no con pensar que tu vecino puede ser un asesino, sino con que la pintura de tu cuadro (por decir algo) puede salirse del marco y matarte.

Más aún, el componente sobrenatural deja en el aire una idea que aunque no creo que se haga consciente, permanece en el sustrato infantil e instintivo de la persona. Es la idea que nos hacía taparnos con las sábanas cuando éramos pequeños, la idea de que si algo mágico puede torturarte y matarte puede que aún le quede algo por hacerte, la idea de que existe ya no un "más allá" sino un "demasiado allá" que debe ser tenido en cuenta e incluso temido. Un concepto, por supuesto, con el que han jugado la mayoría de religiones (sino todas).

viernes, 16 de noviembre de 2012

It's a kind of magic

Desde que el primer homínido tuvo capacidad para no entender, para sentirse confuso, para preguntarse el porqué de algo sin encontrar una respuesta inmediata y tangible, surgió la magia. La magia, ese concepto padre de dioses, esa capacidad mental que ha sido tan determinante para el ser humano como la postura erguida, la fonación o los pulgares oponibles. La magia es creer, es imaginar, es soñar. Y por esos berenjenales quería meterme yo hoy.

En primer lugar, hay que reconocer que hay magia y magia. Por un lado nos podemos encontrar con los clásicos (o no tantos) trucos de prestidigitación, los que uno (si es hábil) empieza practicando con la caja de Magia Borrás y después va cogiendo soltura bastante como para hacer las delicias de propios y extraños. He de decir que yo no me incluyo en ninguna de las categorías: ni soy hábil para tales menesteres, ni me divierten en absoluto los trucos de magia, precisamente por ser eso, trucos.

Y el saber que es un truco es lo que anula la magia de la magia (llamadlo "metamagia" si os place; y si no, como os apetezca"), y es difícil impresionarse con cuatro naipes (aunque reconozco que yo, de por sí, soy poco impresionable) cuando el espectáculo de magia que se te presenta delante es sinónimo de juego de manos (no en vano, prestidigitación ya sugiere un rápido movimiento de dedos durante el truco). Aunque en este sentido, reconozco que es complicado realizar juegos de magia que mantengan la verosimilitud y no parezcan trucos... Tal vez eso sólo lo consigan grandes escapistas.

Luego está la magia estilo Alan Moore, ese genio del noveno arte que tan pronto te puede hablar de los cimientos sociales que anclan su obra con más o menos disimulo, como de repente empieza a hablar de la pornografía como arte, o de la magia como lengua último del Universo. Creer en esa magia algunos lo entenderían como rozar la locura (sino bañarse en ella donde no hace pie), o dejarse llevar por las supersticiones.

Y sin embargo, perdura. Mientras dioses viejos y olvidados se difuminan o se enquistan como meramente el legado clásico de nuestros ancestros, el sustrato mágico permanece. Mi bisabuela, que tiene rezados más rosarios que el Papa, pedía hace tiempo (no sé si aún lo hace) deseos con la Luna llena. Mi abuela era una católica ferviente que clasificaba personalidades en función al horóscopo. Son detalles que recuerdan un poco al famoso tópico gallego de "No creo en las meigas, pero haberlas haylas".

Supongo que es esa última postura lo que mantiene viva la magia, de ser algo que se distingue únicamente por el rabillo del ojo de la mente, de la lógica. Está en lo que nos hace encender la luz para ir al baño después de ver una peli de terror, ese instinto que puede rastrearse evolutivamente hasta los depredadores de la época de las cavernas. En lo que hizo creer al público de Superman que un hombre podía volar, la abstracción que hace posible la suspensión de incredulidad.

Está en el deseo inherente a las religiones de hacer sentir que existe algo más grande que el individuo y el ser humano juntos. En el grito desesperado y entrópico del que tiene miedo a que esto sea todo lo que existe, y al ruego opiaceo del que está convencido que así es y lo sobrelleva con mundos más allá de este. Delimita los límites de nuestra realidad sobrepasándolos, y es parte primordial de nuestra narrativa, fagocitando incluso aquella que debería serle anatema (la ciencia-ficción).

Pero, parafraseando a Michael Ende, esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. No dejen de visitar La Covacha para averiguar como la magia (o el concepto de ella que les estoy vendiendo) continúa impregnando los párrafos de este, su blog. ¡Las previsiones para el menú pronostican un buen cocido mazagato hecho con ciencia-ficción, narrativa en general, terror y muchas, muchas especias! Bon appetit!

viernes, 9 de noviembre de 2012

4x01. The Impossible Return

Si este blog languideció lentamente durante 2011, para dar a finales de este año y 2012 lo que parecieron sus últimos estertores agónicos... ¿Quién podría pensar en que fuese reactivado? Si este blog dejó de actualizarse porque el que suscribe tenía demasiadas cosas por hacer como para darle una continuidad razonable, ¿quién podría predecir que volviera, en un momento vital en el que ha visto las obligaciones que le planteaba la vida, y las ha doblado? ¿Puede volver a abrir lo que nunca se cerró?

Existen varias razones para reabrir las puertas de la Covacha. En primer lugar, me gusta escribir. Cuando estoy en racha, cuando consigo encontrar tiempo que dedicar a ello, escribir consigue darme un subidón que supongo comparable al que tienen los deportistas cuando entrenan o juegan a un deporte. En momentos muy concretos, la escritura me ha proporcionado esa sensación indescriptible que toda persona debiera poder sentir al menos una vez en la vida: la de haber nacido para hacer algo, quizás no profesionalmente, quizás no de cara al público... Pero sintiéndose realizado, en última instancia.

Eso nos lleva a la segunda razón... Y es que me gusta ser leído. En gran medida, el redescubrir eso se lo debo al señor (es un decir) Fósforo Blanco, que me pidió que participase en su blog coral, Crisis Creativa, durante el verano (de ahí surgió un post sobre Carl Barks que aún espera una segunda parte que quizás llegue el verano próximo, si me invitan, y del que estoy especialmente orgulloso).

Podría ser un poeta (si ese fuese mi tercio) que escribe versos que languidecen en una pequeña libreta dentro del armario, pero no lo soy. Pese a que incluso en sus mejores momentos, esta santa casa nunca fue un maremagnum de comentarios e interacciones con el público, lo cierto es que guardo buenos recuerdos de la sensación de que a un pequeño número de personas les importaba y les gustaba lo que yo pudiese decir. Seamos francos, sienta bien al ego.

La tercera razón es una mezcla de ambas... La escritura de este blog fue en su momento una válvula de escape y, con un poco de suerte, volverá a serlo. No tengo pensado inventar la cuadratura del círculo; la Covacha seguirá siendo prácticamente lo que fue, quitando lo que en su día fue Astonishing Andrew, que queda en barbecho con la esperanza de que algún día aparezca la oportunidad de plasmarlo en el medio en el que mejor encajaría, la historieta.

Hace ya cinco años que comencé este blog, y puede que se note, o puede que no. Seguiré hablando de cómics, libros y series que me gustan, aunque quizás descubráis mi visión de algunas nuevas desde la última vez que escribo. Seguiré reflexionando sobre ideas puntuales, aunque parezcan inconexas de un post a otro. Seguiré donde lo dejé, y gracias a la magia de twitter, espero hasta recuperar a algunos de los incondicionales. Un cariñoso saludo a ellos, y una cálida bienvenida a los nuevos. Permanezcan atentos a sus pantallas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Esto no es un post sobre el Big Culo Day (no, que va)

Los cómics de superhéroes son, hasta cierto punto, un reflejo de nuestra sociedad; es por eso que en los años 60 abundaban los espías comunistas, por ejemplo, u organizaciones neofascistoides como Hydra (ya saben: "¡Hail, Hydra, inmortal Hydra! ¡Nunca seremos destruidos! ¡Corta un miembro y otros dos ocuparán su lugar!" y todo eso), herederas directas de un nazismo ahora ya bastante más añejo.

A día de hoy, es la crisis económica la fuente de nuestros mayores temores y problemas. Pero como difícilmente podemos esperar que una editorial mayoritaria sea tan realista como para presentarnos un grupo de supervillanos especuladores que intenten dominar el mundo a través de los mercados, creo que merece la pena reevindicar la figura del terrorismo y, porqué no, de Hydra como algo más que carne de cañón.

Porque tradicionalmente vemos a Hydra como una masa indefinida, puede que sí, a través de malvados líderes y terribles artefactos, pero pocas veces se ha profundizado en su ideología supremacista y fundamentalmente malvada. Vamos a ver, que la mayoría de los lacayos, incluso los de menos responsabilidad dentro de Hydra, están conformados por gente con ideales racistas, de la superioridad de la raza blanca sobre las demás, del recorte de libertades civiles para garantizar un statu quo que a ellos les interesa. Valores estos que ya serían repugnantes de por sí, pero es que además, los miembros de Hydra...

...Rechazan tendencialmente el Big Culo Day.
Y eso nos resulta inadmisible.
Y aquí termina mi particular contribución al Big Culo Day 2012, traído nuevamente de mano del maestro Jotacé, al que espero que no le importe el hecho de que, en una sutil estrategia post-modernista, haya reivindicado el movimiento sin explicitarlo con la imagen de culo alguno. Si quieren ver culos comentados por el menda, revisen la etiqueta de otros años, o bien vean mi segunda colaboración del año aquí, en el blog Twitter para Carlos YA. Y que todos estemos aquí para ver muchos Big Culo Days más.

sábado, 11 de febrero de 2012

El retrato de Dorian Gray

Hemos oído hasta la saciedad como algunos escritores decimonónicos, como Julio Verne, tuvieron la suficiente perspicacia como para describir inventos o realidades que finalmente han tomado forma, de una u otra manera. Sin embargo, ¿no es aún más extraordinario como una descripción, una opinión o un credo decimonónico puede ser aplicado, hoy día, con total vigencia?


[...] factura que Dorian no se había atrevido aún a reexpedir a sus tutores, personas extraordinariamente chapadas a la antigua, incapaces de comprender que vivimos en una época en la que ciertas cosas innecesarias son nuestras únicas necesidades.


¿Cómo puede ser que una novela de hace más de 120 años pueda ser, sin lugar a error, tan aplicable a la frívola clase alta londinense como a nuestros actuales compradores masivos del último y moderno gadget? Pero es que El retrato de Dorian Gray es de por sí una novela excepcional, que fue para Oscar Wilde la niña de sus ojos.

Aunque la sociedad de su época decidiese considerarla como una hija bastarda, como una oveja negra que repudiar, El retrato... se ha convertido en uno de los más esclarecedores legados de su propia época. El propio Wilde (al que recuerdo haber sido descrito en una introducción de sus cuentos como sensible y amante de lo bello) fue acusado de homosexualismo (delito condenado en la época por penas de cárcel) por la descripción (ciertamente sugerente en ese sentido) de los sentimientos casi idólatras del pintor Basil Hallward hacia el joven Dorian Grey.

Sin embargo, no es ninguno de estos dos personajes mi preferido en la novela; este honor lo otorgo a Lord Henry. Este aristócrata hedonista (que por su carisma y, parcialmente su carácter, me recordó al Mynheer Pepperkorn de La montaña mágica), cínico y mordaz, convierte cada diálogo en una batalla dialéctica, y cada soliloquio en una lección vital, siempre en busca de la polémica y la burla con respecto a las normas sociales establecidas. Es de boca de Lord Henry de quién encontramos palabras que han hecho recaer la acusación de misógino sobre Wilde, palabras como las siguientes:


- Mi querido muchacho, ninguna mujer es un genio. Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen nada que decir, pero lo dicen encantadoramente. Representan el triunfo de la materia sobre la mente, de la misma manera que los hombres representan el triunfo de la mente sobre la moral.


Es por la frívola y casi amoral influencia de Lord Henry por la que Dorian Grey comienza su particular descenso a los infiernos, en una espiral autodestructiva a la que se entrega felizmente no mucho después de descubrir que sólo su retrato asumirá las consecuencias de sus actos y el paso del tiempo; sólo el lienzo sufrirá la vejez y el pecado.

Curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos por medio del alma, una de las frases de Lord Henry, se vuelve casi un dogma, y la pugna entre las pulsiones y la conciencia vuelve al lector tan constante como las mareas. No es extraño (dada la religiosidad anglicana) que el autor pusiese a Dorian coqueteando brevemente con el catolicismo, por la negación de los sentidos en uno de los vaivenes ideológicos ya mencionados, y por la iconoclastia católica, que desde el anglicanismo es considerada íntegramente como idolatría. 


En una ocasión se rumoreó que se disponía a convertirse al catolicismo; y, desde luego, el ritual romano siempre le había atraído mucho. El diario sacrificio de la misa, más terriblemente real que todos los sacrificios del mundo antiguo, le conmovía tanto por su supremo desprecio del testimonio de los sentidos como por la primitiva simplicidad de sus elementos y el eterno patetismo de la tragedia humana que trataba de simbolizar.


El verdadero misterio (si hay alguno) de la novela no es cómo o porqué el retrato y Dorian han establecido esta relación parasitaria (que difumina un tema clásico faustiano hasta volverlo totalmente impersonal y casi irrelevante), no. El misterio es cómo Dorian, con una demostración palpable de que el alma existe, y es corruptible, es incapaz de detener la corrupción de la suya propia...

Dorian Grey es, aunque sensible, presuntuoso y vano, más preocupado por la forma que por el fondo; acaso esto sea también una crítica a la sociedad inglesa de finales del penúltimo siglo, del mundo frívolo e hipócrita que le tocó vivir a Oscar Wilde. La conclusión de la novela representa en este sentido (a través de lo que podría considerarse como justicia poética) la culminación de todo este proceso.


–Por cierto, Dorian –dijo, después de una pausa–, «¿y qué aprovecha al hombre»… , ¿cómo acaba exactamente la cita?, «ganar todo el mundo y perder su alma?»