domingo, 29 de mayo de 2011

El Vosque


Mi pasión por los webcómics (aunque ampliamente incentivada últimamente) nació hace unos años gracias al blog de Randy (¿saben que Randy participa hoy día en el podcast Normas de Equivocación, por cierto?), gracias a ¡Eh, tío!, dibujado y guionizado por el genial Morán. Como todos saben (o no, porque aunque lo dije varias veces, fue ya hace años), el blog de Randy no sólo estaba ocupado por sus artículos, sino que se complementaba con el ambiente de compadreo entre los comentaristas del respetable (o no) público.

En este entrañable ambiente familiar convivíamos un montón de gente, a la que aquí sólo citaré a la que tiene blogs y demás por si quieren interesarse por ellos: a Miguel y Starsky les pueden encontrar en la (ya finadaAros de Cebolla, a Félix en su webcómic hecho con Paint, Repelux y su página de Deviant-Art, Charlie el Slowpoke con más reflexiones políticas, Victoria con su blog personal...

Y por supuesto, Laurielle. ¿Y por qué por supuesto? Hombre, porque El Vosque, webcómic que ha cumplido hace poco dos añitos, ha nacido por gracia de la pluma de Laurielle y el ingenio de Morán. ¿Pero de que va El Vosque, chicos?


Fantasía negra. ¿No es genial? ¡Vamos, denle una oportunidad! Asesinatos de árboles (y muchos más), fauna absurda y fauna peligrosa (¿alguien ha dicho cerdílopes?), misterios sobre misterios rebozados de humor... ¡Es uno de los mejores webcómics del panorama español, diablos, y merecería estar en un muse...! Digo, publicado en papel. Pero mientras tanto, es gratis... ¡Muy gratis!

Disfruten (imagínense mi voz como la del típico narrador de VHSs de Disney, si les place) de la fantasía, el humor y la intriga con la historia principal de El Vosque... Y no se pierdan las hilarantes peripecias entre bambalinas de los autores (y los personajes) en los woodies... ¡Creerán que romper el cuarto muro es una forma de vida!

Cerdílopes de arcilla. Díganme que no son adorables.
Díganme que no los aman.
Y ya para terminar, comentarles que el mes pasado tuve el honor (y el placer) de conocer tanto a Morán como a Laurielle en el Salón del Cómic. Me había hecho fotos con ambos, pero como un hijo de letón (para saber porqué no deben considerar ese apelativo como racista, vayan aquí) tuvo a bien robarme la cámara de fotos dos días antes de volver a casa al terminar las vacaciones, ya no me quedan muestras gráficas del momento (tampoco del momento en el que ambos se dieron cuenta de que se les había pasado el 2º aniversario de su creación).

Eso sí, ambos majísimos, ea. Como prueba, dejo aquí dos dibujacos que ambos tuvieron a bien hacerme en su momento y que, gracias al cielo (y a que estaban en formato papel, y no en la cámara) no me fueron sustraídas. Disfrútenlas, denles una oportunidad y... ¡No dejen de leerles!

Ninjata vs. Mafrune (ambos de ¡Eh, tío!)
El segundo grita ¡¡SANGRAAD!! El primero
responde Que apropiado, tú peleas como una vaca.
Cerdílope, el animal más achuchable de todo El Vosque,
en su forma más mortal y adorable (hasta la fecha).
Por cierto, Laurielle no me debe ningún dibujo, porque
lo hizo inmediatamente después. Está aquí.

lunes, 23 de mayo de 2011

3x06. Makkara makkara.


Chicos, como ya sabéis, durante la Semana Santa de 2011 viajé con mi amigo Carlos a Finlandia. Y fue un viaje accidentado. Tras nuestro periplo letón, tuvimos que viajar hasta Helsinki, y de ahí en tren a Tampere, antes de que fuésemos recibidos por nuestro amigo Jussi. Sabéis que normalmente os cuento este tipo de cosas para enseñaros una importante lección vital, pero este viaje contiene muchas, muchas lecciones... Os he hecho una lista.

1. CASH. Viajar siempre es caro, y siempre se suele gastar más de lo esperado; hasta ahí bien. Pero Finlandia es CARO con mayúsculas. Su generosas gentes contrastan con sus escandalosos precios, incluyendo una módica suma por utilizar un baño público (sea en la calle, un restaurante o una estación de trenes/autobuses).

2. HESBURGER. Junto a makkara, suomi y ruutupaita, hampurilaisateria se convirtió en parte de mi vocabulario básico en Tampere. Más barato (y sabroso) que un McDonalds (y desde luego que cualquier otra cosa en Finlandia), no pocos días subsistimos únicamente con nuestra ración vespertina del Hesburger, la cadena de hamburgueserías recomendada por 9 de cada 10 dentistas irlandeses.

3. DISTANCE. Las finlandesas son cobardes y supersticiosas. O al menos, tienen ciertas reglas de etiqueta. No las apuntéis con una luz brillante, no las mojéis y, sobre todo, nunca; repito, nunca les deis dos besos para saludar. Os ganaréis su enemistad mortal para el resto de vuestras vidas. Aunque puede pasar que ya os la hayáis ganado simplemente por existir, a veces pasa. Si es así, evitad, dentro de lo posible, futuros contactos después del frío e hipócrita Nice to meet you.

4. ID CARD. Si sois estudiantes, no dejéis vuestra tarjeta identificativa en casa. Vive Dios que los descuentos en museos y exposiciones merecen la pena, y compensan en parte otros precios. A excepción de las tiendas de regalos que, especializadas al parecer en el turismo japonés (¿?) mantienen su política de venta a precios exhorbitados.

5. FINLAND IS DIFFERENT. No os sorprendáis por nada. Es Finlandia. El museo de Lenin está a dos minutos del museo de los hipopótamos antropomórficos más populares del país. Si así lo deseas, puedes ir al Boxing Bingo después de tomarte una Berlusconi's pizza (¡elegida como mejor pizza del mundo!), y continuar el día alternando entre la sauna y bañarte en un lago helado.  Un lugar donde las tiendas de Navidad pueden vivir abiertas todo el año, y donde los vagabundos regresan del sur en primavera.

5. MEMO. Finlandia es una tierra de paisajes prodigiosos y todo tipo de cosas curiosas (como ya os he dicho), y no conviene que lo olvidéis. Vivimos en una sociedad de la imagen, pero ante todo tenéis que saber disfrutar de vuestros propios recuerdos. Si no atesoráis esos recuerdos, si por alguna razón vuestra cámara desaparece dos días antes de regresar a España... Se perderán como lágrimas en la lluvia. Un viaje (una odisea) es mucho más que unas fotos.

sábado, 14 de mayo de 2011

Giant-Size Astonishing Andrew and his Amazing Friends nº 1 (Séptima parte)

Y, recién llegado del Salón del Cómic de Barcelona (previa petición amistosa mía por mail), este Giant-Size cierra sus puertas (ahora sí, ya del todo) con un dibujo de Laurielle, dibujante de El Vosque, uno de los mejores web-cómics del panorama español actual. Le había comentado que si podía hacer algo con el Doctor Muerte y, además de hacerme un dibujito chulo aparte, me hizo el que "me debía" en un pispás, con el gracejo habitual que suele mostrar en sus woodies

Héroes y villanos,por Laurielle.

El Doctor Muerte fue el antagonista principal de Andrés y sus amigos en nuestra cuarta saga, y comparte aquí espacio con el misterioso asesino a sueldo de El Vosque... Pero su currículum homicida no es nada en comparación al de Calderilla, el hada soldado, o el semi-psicópata (o psicópata entero, depende, a veces literalmente, de las fases de la luna) Caballero Luna. Y tienen una risa malvada a juego. ¡No olvidéis entrar aquí si queréis saber más del asesino, Calderilla, u otros personajes de El Vosque!

jueves, 5 de mayo de 2011

3x05. The Quest for Tampere



Chicos, el viaje que hice con mi amigo Carlos a Finlandia en Abril del 2011 fue, cuanto menos, accidentado. Lo que únicamente  se presentaba como un viaje con escala en Barcelona (donde planeamos ir al Salón del Cómic de ese año) y Letonia, para llegar por fin a Tampere (ciudad en donde vivía Jussi, mi entrañable amigo finlandés y rastafari) se convirtió en una epopeya digna de estar buscando a Carmen Sandiego. La cosa fue exactamente como os la cuento...

Nuestro viaje empezó tranquilamente, con algo de turisteo ligero, y continuó con casi un día entero visitando el Salón del Cómic de Barcelona. Entre cómics, tazas, camisetas y gente disfrazada pasamos gran parte del día, incluyendo conocer en persona (y llevarse unos cuantos dibujos) de esos grandes del panorama webcomiquero español de entonces, Morán y Laurielle. También me llevé conmigo un par de pósters de Freaks, y con ellos, la dirección de una chica (aparentemente del WEE) que coleccionaba postales y quería una de Finlandia.

Y vimos un partido de fútbol (sí, en serio. Yo viendo fútbol), y nos perdimos por Barcelona, esa ciudad en donde la pregunta ¿Por dónde se sale aquí? encuentra el equivalente a un poema sánscrito en cualquier otra ciudad: respuestas confusas y señalizaciones aleatorias. Si tenéis suficiente suerte, vagando por vuestra cuenta, chicos, puede que incluso encontréis a alguien que tenga claro el concepto "salir" o que la localización de "Barcelona" es su ciudad, y que la pregunta no resulta tan extraña.


Tras ese intento infructuoso de disfrutar de la vida nocturna de la Ciudad Condal, volamos hacia Riga. Poco sospechábamos que nos dirigíamos a un triángulo báltico que nada tenía que envidiar al de las Bermudas, una zona en la que las cosas normales no suceden demasiado a menudo. Un triángulo de pizza maldita, sazonada con misterio, que hace distorsionarse los parámetros normales del tiempo y el espacio. Y, a juzgar por su publicidad, también del buen gusto.



A las pruebas me remito. Carlos y yo perdimos un avión en Riga por culpa de la pizza más cara del mundo (si sumamos al precio, de por sí llamativo, al del vuelo siguiente a Helsinki y el tren de allí a Tampere). Algunos lo achacarían a que en Riga ponen la hora de salida del vuelo (y no la tradicional hora de embarque) en las pantallas del aeropuerto, otros nos acusarían de temeridad por pararnos a cenar en un transbordo, no faltará quien diga que somos idiotas, directamente.

Pero todos ellos coincidirán en que no es normal encontrarse fabas pintas en una pizza, ni que te vendiesen una pizza de "Chili con carne" escrito en perfecto castellano en Riga, capital de Letonia. Una pizza, extrañamente, de un tipo que no pudimos encontrar prueba alguna en nuestro viaje de vuelta, una pizza de la que no existe prueba documental alguna, en una pizzería letona que no todos han sido capaces de encontrar.

Visto en perspectiva, puede que tuviésemos suerte, a fin de cuentas. Cierto, nos costó dinero, varias horas de nuestra vida perdidas en el aeropuerto, una maleta nueva (la de Carlos, teóricamente destrozada por la policía del aeropuerto letón, que debió entender como sospechoso nuestro periplo) y un nivel de mala suerte que mantuvimos, con sus más y sus menos, hasta volver a España, pero, viendo el cúmulo de misterios que rodean a esas pizzas, yo me doy por satisfecho habiendo podido salir de Riga con vida.

¿Creéis que es normal encontrarse moneda letona abandonada en un lavabo, sin que nadie lo haya abandonado antes que tú? ¿Que se llame por megafonía, y a viva voz, a los viajeros a Helsinki, pero la pizzería silenciase todo posible aviso a los viajeros a Tampere? Chicos, nosotros tuvimos suerte... ¿Pero cuántos otros habrán sucumbido por completo a los insidiosos cantos de sirena de Lulu Pizza?