sábado, 4 de junio de 2011

3x07. De ser o no ser (monitor)



Chicos, como ya sabéis, yo había sido monitor de tiempo libre para la organización juvenil Mar-Cha durante cuatro años. No obstante, había abandonado esa responsabilidad, consciente de que tenía cosas más importantes en las que centrarme, y un tiempo al que dedicar a mi propio futuro. Pero entonces, entonces llegó un día, un día como ningún otro (en Mayo del 2011), en el que los más numerosos monitores de Mar-Cha vieron reducido su número a la hora de ir a la Warner con los chavales... ¡Ese día se me convocó a una suplencia!

Prácticamente acepté de inmediato, advirtiendo no obstante que tendría que confirmar si no tenía otros compromisos previos para esa fecha. ¿Por qué lo hice? Mentiría si dijera que fue totalmente por los chavales; en mi mente estaba la idea de ayudar a mis antiguos compañeros, pero, más aún, de poder convivir nuevamente con personas a las que hacía (demasiado) tiempo que no veía.

Para mí, la esencia de Mar-Cha se había convertido en esa oportunidad de vivir momentos especiales con gente no menos especial, y mi permanencia (más o menos intermitente) en la organización se había reducido a esas oportunidades. Hacía bastante tiempo que las dinámicas o las lecciones específicas no hacían mella alguna en mí... Al tiempo que cada vivencia con un amigo, de mi propia provincia o de otras, se revelaba como una auténtica lección de vida.

¿Qué saqué en limpio de esa suplencia, chicos, de ese, mi canto de cisne como monitor? Que ser monitor es un mundo de contrastes, y que había tomado una buena decisión. Que la sonrisa de un niño, sentir su respeto creciente cuando mantienes una conversación de persona a persona (charlando como si estuvieses a su nivel), o una mirada de cariño son un tesoro, nadie lo pone en duda. Que hay momentos en los que te ofuscan la cabeza hasta el punto en que sólo un nombre ocupa tu cabeza (Herodes), tampoco. La verdad, como suele ocurrir en estos casos, está entre ambas realidades.

No me arrepiento del tiempo que dediqué, de mis cuatro años como monitor, aunque puede que mi baremo en la universidad hubiese podido mejorar. Aunque recuerde apenas flashes, y pocos nombres de mis "monitorandos", he vivido grandes experiencias y he cimentado amistades muy interesantes y fructíferas. Reí, me enfadé, me sentí orgulloso. Dí un poco de vida, lo que estaba dentro de mis capacidades. Forgé el mito del hombre tranquilo.

Chicos, el pasado, en gran medida, es lo que da sentido a nuestra vida. Es nuestra propia obra de arte, única, personal e irrepetible y, como tal, nunca la terminaremos en lo que nos queda de vida. Merece la pena mirar hacia atrás, o revivir parcialmente una experiencia, pero nunca estancarse en el pasado. Era Mayo de 2011, y la aventura había terminado.

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