miércoles, 6 de julio de 2011

Maus (3)

A pesar de no intentar transmitir ideas sionistas, es imposible negar que todo el entorno de Maus se mueva dentro de un microcosmos semita que ignora, consciente o inconscientemente, una perspectiva más amplia del fenómeno del Holocausto. Aunque este término no aparece en ningún momento en la obra, el entorno de Maus parece referirse únicamente a la Shoah judía, y no a una consideración del Holocausto que se haga extensiva, por ejemplo, a gitanos, eslavos u opositores políticos, entre muchos otros que hallaron la represión y muerte en los campos de concentración nazis. Sólo una gitana aparece al final del libro (retratada como un exótico insecto alado), ya después de la guerra.

En todo el libro, únicamente pueden verse en el contexto de Auschwitz una persona con opiniones políticas opuestas al Reich (un judío comunista), y varios polacos: un sacerdote y mayoritariamente kapos (o capos, abreviatura de Kamppolizei, una policía del campo consistente en general por otros prisioneros, que para mantener sus privilegios de trabajo, rivalizaban con las SS en dureza y crueldad; la amistad con los capos era fundamental para sobrevivir en los campos de concentración). [1]

Personalmente, creo esta situación no surge de una manipulación expresa por parte de ninguno de los Spielgeman (ni Vladek ni Art), sino de una consecuencia coherente de su vida dentro de un entorno profundamente marcado por la condición judía, en ambos casos. El Holocausto era en el hogar de los Spiegelman no sólo recordado, sino vivido, mucho antes de que la serie homónima masificase la introducción de sus horrores a través de la serie de televisión homónima, en 1978. El vecindario de Vladek (donde se crió Art) es no sólo judío, sino al mismo tiempo también lugar de residencia de numerosos supervivientes de los campos (como resulta serlo también el terapeuta de Art).

Que este entorno es determinante para cualquiera que lo viviese es claro; al hablar de una ex-novia suya con su mujer, Art llega a admitir: Vamos. Solo salí con ella para superar mis prejuicios contra las judías neoyorquinas de clase media. Me recuerdan demasiado a mis parientes para resultar eróticas, así que… [2] La vida de Vladek en Polonia fue muy similar en este sentido, con una vida social judía en Polonia incluso antes de los guetos, la persecución nazi y los campos de concentración.

No es extraño que Art decidiese escribir Maus, porque la sombra que el Holocausto proyectaba sobre su vida familiar era grande, aún desde su infancia, y siempre reduciendo el Holocausto al nivel de la Shoah. El peso de la memoria transmitida por su padre (que, si recordamos Rat, y a tenor de los comentarios del siguiente párrafo, lo fue así desde su más tierna infancia) hubo de ser sin duda abrumador, y la univocidad de su punto de vista, probablemente, debe achacarse a que Maus no sea tanto un intento de reivindicación histórica como de un ejercicio de catarsis personal del autor.

Pensaba en el libro… Es tan pretencioso por mi parte…, se desahoga Art con su esposa. Es decir, ni siquiera consigo dar sentido a la relación con mi padre… ¿Cómo voy a dárselo a Auschwitz…? ¿Al Holocausto? [3] Aquí está la clave, la muestra más explícita de como Maus es, esencialmente, un viaje dantesco con un paraíso final incierto, el intento de purga de una triada de angustia (los demonios del padre se transmiten al hijo y enrarecen la relación entre ambos), entretejida en torno al Holocausto.

De niño solía pensar a cuál de mis padres dejaría que los alemanes metieran en los hornos si sólo pudiera salvar a uno…, admite Art antes de pasar a hablar del recuerdo presente de Richieu, su hermano que murió durante la guerra, con cinco o seis años (Nunca me sentí CULPABLE por lo de Richieu. Pero sí tenía pesadillas en las que las S.S. entraban en mi clase y se llevaban a todos los niños judíos). Concluiré con una última cita, que creo que representa a la perfección el hecho de que Maus es un ejercicio de superación de la memoria: No me malinterpretes. No es que estuviera obsesionado… Sólo que a veces imaginaba que de la ducha salía Zyklon B en vez de agua. [4]


[1] VAN GALEN, Last y WOLFSWINKEL, Rolf, Anne Frank and after, Amsterdam University Press, 1996, pág. 159.
[2] SPIELGEMAN, Maus, op. cit., págs. 172.
[3] Ibid., pág. 174
[4] Ibid., págs. 174-176.