sábado, 6 de noviembre de 2010

De armarios de baño y dudas existenciales

Hace tiempo, se me reprochó levemente que abriera y cerrara unos armarios de baño (relativamente nuevos) más de lo necesario, en lugar de dejarlos abiertos un poco más para evitar el movimiento lo más posible. La explicación que se me dio fue que eso ahorraba desgastes a la bisagra (o el nombre técnico exacto que tenga), evitando tener que renovar las puertas antes de tiempo.

No dije nada a todo esto porque, maldición, probablemente sea cierto, pero existe algo descorazonador en el hecho de que las cosas (ni siquiera los muebles) ya no se hagan para durar, ¿no les parece? Uno esperaría que los muebles, a pesar de no contar con la capacidad regenerativa que gozamos nosotros, los seres vivos, pudieran sobrevivir más o menos impertérritos a los estragos del tiempo (al menos, un poco más que nosotros).

Tampoco es que sea demasiado importante, un mueble de baño resulta tan banal (como legado, salvo que sea histórico y para analizar razones culturales a posteriori) como las enterradas estatuas del Ozymandias de Shelley. De todas formas, seguí con mi pensamiento (ya saben que mi mente funciona de formas misteriosas) y me centré en el hecho de la cualidad de los seres vivos de regenerarnos (hasta cierto punto) del paso del tiempo.

En cierta ocasión, alguien me explicó el envejecimiento con la metáfora de las fotocopias; es decir, se planteó la regeneración celular como intrínsecamente degenerativa, de tal forma que la replicación de las células termina haciéndose imperfecta con el paso del tiempo, lo que provoca el deterioro y finalmente muerte del ser vivo. A día de hoy, no se ha encontrado método de ralentizar, detener o invertir este proceso, como todos sabemos.

No obstante, ¿es deseable esto? Biológicamente, probablemente no; una criatura inmortal (por el paso del tiempo) es muy probable que se adaptase a huir de peligros varios para evitar la muerte, y desequilibrase un ecosistema entero en número. Pero, ¿sería necesario que se reprodujera demasiado, en esos casos? Recordemos que la reproducción puede considerarse como un instinto de conservación de la especie, derivado del instinto de conservación propio.

¿Cómo sería la raza humana, bajo esta perspectiva?

P.D: Podrán observar como esta disertación ha derivado ligeramente hacia la ciencia ficción. Si quieren observar elucubraciones de tipo científico-teórico respecto a la verosimilitud de distintos conceptos en películas y libros varios, no duden en visitar Ciencia + Ficción, el blog en pañales dedicado a ese respecto. ¡Digan que van de mi parte y recibirán...! Eh... No sé... ¡Efusivas felicitaciones! Comenten, propongan, ¡entren, entren, entren!

4 comentarios:

Whers! dijo...

Debe ser fascinante estar dentro de tu cerebro... y juraria que ya te lo habia comentado :P (doble sentido: que ya he pronunciado estas palabras y que habia dejado un comentario aqui, si lo lei hace unos dias!)

Abrazo de vuelta, xdd.

Superlayo dijo...

Eva: De hecho, he estado haciendo limpieza de spam en los comentarios del blog y sí, ya me lo habías dicho... Y también que la alternativa era que diese mucho miedo, que es lo que iba a responderte yo, que en según que momentos no se lo desearía a nadie.

Alvaro dijo...

Cielo santo, ahora nunca miraré los muebles igual... XDD.
Por un lado, lo de los muebles es verdad que cada vez duran menos como los electrodomesticos (27 años nos duro la supertelevision RADIOLA y jamas dio problemas XDD).

Por otro, lo de la inmortalidad y la reproduccion, creo que asimov lo aborda en uno de sus libros de robotica, en un planeta colonia de la tierra donde los humanos viven de media como 250 años y usan robots para todo. El caso es que apenas necesitan reproducirse y se terminan aislando entre ellos, viviendo solos en grandes casas vacias... La verdad, si desembocase en algo asi, lo de la inmortalidad parece bastante desalentador...

Superlayo dijo...

Álvaro: Sí, pero para una raza que eso fuese normal, quizás la socialización no sería necesaria. A saber...