jueves, 31 de marzo de 2011

Eugenesia (1)

Aunque es posible aventurar que las prácticas eugenésicas han sido practivadas por la humanidad desde probablemente la Prehistoria, la política eugenésica ha acompañado conceptualmente al hombre, cuanto menos, desde la Antigua Grecia. Ya Plutarco, en sus Vidas paralelas, nos daba testimonio de que por la legislación de Licurgo, en Esparta se abandonaba a su suerte a los recién nacidos más débiles:

“Nacido un hijo, no era dueño el padre de criarle, sino que tomándole en los brazos, le llevaba a un sitio llamado Lesca, donde sentados los más ancianos de la tribu, reconocían el niño, y si era bien formado y robusto, disponían que se le criase repartiéndole una de las nueve mil suertes; mas si le hallaban degenerado y monstruoso, mandaban llevarle las que se llamaban apotetas o expositorios, lugar profundo junto al Taigeto; como que a un parto no dispuesto desde luego para tener un cuerpo bien formado y sano, por sí y por la ciudad le valía más esto que el vivir.” [1]

No obstante (ya que la cultura espartana puede ser considerada una rara avis entre las polis griegas), es importante destacar que, aunque no se llevasen a cabo, las ideas eugenésicas existían más allá de las fronteras espartanas; ya Platón defendía estas ideas en su obra La República, con su acostumbrada forma de transmitir ideas, a través de la dialéctica:

…veo que en tu casa hay perros cazadores y gran cantidad de aves de raza. ¿Acaso, por Zeus, no prestas atención a los apareamientos y crías de estos animales?”, dice Platón en boca de Sócrates, comenzando a enredar dialécticamente a su interlocutor. “De lo convenido se desprende -dice- la necesidad de que los mejores cohabiten con las mejores tantas veces como sea posible y los peores con las peores al contrario; y, si se quiere que el rebaño sea lo más excelente posible, habrá que criar la prole de los primeros, pero no la de los segundos”. [2]

Acercándonos a tiempos más recientes, William Penn (el cuáquero fundador de Pensilvania, cuyos principios democráticos influyeron en la Constitución estadounidense), criticaba la falta de cuidado a este respecto, con ciertas reminiscencias platónicas ("Los hombres son generalmente más cuidadosos de la clase de sus caballos y perros que de sus hijos." [3]), y Thomas Malthus, padre de la demografía moderna, reflexionaba sobre el tema eugenésico con estas palabras:

"Sin embargo, no parece imposible que pueda ocurrir entre los hombres cierto grado de mejora, similar a la de los animales, mediante la atención a la reproducción. Es dudoso que el intelecto se pueda transmitir: pero el tamaño, la fuerza, la belleza, la tez, y quizás aún la longevidad son transmisibles en algún grado... Como la raza humana no podría ser mejorada de este modo sin condenar a todos los malos especímenes al celibato, no es probable que se llegue a generalizar una atención a la reproducción." [4]

Así pues, en los casos más antiguos ya nos encontramos con las dos distintas facetas de la eugenesia: la positiva (el fomento de la reproducción de aquellos individuos considerados más aptos) y la negativa (la restricción reproductiva, incluso a través de la eliminación directa, de determinados individuos que pudiesen traer consigo taras al conjunto racial).

De ambas podemos deducir un esfuerzo para mejorar la raza humana (no necesariamente su pureza; la eugenesia no es necesariamente racista), a través del control reproductivo, si bien esto debería ser matizado. Para ello, podemos utilizar como referencia la definición proporcionada por la Real Academia Española, apenas modificada desde su primera inclusión (en 1936, ediciones previas solían ligar directamente a la eufrasia con el eunuco, este último irónicamente asociable a prácticas eugenésicas negativas) hasta nuestros días:

(Del fr. eugénésie, y este del gr. εὖ 'bien' y -génésie '-génesis' ).

1. f. Aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana.

Encontramos en esta definición datos curiosos como el “rebote” idiomático del francés al griego que propone la (aún en preparación, pero consultable de forma virtual) vigésimo tercera edición del diccionario de la Real Academia, o el hecho de obviarse el griego γένεσις como génesis en lugar del habitual (en prácticamente todas las ediciones previas en donde se realiza una deconstrucción lingüística de las palabras) significado de engendramiento.

Más curioso aún resulta, sin embargo, el hecho de que la palabra eugenesia no aparezca como aceptada por la Real Academia hasta 1936, puesto que sabemos (por los diversos textos tratados en clase, amén de otros a los que nos referiremos posteriormente) que el concepto era de uso común en ciertos círculos científicos. Lo más notable es que el término (sí usado explícitamente en los textos de clase) de eugénica no consta en ninguna de las ediciones de la Real Academia.

Un término, el de eugénica, que parece venir directamente del inglés eugenic o eugenics, más que del francés eugénésie. Más lógica parece esta hipótesis si recordamos como la eugenesia moderna se encuentra en relación directa con Sir Francis Galton, primo de Darwin y que se apoyó en las teorías de este para defender una cuidadosa “selección artificial” que compensase el trunque de la selección natural darwiniana por los efectos de la civilización moderna (una civilización que ayudaba a la supervivencia de los débiles):

Propongo mostrar en este libro que las habilidades naturales del hombre se derivan de la herencia, exactamente bajo las mismas limitaciones que las características físicas y formales de todo el mundo orgánico. Consecuentemente, como es fácil, a pesar de estas limitaciones, obtener a través de una selección cuidadosa una raza permanente de perros o caballos dotados con notables facultades para la carrera, o hacer cualquier otra cosa, también sería bien factible crear una raza de hombres altamente dotada a través de matrimonios juiciosos durante varias generaciones consecutivas. [5]


[1] Vidas paralelas, Plutarco, Tomo I, “Licurgo”, capítulo XVI.
[2] La República, Platón, Libro V, capítulo VIII.
[3] Some fruits of solitude, in reflections and maxims relating to the conduct of human life, William Penn, 1693.
[4] An Essay on Population, Thomas R. Malthus, 1798.
[5] Hereditary genius: an inquiry into its laws and consequences, Sir Francis Galton, 1869, pág. 1

4 comentarios:

Carmen à Arles dijo...

Muy interesante, Pelayín. No sabía de la existenia de tu blog ni del término eugenesia. ;)

Wherynn dijo...

Oys, hasta con bibliografia! pues me like it, esta super bien esta entrada.

Un beso!

Ch@RLieRiCh@RD aka Slowpoke comentarista dijo...

¡Vaya! ¡Qué entrada tan insperada! Aunque no por ello menos interesante. Creo que ha ido usted a tocar una fibra sensible porque los seres humanos, en teoría, poseemos características que nos diferencian de los animales, como son el libre albedrío, la conciencia y la moral. A no ser que lleguemos a extremos casi irreparables, dudo que la eugenesia triunfe jamás.

Eso sí, si le apetece reírse un poco, tiene el extremo opuesto en la película Idiocracia, donde son los menos aptos los que se aparean y pueblan el mundo xDDDD

Superlayo dijo...

Carmen: Me alegro de que te guste. Aún quedan dos entregas más sobre el tema.

Eva: Hombre, como que es una redacción de clase reciclada. :p

Charlie: Que no la defiendo, ¿eh? Continúe leyendo en las siguientes entregas, que vamos hacia lo más moderno.