sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad cinéfila

Resucito brevemente mi blog en estas fechas tan entrañables por el bien común. Sí, que demonios. Todos sabemos que estas fiestas nos van a inundar de pasteladas de telefilms vespertinos, o de películas navideñas en prime time que van a ser también de lo peorcito... Los más jóvenes (y aquellos entre nosotros que aún mantengamos joven el espíritu) podemos consolarnos con la oferta de animación variada que (entre clásicos y novedades) suele ser bastante potable, pero… ¿Y quién le apetezca más variedad y/o calidad?

Os guste o no, aquí tenéis mi recomendación personal para estas navidades, siete películas que tienen mensaje navideño al uso (o no, y si lo tienen, es muy particular), pero que todas ellas tienen algo en común, y es que su historia tiene lugar en Navidad y aunque su calidad puede ser debatible, y pueden gustar o no, todas son entretenidas en sus respectivos géneros. Aquí os las dejo, y aquí tenéis los comentarios para decir que pensáis de la elección y/o las películas.

1. Que bello es vivir (It’s a wonderful life, 1946)

Me vais a permitir, que me autocite. Esta obra maestra de Frank Capra, un clásico del cine por derecho propio, es probablemente la tercera historia de Navidad más versionada, después del Cuento de Navidad de Dickens y (obviamente) la historia bíblica original.

Todo comienza cuando Clarence, el ángel de la guarda de George Baley, baja a la Tierra en Nochebuena por dos razones: la primera, salvar a George de su intento de suicidio; la segunda, ganarse sus alas, ya que es un ángel de segunda clase. En un momento de desesperación, Baley desea no haber nacido nunca, deseo que Clarence le concede.

A partir de ahí (y resultando inteligibles los cambios para el espectador, ya que hemos visto junto a Clarence la vida previa de Baley), y por obra y gracia de la causalidad, suceden un montón de cambios inesperados, que el "no-existente" Baley también podrá observar. Sin llegar a rozar lo pasteloso (aunque habrá a quien nos haga soltar una lágrima, si estamos susceptibles a ello) como tantas otras películas navideñas, Que bello es vivir nos propone un ejercicio intelectual de lo más interesante: ¿Cuál es la huella que dejamos tras nosotros?


2. Gremlins

Vaya cambio, ¿no? Pasamos de un drama familiar de los 40 a una comedia de terror de los 80… Sin embargo, no es un salto tan descabellado, ya que tienen puntos en común: el pueblo de Gremlins fue rodado para recordar en algunos momentos al de Qué bello es vivir y, de hecho, escenas de la segunda aparecen en la primera (sin duda como contraste entre la navidad tópica y la historia gamberra que se pretendía).

Dudo que esta recomendación (con un toque nostálgico ochentero que hará las delicias de quienes la conocimos de críos) le sea desconocida a nadie, pero os hago un resumen. Un padre decide hacer un regalo original a uno de sus hijos y lleva a su casa un extraño animal, que le venden con 3 advertencias: no debe exponerse a la luz del sol, no debe mojarse, y nunca (nunca) debe comer después de la medianoche.

Por supuesto, las reglas serán incumplidas, con catastróficos resultados para la familia y un pueblecito que va a pasar las peores navidades de su Historia. Humor negro y gamberro, bichos monos y monstruos sazonan el espíritu navideño en una película que nunca pretendió ser una obra maestra, pero exuda entretenimiento por los cuatro costados. La segunda parte también tuvo su punto de interés, pero perdiendo toque navideño.


3. Los Teleñecos en Cuentos de Navidad (The Muppet Christmas Carol, 1992)

Ya hemos citado antes el clásico de la literatura de Charles Dickens, Cuento de Navidad, versionado hasta la saciedad. ¿Qué demonios es lo que me impulsa, entonces, a recomendaros esta versión en concreto? Dos palabras (vale, una): Tele-ñecos. La rana Gustavo como Bob Crachit (con Peggy como su mujer, claro), Gonzo como el mismísimo Charles Dickens y muchos otros personajes haciendo su aparición, toda la película posee ese toque especial que los Teleñecos dan a una producción.

Podéis esperar humor, sentimientos y una banda sonora de calidad a lo largo de toda esta película mientras revisáis la historia clásica, en donde el avaro Ebeneezer Scrooge (que concedió su nombre original al tío Gilito, por cierto) se ve obligado a replantear su vida de codicia con la aparición de tres fantasmas en la noche previa a la Navidad. ¿He mencionado que el actor que interpreta a Scrooge es Sir Michael Caine?¡Sir Michael Caine con una capa victoriana, diciendo Paparruchas (Humbug, en el original)!


4. La Jungla de Cristal (Die Hard, 1988)

Volviendo al momento revival nostálgico ochentero... Habrá quien mantenga que las violentas peripecias del detective de policía John McClane no tienen demasiado espíritu navideño, pero serán aquellos que nunca hayan estado en una cena de empresa que se haya salido de madre. Una hija de su época (en suma, una película de acción de los 80 al uso), Jungla de Cristal fue la película que catapultó a Bruce Willis a la fama, y que consiguió no una, sino tres secuelas.


McClane deberá enfrentarse a una banda de terroristas que han tomado el edificio en donde su esposa está celebrando la fiesta de navidad de su empresa... Un argumento tan sesudo, que fue utilizado casi como plantilla para la segunda parte, en donde McClane debe enfrentarse a una banda de terroristas para conseguir que el vuelo de su esposa aterrice con seguridad... También en Navidad. ¿Qué es lo que valida recomendar la primera frente a la segunda parte, copias aparte? ¿La frase Ahora tengo una ametralladora. Ho, ho, ho es lo bastante navideña y molona para ustedes?



5. Solo en casa


Un clásico entre los clásicos de las películas navideñas, y una película simpática que cumple su función de entretener y hacer reír. En Solo en casa, el joven Kevin es olvidado por su familia (numerosa, vale, pero no es excusa para hacer sentir tan poco querido a un niño) en casa mientras se van a celebrar la Navidad fuera. Unos ladrones intentan robar la casa mientras tanto, y el niño se dedica a ponerle trampas de todo tipo para evitarlo, con todos los recursos a su alcance.


Añadan a los múltiples (y en general ingeniosos) gags de golpes y porrazos (muy disfrutables si ustedes gustan de esas cosas), la siempre excelente banda sonora de John Williams. Abstenerse, eso sí, todo aquel que no disfruten con las películas familiares y con ambientes navideños demasiado extremos (que no ñoños, sin embargo).





6. Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare before Christmas, 1993).

Me extrañaría que alguien no haya oído hablar / haya visto esta película de animación de 1993, que se grabó a fuego en las mentes de los niños de la época, y que fue resucitado años después en forma de incesante merchandising. Tim Burton volvió a aplicar sus oscuras filias para crear una historia en donde Jack Skellington, el habitante más célebre de la ciudad de Halloween, termina cansándose de preparar los terroríficos desfiles anuales de la ciudad.

Es entonces cuando, por casualidad, es capaz de salir de su entorno habitual y entrar en contacto con el mundo de la Navidad. Fascinando por un concepto que le es completamente ajeno, Jack decide intentar apropiarse de él, adaptándolo a su propia idiosincracia, y sustituyendo al mismísimo Santa Claus, de ser necesario. Navidad, monstruos y buenas e ingeniosas canciones con una animación más que novedosa para su época, pero que aún no ha pasado de moda.


7. A Christmas Carol (especial navideño de Doctor Who, 2010)

Vale, he hecho trampa. Esto no es una película, como mucho es un mediometraje. Doctor Who es una serie británica de culto desde los años 60, y tiene en su haber (en su primera encarnación) ser la serie más longeva del mundo. Pero eso no es importante para disfrutar de este episodio especial navideño de la serie, sencillamente brillante. ¿Qué es necesario saber? Sólo esto: el Doctor es un excéntrico alienígena de aspecto humano, que viaja a través del tiempo y del espacio (a menudo con acompañantes humanos) en una cabina azul, viviendo aventuras y desfaciendo entuertos.

En A Christmas Carol (aún no doblado al castellano, lo lógico sería que fuese Cuento de Navidad), el Doctor se encuentra con que el crucero espacial en el que viajan unos amigos suyos está a punto de estrellarse contra un planeta, a menos que consiga desactivar una maquinaria que controla la meteorología del mismo. Sin embargo, para ello deberá convencer al avaricioso magnate local, Kazran Sardick, que no parece estar muy por la labor. Para conseguirlo, el Doctor viajará a la infancia de Sardick para intentar cambiar su amargada forma de ser en el futuro, en una historia que emocionará y hará las delicias tanto de recién llegados como de amantes de la serie.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hasta que volvamos a vernos, Mamama

Hace tres días que te fuiste. Siento el orgullo de, como primer nieto, haber podido rebautizar a mis dos abuelos maternos de una forma que aún perdura, más de dos décadas después, en el vocabulario familiar. Mi abuelo se convirtió en Papapa y tú en Mamama; el último nombre tenía algo más de sentido en tanto que eras la mamá de mi propia mamá. Incluso tu casa (desde hace unos años la mía) era, y espero seguirá siendo, casa de Mamama.

Hoy cumplirías 81 años, si la Muerte no te nos hubiese arrebatado por sorpresa. Dejas tras de ti un vacío irreemplazable: una madre, un marido, muchos hijos y nietos... Y un amor, preocupación, cariño y entrega por todos los que le rodeaban que difícilmente podrá ser igualada pero que se intentará, día a día, entre todos. Hoy, pese a la tristeza que atenaza mi corazón y mi garganta, y las lágrimas que afloran a mis ojos, elijo recordarte en mis propios términos.

Elijo recordarte siendo tú. Diciendo, día sí día también, lo rica que estaba la tarta cada vez que había una celebración (aniversario, cumpleaños o santo), después de haber cocinado tanto, como cada domingo, que las sobras podían habernos dado de cenar otra vez a todos (a algunos nos daba hasta media semana). Preguntándome si estaba bueno lo que comía, comentando como estaba el pan, si no quería postre. Llamándome para rebañar la pota de besamel cuando hacía macarrones.

Me quedo con recuerdos vívidos que asocio contigo. Tu vestido de verano, morado con topos blancos, verte charlando en las sillas de la playa con las hermanas Escolar, en las casetas de Gijón, en la escalera 14 del muro. El sabor del turrón de pistacho en navidades. Tu risa cuando aceptabas una broma. Adormilarme con tu voz, la de Papapa y la de tu madre, Cana, cada vez que iba en coche a Gijón con vosotros y rezabais el rosario juntos.

Era el mismo coche en donde aprendí de memoria las canciones de El Consorcio. No solías cantar, pero cuando lo hacías sonaba como los ángeles, y es con ellos con quien cantas ahora. Te recuerdo llamándome cariñosamente chato, aunque hace bastante tiempo que dejé de serlo, y, más veces aún por nombres que no me correspondían: Nacho, Rober, Javi, Jesu... Nombres de hijos y nietos que se superponían los unos a los otros, aunque supieras perfectamente quiénes éramos; también usaste mi nombre incontables veces para llamar a otros.

Te recuerdo riñendo con Cana por lo que fuese (te recuerdo enfadada una vez que le llamé la atención), no captando el sentido del humor de mi abuelo, llorando por desgracias familiares. Te recuerdo contándome el día de tu boda (como estabas triste porque la muerte de mi bisabuelo estaba reciente), como viviste el asedio de Oviedo (tu Oviedo del alma, como te enorgullecías de sus títulos: muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo) y pasasteis la guerra en La Bañeza. Historias de mis tíos, o de mí mismo de pequeño, expresiones infantiles (megüí, toña toñala, chinflos) que has hecho perdurar hasta hoy.

Gracias a ti, habrá veces que sé entender (y decir) lo que es una chisma, un bichu o una cacharra, aunque los tres términos se usasen indistintamente y de forma indiscriminada. Si alguien dice los de los pelos, pensaré en Los Simpson y en ti. Diré adrede chifonier o llamaré manferlán a la primera prenda de ropa a la que no sepa poner nombre. Jamás (y lo pregunté tanto a ti como a Cana) sabré porqué, pero sé que cuando algo sale mal por un cúmulo de casualidades, no es que el Diablo esté ocioso y mate moscas con el rabo, sino que, extrañamente, el Diablo tiene cara de conejo.

Gracias a ti sé que, salvo fuerza mayor, es de rigor comer a las 2 de la tarde (días laborables; 2 y media los festivos), y merendar a las 6. Faltaría más. Que el chocolate negro (estoy comiendo ahora la última tableta que compraste) es el mejor del mundo. Que es mejor bajar las persianas de la habitación si vas a encender la luz de noche, para que los del edificio de enfrente no cotilleen (¡cuánto me acordé de ti hace un par de días, cuando vi perfectamente a un individuo en su habitación, frente a la de Cana, con la luz y ni siquiera cortinas!). Que pijo es una palabrota, y del copón, una expresión malsonante.

Gracias a ti sé que, si mirando el tiempo no me gusta la previsión, siempre puedo esperar a ver el de otra cadena, a ver si en vez de lluvia da huevo frito, o incluso sol. Que los Aries son personas difíciles, los Tauros cabezones y que a los míos, los "Leoncios", no se nos puede decir lo que tenemos que hacer. "Verdades" astrológicas que fuiste comprobando empíricamente con todos los miembros de familia y aledaños que pusiste, hasta convertirlas en dogmas de fe.

Aunque te hayas ido, aún te veo orgullosa por algunas de mis notas, diciéndome que voy a llegar a catedrático; sé que velaste por mí durante el examen del martes. Te veo saludándome cada mañana cuando coincidíamos en la cocina, fuese durante el desayuno o no. Esperando que te felicitase el día de la madre, aunque no fueses la mía. En el fondo, tú eras una madre de todos, la cabeza de nuestro particular panteón familiar, y como tal recibías a propios y extraños.

Te veo la última vez que nos vimos, como en su día me pasó con mi padre (dale un abrazo muy fuerte de mi parte, le echo de menos), en la habitación de un hospital. Me dijiste que nos veríamos en unos días, y ya no lo hicimos más; por mi parte, sólo volví a verte dormida, muy dormida, pero aún con una belleza que ya hubiese querido tener Eva Perón de haber podido llegar a los 80 años.

Tardaremos (creo) en volver a vernos, salvo que te den algún permiso en sueños, aunque los creo limitados (la noche de tu funeral vi a mi padre, pero sólo pudimos hablar con los ojos, y poco de ello persiste en la vigilia). Pero sé que nos cuidarás con mas ahínco incluso que antes en tus ratos libres, cuando no estés haciendo lo que siempre dijiste que harías: viajar por el mundo desde allá arriba. Te quiero mucho y sé que algún día volveremos a vernos... Y cuando ambos estemos al otro lado volveremos a tener algo más que recuerdos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Maus (3)

A pesar de no intentar transmitir ideas sionistas, es imposible negar que todo el entorno de Maus se mueva dentro de un microcosmos semita que ignora, consciente o inconscientemente, una perspectiva más amplia del fenómeno del Holocausto. Aunque este término no aparece en ningún momento en la obra, el entorno de Maus parece referirse únicamente a la Shoah judía, y no a una consideración del Holocausto que se haga extensiva, por ejemplo, a gitanos, eslavos u opositores políticos, entre muchos otros que hallaron la represión y muerte en los campos de concentración nazis. Sólo una gitana aparece al final del libro (retratada como un exótico insecto alado), ya después de la guerra.

En todo el libro, únicamente pueden verse en el contexto de Auschwitz una persona con opiniones políticas opuestas al Reich (un judío comunista), y varios polacos: un sacerdote y mayoritariamente kapos (o capos, abreviatura de Kamppolizei, una policía del campo consistente en general por otros prisioneros, que para mantener sus privilegios de trabajo, rivalizaban con las SS en dureza y crueldad; la amistad con los capos era fundamental para sobrevivir en los campos de concentración). [1]

Personalmente, creo esta situación no surge de una manipulación expresa por parte de ninguno de los Spielgeman (ni Vladek ni Art), sino de una consecuencia coherente de su vida dentro de un entorno profundamente marcado por la condición judía, en ambos casos. El Holocausto era en el hogar de los Spiegelman no sólo recordado, sino vivido, mucho antes de que la serie homónima masificase la introducción de sus horrores a través de la serie de televisión homónima, en 1978. El vecindario de Vladek (donde se crió Art) es no sólo judío, sino al mismo tiempo también lugar de residencia de numerosos supervivientes de los campos (como resulta serlo también el terapeuta de Art).

Que este entorno es determinante para cualquiera que lo viviese es claro; al hablar de una ex-novia suya con su mujer, Art llega a admitir: Vamos. Solo salí con ella para superar mis prejuicios contra las judías neoyorquinas de clase media. Me recuerdan demasiado a mis parientes para resultar eróticas, así que… [2] La vida de Vladek en Polonia fue muy similar en este sentido, con una vida social judía en Polonia incluso antes de los guetos, la persecución nazi y los campos de concentración.

No es extraño que Art decidiese escribir Maus, porque la sombra que el Holocausto proyectaba sobre su vida familiar era grande, aún desde su infancia, y siempre reduciendo el Holocausto al nivel de la Shoah. El peso de la memoria transmitida por su padre (que, si recordamos Rat, y a tenor de los comentarios del siguiente párrafo, lo fue así desde su más tierna infancia) hubo de ser sin duda abrumador, y la univocidad de su punto de vista, probablemente, debe achacarse a que Maus no sea tanto un intento de reivindicación histórica como de un ejercicio de catarsis personal del autor.

Pensaba en el libro… Es tan pretencioso por mi parte…, se desahoga Art con su esposa. Es decir, ni siquiera consigo dar sentido a la relación con mi padre… ¿Cómo voy a dárselo a Auschwitz…? ¿Al Holocausto? [3] Aquí está la clave, la muestra más explícita de como Maus es, esencialmente, un viaje dantesco con un paraíso final incierto, el intento de purga de una triada de angustia (los demonios del padre se transmiten al hijo y enrarecen la relación entre ambos), entretejida en torno al Holocausto.

De niño solía pensar a cuál de mis padres dejaría que los alemanes metieran en los hornos si sólo pudiera salvar a uno…, admite Art antes de pasar a hablar del recuerdo presente de Richieu, su hermano que murió durante la guerra, con cinco o seis años (Nunca me sentí CULPABLE por lo de Richieu. Pero sí tenía pesadillas en las que las S.S. entraban en mi clase y se llevaban a todos los niños judíos). Concluiré con una última cita, que creo que representa a la perfección el hecho de que Maus es un ejercicio de superación de la memoria: No me malinterpretes. No es que estuviera obsesionado… Sólo que a veces imaginaba que de la ducha salía Zyklon B en vez de agua. [4]


[1] VAN GALEN, Last y WOLFSWINKEL, Rolf, Anne Frank and after, Amsterdam University Press, 1996, pág. 159.
[2] SPIELGEMAN, Maus, op. cit., págs. 172.
[3] Ibid., pág. 174
[4] Ibid., págs. 174-176.

martes, 28 de junio de 2011

Maus (2)

Esta era una de las razones de Spielgeman para asimilar gráficamente a los judío como ratones, lo que juega con la dicotomía con la agresividad depredadora del “felino” régimen nazi, pero no la única. El propio Spiegelman reconoció en una entrevista reconoció lo intencionadamente absurdo del planteamiento: en último término, lo que trata el libro es la igualdad de los seres humanos. Es absurdo crear divisiones por fronteras nacionales, raciales o religiosas. [1]

Podemos encontrar muestras de este absurdo a lo largo de toda la obra. Mientras están ocultándose en Polonia, los judíos ocultos a plena luz del día aparecen dibujados con una máscara de cerdo entre los cerdos polacos. En una escena concreta en Auschwitz, un prisionero insiste ante los guardias que él es alemán como ellos; su cara de desesperación se refleja en dos viñetas paralelas, con cara de ratón judío y de gato alemán, breve muestra del absurdo clasificatorio.

Incluso, en un proceso metanarrativo, Spielgeman nos llega a contar sus dudas para dibujar a distintos personajes. ¿Qué animal debería ser su mujer, de nacionalidad francesa? La sugerencia es rechazada, por ser un animal demasiado dulce y tierno (No olvidemos siglos de antisemitismo… ¿Qué pasa con el caso Dreyfus? ¡Los colaboracionistas! Los…, contesta Art [2]). Y el mismo autor se hace confrontar a la pregunta de un entrevistador ficticio (Si el libro tratara de judíos ISRAELÍES, ¿qué tipo de animal dibujaría?, la violencia de su pregunta no es incoherente con el hecho de que se oculta tras una careta de ratón), seguida de una respuesta llena de matices (Ni idea… ¿Puercoespines?). [3]

Y es que, aunque la identidad semita es un tema importante dentro del libro, el autor no deja de hacerse preguntas difíciles a sí mismo, pero, más aún, las lanza al aire hacia los lectores. …Es una de las cosas que me preocupan que me preocupan para el libro que preparo sobre él…, dice Art, en cierto modo coincide con la caricatura racista del viejo judío avaro, [4] y se debate si la personalidad egoísta, gruñona y tacaña de Vladek Spielgeman sea fruto de sus vivencias durante el Holocausto, únicamente suya, o una mezcla de ambas (Quizá Auschwitz le hizo así, dice la mujer de Art; Quizás, pero mucha de esta gente son supervivientes, como los Karp, y si les afectó fue de un modo muy distinto, replica éste). [5] Una de las ventajas de haber editado el libro en dos volúmenes es que Spielgeman pudo enfrentarse a la crítica y exteriorizar sus reacciones ante la recepción de su obra.

Otro tema importante y crítico a este respecto es planteado por el mismo en la misma escena de entrevista ya mencionada (ficticia, simbólica y angustiosa, donde muchas ideas en torno al cómic son lanzadas al aire), una breve mención a las consecuencias de la memoria del Holocausto. Un periodista con careta de gato pregunta por la influencia en la sociedad alemana: Muchos jóvenes alemanes están HARTOS de historias sobre el Holocausto. Todo ocurrió antes de que nacieran. ¿Por qué deberían sentirse culpables? La respuesta de Art parece desesperada, pero intenta mitigar la culpabilización alemana extendiéndola aún más: ¿Quién soy yo para decirlo?, musita, Pero muchas de las empresas que florecieron con el nazismo son más ricas que nunca. No sé… Quizá TODOS deberíamos sentirnos culpables. ¡Todos! ¡Para siempre! [6]

El carácter biográfico de la obra (la narración de Vladek Spielgeman) se ve complementado por los rasgos autobiográficos del autor, ya que Maus no presenta únicamente la historia de las penurias vividas por Vladek, sino el proceso de creación de la obra en sí, una narración del pasado intercalada por las relaciones (por aquel entonces presentes) entre los protagonistas. Esto nos permite observar las consecuencias de la vida de Vladek, y el entorno en el que se crió Art.

Quizás el momento más tenso entre ambos es en el que Vladek admite que, tras la muerte de su mujer, en un momento duro para él, quemó los cuadernos de memorias de su Anja, en donde ésta relataba sus vivencias durante la guerra y en los campos de concentración. Art se enfrenta a su padre, con el que nunca tuvo la mejor de las relaciones, con durísimas palabras (¡Maldito seas! ¡Eres un… asesino! ¡Cómo has podido!), [7] lo que demuestra la importancia que se le transmite a un objeto depositario de memoria, al que se considera como baluarte de vida (a nivel personal) e Historia (a nivel global).

No es el único ejemplo que puede constatarse respecto a la dicotomía entre el nivel personal y el referido al Holocausto. Incluido dentro de la narración, encontramos Prisionero en el Planeta Infierno [8], un cómic independiente e intimista en donde Art desahogó sus sentimientos tras la muerte de su madre, que se suicidó cuando él tenía 20 años, sin dejar siquiera una nota, y apenas tres meses después de superar una breve pero intensa crisis nerviosa.

Spiegelman se autorretrata con uniforme carcelario, y su sentimiento de culpabilidad (aunque como razones del suicidio también se barajan una depresión postmenopáusica y el trauma del Holocausto) es omnipresente; en una estremecedora expresión de dolor, culpa y rabia, el cómic termina (en una prisión gráficamente real, pero metafórica en cuanto a la biografía del autor) con este alegato: Bien, mamá, si me estás oyendo… ¡Felicidades! Has cometido el crimen perfecto… Tú me metiste aquí… Cortaste todos mis circuitos… Mis terminaciones nerviosas… Y ¡me cruzaste los cables…! ¡Me mataste, mami! ¡¡¡Y me has dejado cargar con la culpa!!! [9]

La visión del Holocausto como un acontecimiento histórico terrible, de consecuencias personales irreparables, combinadas con la culpabilidad de Art por el suicidio de su madre contrasta magistralmente con la sesión de Art con su psicólogo, Pavel, también superviviente de Auschwitz. Pavel habla a Art de la culpa del superviviente (síndrome habitual entre aquellos que han estado en contacto con la muerte física o psíquicamente y han permanecido vivos), [10] que bien pudo sufrir su padre, pero también presenta una alternativa a la trampa psíquica que supone la memoria traumática cuando se le pregunta si siente culpa por haber sobrevivido a los campos, y responde sencillamente No… Sólo tristeza. [11]


[1] BOLHAFNET, J. Stephen (October 1991). The Comics Journal. 145. pág. 96.
[2] SPIELGEMAN, Art, Maus, Random House Mondadori, Barcelona, 2007, pág. 117.
[3] Ibid., pág. 202.
[4] Ibid., pág. 133.
[5] Ibid., pág. 182.
[6] Ibid., pág. 202.
[7] SPIELGEMAN, op. cit., págs. 160-161.
[8] SPIELGEMAN, Art, “Prisoner of the Hell Planet”, Short Order Comix nº 1, Head Press, Enero de 1973
[9] SPIELGEMAN, Maus, op. cit., págs. 105.
[10] LIFTON, Robert Jay, Death in life: survivors of Hiroshima, Random House (New York City), 1968, pág. 479.
[11] SPIELGEMAN, Maus, op. cit., págs. 204.

miércoles, 22 de junio de 2011

Maus (1)

Maus (a veces acompañado por el subtítulo de Relato de un superviviente) es el título de una novela gráfica creada por Art Spielgelman, en la que narra las vivencias de su padre en la difícil situación de una Polonia cada vez más influenciada por el Tercer Reich, hasta que fue encerrado en el campo de concentración nazi de Auschwitz. La obra mereció, en 1992, lograr un Pulitzer, siendo hasta la fecha el único cómic en alcanzar tal honor (uno más entre los muchos premios con los que ha sido galardonado).

En 1977, Spielgeman comenzó a editar episódicamente su historia en la revista RAW, que coeditaba junto a su mujer François Mouly, desde su número 2, pero detuvo la publicación en 1986, cuando intentó paralizar el estreno de la película de animación An American Tail (comercializada en España como Fievel y el Nuevo Mundo) de Spielberg, que presentaba las peripecias de una familia de ratones judíos procedentes de Rusia que se veían obligados a emigrar a Estados Unidos por la violenta presión de gatos cosacos.

La demanda se consideró improcedente, y Spielgeman decidió dividir Maus en dos volúmenes, publicando su primer tomo (Mi padre sangra Historia) ese mismo año de 1986. [1] La narración de Maus fue reiniciada en RAW en 1989 hasta que alcanzó su final. Unidas éstas a las últimas entregas de 1986, en 1991 se publicó el volumen II (Y aquí comenzaron mis problemas); no sería hasta 2003 que ambos volúmenes fueran publicados conjuntamente en un único ejemplar.

El título de Maus no proviene como referencia al carro blindado alemán (el Panzer VIII Maus), sino al significado literal de la palabra alemana maus: ratón. Y es que quizás la característica más llamativa de la obra sea la zoomorfización de los personajes reales, un zoomorfismo consciente y metafórico que no reduce la crudeza de la obra. Los protagonistas judíos de la obra, por ejemplo, son dibujados siempre como ratones antropomórficos, en oposición a las autoridades nazis, presentadas como gatos. Otros ejemplos son los polacos (identificados como cerdos), los franceses (ranas), los suecos (ciervos) o los estadounidenses (perros).

Una especie de prototipo de la obra ya había aparecido en un cómic underground, Funny Animals, en 1972, en donde un padre ratón cuenta a su hijo, antes de dormir, la historia de cómo los “kattos” trataron a los ratones durante la guerra de su juventud. Las diferencias más claras entre Maus y este relato precursor (Rat) se presentan en el estilo narrativo, tanto visual como escrito: no se aprecia tan claramente el componente autobiográfico, y la metáfora zoomórfica para representar a judíos y nazis resulta aquí mucho más burda, ya que se entiende en el contexto de un mundo totalmente animal. [2]

El antropomorfismo (la concesión de cualidades o formas humanas a animales o cosas) ha estado íntimamente ligado al imaginario humano desde los tiempos más remotos, desde representaciones animistas prehistóricas hasta la literatura infantil de los últimos dos siglos, pasando por el género de las fábulas. Con estos antecedentes, no debería sorprendernos que, dentro del contexto del cómic, no sea inhabitual la utilización de la narrativa a través de animales.

Los cómics de animales antropomórficos (o funny animals) dominaron el terreno editorial durante gran parte de los años 40. Posteriormente, han sido utilizados incluso para el tratamiento de temas más serios; es notable en este sentido como Steve Gerber hizo crítica política y social (no exenta de cierto surrealismo y fantasía, no ajeno su condición de cómic mainstream) en los años 70, con su breve colección Howard the Duck. El mecanismo inverso, sin embargo, no es tan habitual en cómic, aunque tiene un sentido muy concreto en Maus.

La presentación gráfica de los personajes en categorías absolutas bebe directamente, en este sentido, de la ideología nazi; o del imaginario que creado en torno a ellos: según un cónsul polaco con quien trató Spiegelman, los nazis utilizaban el epíteto de schwein (cerdo) al tratar a los polacos. Los judíos eran directamente considerados como alimañas (algo que justificaba, por asociación de ideas, su exterminio; tal calificación les deshumanizaba, acentuaba y racionalizaba la sensación de necesidad de una descontaminación). [3]

Si como epígrafe de la primera parte de la novela gráfica citaba a Hitler (Sin duda los judíos son una raza, pero no humana), Spielgeman incluye una cita de un artículo de periódico de mediados de los 30 en la Pomerania, que rezaba así: Mickey Mouse es el ideal más lamentable que jamás haya visto la luz… Un sentimiento sano indica a cualquier joven independiente y a toda juventud honorable que esa alimaña sucia e inmunda, el mayor portador de bacterias del mundo animal, no puede ser el tipo ideal de animal. […] ¡Fuera la animalización judía del pueblo! ¡Abajo con Mickey Mouse! ¡Lucid la cruz gamada! Vicente Domínguez García interpreta esto como un distanciamiento con los funny animals disneyanos. [4]


[1] WISEK, Joseph (ed.), Art Spielgeman conversations, University Press of Mississippi, 2007, págs. 72-73.
[2] Quién lo desee, puede consultar íntegramente las tres páginas que componen la microhistoria Rat en http://concdearte.blogspot.com/2007/06/maus-antes-de-maus.html
[3] HIRSCH, Herbert, Genocide and the politics of memory: studiying death to preserve life, UNC Press Books, 1995, pág. 102.
[4] DOMINGUEZ, Vicente, Tabú: la sombra de lo prohibido, innombrable y contaminante, Vicente Domínguez, pág. 192, Universidad de Oviedo, 2005.

jueves, 16 de junio de 2011

X-Men: Primera Generación (2)

Quisiera empezar con las palabras de un amigo, cuya primera impresión respecto a X-Men: Primera Generación fue que tenía "una pinta de película de serie B para fans increíble". Uno de mis mejores amigos, amplio conocedor de los mutantes, respondió a mi sugerencia de ir a verla con la rotunda afirmación de que pasaba "de más Marvel inventado". Lo cierto es que el planteamiento de la misma era extraño (que no inapropiado) en varios sentidos.

En primer lugar, estaba ambientada en los 60. Un detalle que encajaba a la perfección con lo presentado en la trilogía original (no en vano, la infancia de Magneto en un campo de concentración nazi requería esa distancia cronológica), y resultaba un guiño al origen editorial del cómic X-Men (luego Uncanny X-Men) en 1963, pero que presagiaba un estilo quizás demasiado retro para los tiempos que corren.

En segundo lugar, y dejando aparte a Xavier y Magneto (el desarrollo de cuya amistad aparecía como el reclamo más importante de la película), los estudiantes originales de la escuela Xavier para Jóvenes Talentos se correspondían muy poco con sus homólogos del cómic, y ni siquiera con los profesores de la escuela (Cíclope, Jean Grey, Tormenta; esta última haciendo un cameo en Cerebro) que aparecían en las primeras películas. De hecho, tan sólo la Bestia correspondía con el quinteto original de los cómics y, al mismo tiempo, había aparecído en X-Men: el desafío final (Mística había sido un personaje recurrente en anteriores películas, pero no perteneció a la Patrulla-X).

No obstante, la película consiguió convertir posibles defectos en virtudes. El contexto ganó empaques al poner parte de su peso en la situación política mundial de la Guerra Fría y, más concretamente, en la crisis de los misiles cubanos, y poder ver a Erik Lensherr (aka Magneto, interpretado por un Michael Fassbender en estado de gracia. ¿Alguien más le ve como James Bond?) cazando criminales de guerra nazis añade cierto interés al metraje. Quizás lo más negativo de esto sea la ingenuidad de las fuerzas de seguridad estadounidenses (atención al padre de William Stryker, villano de X-Men 2) y una estética ligeramente excesiva en lo sesentero (si bien el aspecto de la Reina Blanca es apropiado en el entorno del Club Fuego InfernalSebastian Shaw recuerda por momentos a Hugh Hefner).

Respecto al reparto de personajes, el uso de personajes es adecuado para conseguir una distribución más o menos interesante de poderes, con guiños a los seguidores del cómic (Kaos, hermano de Cíclope; Banshee, miembro desde la Segunda Génesis) y personajes menores (Ángel Salvadore, Darwin) que proporcionan algunos minutos interesantes de metraje, mientras que el peso de esta plantilla de segundo nivel recae especialmente en Bestia y Mística.

Entre ambos se plantean los complejos físicos que acompañan a algunos mutantes y prácticamente a todos los adolescentes, destacando el simbolismo que la Patrulla-X siempre ha tenido (y por ello ha sido la colección preferida por minorías raciales, sociales o sexuales durante muchos años): la sensación de no encajar en la normalidad del mundo, de ser temido, despreciado u odiado por el resto, la alienación que en algunos es una fase, y en otros toda la vida, en suma.

¿Es X-Men: Primera Generación una buena película? Sí, aunque no exenta de fallos. Los guionistas parecen perder la capacidad para mostrar el carisma de Magneto durante los últimos minutos de metraje, a pesar de que lo han mantenido en alza durante toda la película, y la personalidad de Xavier también evoluciona negativamente de un personaje real a un santurrón, por ejemplo. Los posicionamientos morales parecen haberse dejado (en general) para una mayor profundización en otras películas (se habla de que la FOX pretende conformar una nueva trilogía). Pero personalmente considero que esta adaptación/revisión posee más virtudes que defectos, y es una buena forma de reengancharse a la cinematografía mutante.

viernes, 10 de junio de 2011

X-Men: Primera Generación (1)


Mi primer contacto con la Patrulla-X vino de mano de la serie animada de los 90 (os pondría la música del opening, pero aparentemente la han vetado en youtube), que a pesar de beber de la estética de esa década maldita (al menos, para los cómics) versionaba historias clásicas de la Patrulla con pocos defectos, entre los que podemos destacar la extraña voz de Lobezno (que sonaba como el teniente Colombo), y tener que soportar a personajes como Gambito (nuff' said!) o Júbilo (esa irritante combinación de Punky Brewster y Tapón, el de Indiana Jones y el Templo Maldito).


En los tiempos en que Internet era escaso, la única noticia que tuve de la peli de X-Men (2000) dirigida por Bryan Singer fue una noticia en el periódico durante la última estancia hospitalaria de mi padre en Santander... Ni siquiera me enteré de su estreno en cines, y sólo la vi tras su estreno en VHS. Aunque si se les hace un revisionado probablemente tengan un ritmo demasiado lento, lo cierto es que X-Men abrió la puerta a las consiguientes adaptaciones cinematográficas de cómics, con una estética reconocible (¿que preferiais, licra amarilla?) y una buena elección de actores (como el por entonces desconocido Hugh Jackman como Lobezno, clavado salvo en la altura).


X-Men 2 (2003) continuó la saga con una historia ligeramente inspirada en la novela gráfica Dios ama, el hombre mata, sin desmerecer como película, pero palideciendo si se compara con las ambiguedades morales y las reflexiones que despertaba la obra original, en donde los mutantes (tanto los pro-convivencia de Xavier como la Hermandad de Magneto) debían enfrentarse a una verdadera yihad anti-mutante extendida por Estados Unidos gracias a la movilización del reverendo William Stryker. X-Men: la decisión final (2006, ya no dirigida por Bryan Singer ya que éste dirigía entonces Superman Returns) a pesar de introducir nuevos ingredientes interesantes (la introducción de "la cura", conflictos mutantes a escala masiva, nuevos personajes queridos por el público) falló en adaptar la saga de Fénix Oscura de los cómics, quedando reducida a un mero pastiche.


Muchos proyectos cinematográficos se barajaron a partir de entonces, realizándose únicamente una (olvidable) película de Lobezno. De hecho, los rumores de que la FOX iba a realizar una nueva película con el único deseo de impedir que Marvel recuperase los derechos cinematográficos mutantes no presagiaba nada bueno. Sin embargo, el hecho de que Bryan Singer regresase a la saga (si bien como guionista, no como director) despertaba de nuevo las esperanzas en el mundillo; se sumaban así ingredientes para la creación de una nueva película.


El germen de esta película reside en un proyecto anterior, que se encaminaba a contarnos los primeros días de Magneto, desde su infancia en los campos de concentración nazis (recomiendo a los interesados en esto último que se lean Magneto: Testamento) hasta conventirse en el villano que todos conocemos. Combinando esto con la posibilidad de conocer a un joven Xavier y desarrollar la amistad entre ambos, y sus diferencias de posiciones respecto al destino de los mutantes (el sueño de convivencia de Xavier frente al de dominación total de Magneto) toma forma la precuela que es X-Men: Primera Generación, interesantemente anclada cronológicamente en los años 60, precisamente cuando empezaron a publicarse las aventuras de los mutantes.

¿Merece la pena ver esta precuela? ¡La respuesta, en 6 días, porque este post se me ha ido totalmente de las manos y se ha convertido en un prólogo!

sábado, 4 de junio de 2011

3x07. De ser o no ser (monitor)



Chicos, como ya sabéis, yo había sido monitor de tiempo libre para la organización juvenil Mar-Cha durante cuatro años. No obstante, había abandonado esa responsabilidad, consciente de que tenía cosas más importantes en las que centrarme, y un tiempo al que dedicar a mi propio futuro. Pero entonces, entonces llegó un día, un día como ningún otro (en Mayo del 2011), en el que los más numerosos monitores de Mar-Cha vieron reducido su número a la hora de ir a la Warner con los chavales... ¡Ese día se me convocó a una suplencia!

Prácticamente acepté de inmediato, advirtiendo no obstante que tendría que confirmar si no tenía otros compromisos previos para esa fecha. ¿Por qué lo hice? Mentiría si dijera que fue totalmente por los chavales; en mi mente estaba la idea de ayudar a mis antiguos compañeros, pero, más aún, de poder convivir nuevamente con personas a las que hacía (demasiado) tiempo que no veía.

Para mí, la esencia de Mar-Cha se había convertido en esa oportunidad de vivir momentos especiales con gente no menos especial, y mi permanencia (más o menos intermitente) en la organización se había reducido a esas oportunidades. Hacía bastante tiempo que las dinámicas o las lecciones específicas no hacían mella alguna en mí... Al tiempo que cada vivencia con un amigo, de mi propia provincia o de otras, se revelaba como una auténtica lección de vida.

¿Qué saqué en limpio de esa suplencia, chicos, de ese, mi canto de cisne como monitor? Que ser monitor es un mundo de contrastes, y que había tomado una buena decisión. Que la sonrisa de un niño, sentir su respeto creciente cuando mantienes una conversación de persona a persona (charlando como si estuvieses a su nivel), o una mirada de cariño son un tesoro, nadie lo pone en duda. Que hay momentos en los que te ofuscan la cabeza hasta el punto en que sólo un nombre ocupa tu cabeza (Herodes), tampoco. La verdad, como suele ocurrir en estos casos, está entre ambas realidades.

No me arrepiento del tiempo que dediqué, de mis cuatro años como monitor, aunque puede que mi baremo en la universidad hubiese podido mejorar. Aunque recuerde apenas flashes, y pocos nombres de mis "monitorandos", he vivido grandes experiencias y he cimentado amistades muy interesantes y fructíferas. Reí, me enfadé, me sentí orgulloso. Dí un poco de vida, lo que estaba dentro de mis capacidades. Forgé el mito del hombre tranquilo.

Chicos, el pasado, en gran medida, es lo que da sentido a nuestra vida. Es nuestra propia obra de arte, única, personal e irrepetible y, como tal, nunca la terminaremos en lo que nos queda de vida. Merece la pena mirar hacia atrás, o revivir parcialmente una experiencia, pero nunca estancarse en el pasado. Era Mayo de 2011, y la aventura había terminado.

domingo, 29 de mayo de 2011

El Vosque


Mi pasión por los webcómics (aunque ampliamente incentivada últimamente) nació hace unos años gracias al blog de Randy (¿saben que Randy participa hoy día en el podcast Normas de Equivocación, por cierto?), gracias a ¡Eh, tío!, dibujado y guionizado por el genial Morán. Como todos saben (o no, porque aunque lo dije varias veces, fue ya hace años), el blog de Randy no sólo estaba ocupado por sus artículos, sino que se complementaba con el ambiente de compadreo entre los comentaristas del respetable (o no) público.

En este entrañable ambiente familiar convivíamos un montón de gente, a la que aquí sólo citaré a la que tiene blogs y demás por si quieren interesarse por ellos: a Miguel y Starsky les pueden encontrar en la (ya finadaAros de Cebolla, a Félix en su webcómic hecho con Paint, Repelux y su página de Deviant-Art, Charlie el Slowpoke con más reflexiones políticas, Victoria con su blog personal...

Y por supuesto, Laurielle. ¿Y por qué por supuesto? Hombre, porque El Vosque, webcómic que ha cumplido hace poco dos añitos, ha nacido por gracia de la pluma de Laurielle y el ingenio de Morán. ¿Pero de que va El Vosque, chicos?


Fantasía negra. ¿No es genial? ¡Vamos, denle una oportunidad! Asesinatos de árboles (y muchos más), fauna absurda y fauna peligrosa (¿alguien ha dicho cerdílopes?), misterios sobre misterios rebozados de humor... ¡Es uno de los mejores webcómics del panorama español, diablos, y merecería estar en un muse...! Digo, publicado en papel. Pero mientras tanto, es gratis... ¡Muy gratis!

Disfruten (imagínense mi voz como la del típico narrador de VHSs de Disney, si les place) de la fantasía, el humor y la intriga con la historia principal de El Vosque... Y no se pierdan las hilarantes peripecias entre bambalinas de los autores (y los personajes) en los woodies... ¡Creerán que romper el cuarto muro es una forma de vida!

Cerdílopes de arcilla. Díganme que no son adorables.
Díganme que no los aman.
Y ya para terminar, comentarles que el mes pasado tuve el honor (y el placer) de conocer tanto a Morán como a Laurielle en el Salón del Cómic. Me había hecho fotos con ambos, pero como un hijo de letón (para saber porqué no deben considerar ese apelativo como racista, vayan aquí) tuvo a bien robarme la cámara de fotos dos días antes de volver a casa al terminar las vacaciones, ya no me quedan muestras gráficas del momento (tampoco del momento en el que ambos se dieron cuenta de que se les había pasado el 2º aniversario de su creación).

Eso sí, ambos majísimos, ea. Como prueba, dejo aquí dos dibujacos que ambos tuvieron a bien hacerme en su momento y que, gracias al cielo (y a que estaban en formato papel, y no en la cámara) no me fueron sustraídas. Disfrútenlas, denles una oportunidad y... ¡No dejen de leerles!

Ninjata vs. Mafrune (ambos de ¡Eh, tío!)
El segundo grita ¡¡SANGRAAD!! El primero
responde Que apropiado, tú peleas como una vaca.
Cerdílope, el animal más achuchable de todo El Vosque,
en su forma más mortal y adorable (hasta la fecha).
Por cierto, Laurielle no me debe ningún dibujo, porque
lo hizo inmediatamente después. Está aquí.

lunes, 23 de mayo de 2011

3x06. Makkara makkara.


Chicos, como ya sabéis, durante la Semana Santa de 2011 viajé con mi amigo Carlos a Finlandia. Y fue un viaje accidentado. Tras nuestro periplo letón, tuvimos que viajar hasta Helsinki, y de ahí en tren a Tampere, antes de que fuésemos recibidos por nuestro amigo Jussi. Sabéis que normalmente os cuento este tipo de cosas para enseñaros una importante lección vital, pero este viaje contiene muchas, muchas lecciones... Os he hecho una lista.

1. CASH. Viajar siempre es caro, y siempre se suele gastar más de lo esperado; hasta ahí bien. Pero Finlandia es CARO con mayúsculas. Su generosas gentes contrastan con sus escandalosos precios, incluyendo una módica suma por utilizar un baño público (sea en la calle, un restaurante o una estación de trenes/autobuses).

2. HESBURGER. Junto a makkara, suomi y ruutupaita, hampurilaisateria se convirtió en parte de mi vocabulario básico en Tampere. Más barato (y sabroso) que un McDonalds (y desde luego que cualquier otra cosa en Finlandia), no pocos días subsistimos únicamente con nuestra ración vespertina del Hesburger, la cadena de hamburgueserías recomendada por 9 de cada 10 dentistas irlandeses.

3. DISTANCE. Las finlandesas son cobardes y supersticiosas. O al menos, tienen ciertas reglas de etiqueta. No las apuntéis con una luz brillante, no las mojéis y, sobre todo, nunca; repito, nunca les deis dos besos para saludar. Os ganaréis su enemistad mortal para el resto de vuestras vidas. Aunque puede pasar que ya os la hayáis ganado simplemente por existir, a veces pasa. Si es así, evitad, dentro de lo posible, futuros contactos después del frío e hipócrita Nice to meet you.

4. ID CARD. Si sois estudiantes, no dejéis vuestra tarjeta identificativa en casa. Vive Dios que los descuentos en museos y exposiciones merecen la pena, y compensan en parte otros precios. A excepción de las tiendas de regalos que, especializadas al parecer en el turismo japonés (¿?) mantienen su política de venta a precios exhorbitados.

5. FINLAND IS DIFFERENT. No os sorprendáis por nada. Es Finlandia. El museo de Lenin está a dos minutos del museo de los hipopótamos antropomórficos más populares del país. Si así lo deseas, puedes ir al Boxing Bingo después de tomarte una Berlusconi's pizza (¡elegida como mejor pizza del mundo!), y continuar el día alternando entre la sauna y bañarte en un lago helado.  Un lugar donde las tiendas de Navidad pueden vivir abiertas todo el año, y donde los vagabundos regresan del sur en primavera.

5. MEMO. Finlandia es una tierra de paisajes prodigiosos y todo tipo de cosas curiosas (como ya os he dicho), y no conviene que lo olvidéis. Vivimos en una sociedad de la imagen, pero ante todo tenéis que saber disfrutar de vuestros propios recuerdos. Si no atesoráis esos recuerdos, si por alguna razón vuestra cámara desaparece dos días antes de regresar a España... Se perderán como lágrimas en la lluvia. Un viaje (una odisea) es mucho más que unas fotos.

sábado, 14 de mayo de 2011

Giant-Size Astonishing Andrew and his Amazing Friends nº 1 (Séptima parte)

Y, recién llegado del Salón del Cómic de Barcelona (previa petición amistosa mía por mail), este Giant-Size cierra sus puertas (ahora sí, ya del todo) con un dibujo de Laurielle, dibujante de El Vosque, uno de los mejores web-cómics del panorama español actual. Le había comentado que si podía hacer algo con el Doctor Muerte y, además de hacerme un dibujito chulo aparte, me hizo el que "me debía" en un pispás, con el gracejo habitual que suele mostrar en sus woodies

Héroes y villanos,por Laurielle.

El Doctor Muerte fue el antagonista principal de Andrés y sus amigos en nuestra cuarta saga, y comparte aquí espacio con el misterioso asesino a sueldo de El Vosque... Pero su currículum homicida no es nada en comparación al de Calderilla, el hada soldado, o el semi-psicópata (o psicópata entero, depende, a veces literalmente, de las fases de la luna) Caballero Luna. Y tienen una risa malvada a juego. ¡No olvidéis entrar aquí si queréis saber más del asesino, Calderilla, u otros personajes de El Vosque!