martes, 12 de abril de 2011

Eugenesia (3)

Esto no supone, necesariamente, que las prácticas esterilizadoras eugénicas fuesen aceptadas por todo el mundo. Estaban extendidas, de esto no cabe duda: en diversos estados de Estados Unidos ya se realizaban (si bien en algunos casos también con motivos penales o racistas más que eugenésicos), y en Europa pululaban por diversos países el impulso de legislación eugenésica.

Por el contrario, la Iglesia católica había sido crítica con la esterilización eugénica (“Es necesario condenar, por último, aquella perniciosa práctica que afecta de una manera inmediata al derecho natural del hombre a contraer matrimonio, pero que también toca por una verdadera razón a la prole. Hay quienes, en efecto, demasiado solícitos de los fines eugenésicos…[1]), y podemos observar como el apoyo esterilizador no es unánime ni siquiera dentro de la propia España, puesto que de la misma opinión crítica es el psiquiatra Antonio Vallejo Nájera:

La mejora de las razas humanas, finalidad de la eugénica o eugenesia, suma los sufragios de muy diversas ideologías. La aplicación de utópicos principios eugénicos, con merma de los más sagrados derechos morales y físicos, repugna a los espíritus no endurecidos por un bárbaro racionalismo. La Ciencia jamás puede contradecir al Derecho Natural, y, en realidad, no existe pugna cuando se meditan detenidamente los resultados de la experimentación científica. Sacrificar unos hombres en beneficio de otros hombres, constituye un principio farisaico inadmisible en los pueblos civilizados.[2]

La eugénica o eugenesia ha ido perdiendo su importancia a partir de los años treinta, especialmente después de la caída del régimen nazi, del que ya se mencionado (y es de conocimiento común) su extrema eugenesia de tipo negativo. En nuestros días, la eugenesia ha perdido su consideración necesaria y su valoración moral, y en una época que pugna por la igualdad entre personas y la superación individual de las discapacidades, el punto de vista medio ha reducido a la eugenesia al nivel de una pseudo-ciencia cruel, con tintes racistas y clasistas.

Los conceptos eugenésicos han sido especialmente discutidos desde los avances en genética a partir de la década de los 80, pero también se han reavivado como polémica. Los abortos por deformidades o enfermedades congénitas se han convertido en una realidad, y la llamada “eugenesia liberal” se basa más en la manipulación genética que en las leyes genéticas de la herencia a fin de conseguir el logro de anular características consideradas negativas y fomentar la permanencia de las positivas.

Esta “selección artificial” genética, y la posibilidad de crear lo que algunos llaman “bebés de diseño” bien podría ser la actualización de la eugenesia de Galton, y si bien la mayoría de nuestros científicos contemporáneos rechazan este tipo de consideraciones, algunos consideran la capacidad de depuración genética como algo positivo para el desarrollo de la especie humana, sino incluso como algo necesario para su óptima evolución futura.

Decía en su libro de ensayos Perfiles del futuro Sir Arthur Clarke, el célebre escritor de ciencia-ficción británico, que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada sería indistinguible de la magia. Sea verdad o no, lo cierto es que los avances tecnológicos en torno a la reproducción ayudan a hacer tambalearse los pilares morales (polémicos ya de por sí), o al menos a relativizarlos en cuanto a temas como el aborto, o la selección genética artificial.

Volviendo la vista hacia la moral, y retomando las consideraciones morales eugénicas de los años 30, ¿tenemos derecho a que nuestros hijos nazcan con taras físicas o psicológicas que conservarán durante toda su vida? Pero, por otra parte, si la única alternativa para impedir esto es la destrucción del ser en gestación, ¿existe un verdadero derecho a interrumpir esa promesa de vida?

Por otra parte, la frontera entre la enfermedad y lo considerado enfermizo podría difuminarse: sin un control moral, la eugenesia liberal podría ganar peligrosos tonos racistas. Y aún sin llegar a esos extremos… ¿Seremos capaces de evitar en el campo de la ingeniería genética una frivolidad que erradique no sólo enfermedades congénitas, sino características innatas por motivos meramente estéticos?

En el siglo XIX, Galton se quejaba de que la civilización había traído consigo una selección artificial que subvertía a la natural enunciada por su primo Darwin; cada vez más, parece que la humanidad tiene a su disposición medios más sofisticados para subrayar esta artificialidad. ¿Pero estamos preparados para elegir así nuestro propio destino, o el sólo hecho de intentarlo (impulsados por nuestro hubris, nuestro orgullo desmedido hacia la ciencia y su progreso) nos conduce hacia un desastre seguro? Como suele suceder en estos casos, sólo el tiempo lo dirá.


[1] Casti Connubii. Encíclica sobre el matrimonio cristiano, “Derecho del hombre a contraer matrimonio”, 68, Pío XI, 1930.
[2] Acción española, tomo I, nº 2, “Ilicitud científica de la esterilización eugénica”, pág. 142, Madrid, 1932.

3 comentarios:

Wherynn dijo...

Buah, si mezclamos ya eugenesia con racismo, mal vamos. No se, ¿que es mejor, poder evitar que tu hijo tenga cancer o dejar a la madre naturaleza seguir su curso? yo creo que depende que tara fisica o mental quieras "depurar", si es un capricho tonto de "quiero que mi hijo sea rubio" o "quiero que mi hijo no desarrolle ceguera", es demasiado complicado...

Superlayo dijo...

Eva: Lo extraño es que no hubieses pensado en racismo antes... De todas formas, y sin defender nada, quiero que mi hijo no desarrolle ceguera no me suena a capricho tonto... :p

Wherz dijo...

Perdon, esa frase esta mal narrada. Me referaa que un capicho tonto es "quiero que mi hijo sea rubio" pero que "quiero que mi hijo no desarrolle ceguera" si seria algo digno de manipular :P