lunes, 1 de febrero de 2010

Una gota de Javier Marías

He terminado hoy de leer un regalo que tuvieron a bien dejarme el mes pasado S.S.M.M. los Reyes Magos, Breve historia del leer, por mano y obra de Charles Van Doren. Al margen de que el libro es muy ilustrativo y te transmite unas verdaderas ganas de leer un alto porcentaje de lo que te recomienda, encontré un fragmento de Corazón tan blanco, de Javier Marías, que no podía dejar de transmitirles, lectores.

He sesgado bastantes fragmentos (que no obstante narran admirablemente las posibles dudas previas a un matrimonio, creo yo) de la referencia, pero únicamente por un concepto utilitarista. Si algún día me siento tentado de escribir acerca del concepto de causalidad (un concepto que me resulta absolutamente fascinante), intentaré recordar las palabras del señor Marías para no repetirme. Les dejo con él.


Los pasos que da una noche al azar y sin consecuencia acaban llevando a una situación irremediable al cabo del tiempo o del futuro abstracto, y ante esa situación llegada nos preguntamos a veces con ilusión incrédula: "¿Y si no hubiera entrado en ese bar? ¿Y si no hubiera acudido a aquella fiesta? ¿Y si no hubiera respondido al teléfono un martes? ¿Y si no hubiera aceptado el trabajo aquel lunes?"


Nos lo preguntamos ingenuamente, creyendo por un instante (pero sólo un instante) que en ese caso no habríamos conocido a Luisa [...] Pero siempre conocemos a Luisa, es ingenuo preguntarse nada porque todo es así, nacer depende de un movimiento azaroso, una frase pronunciada, por un desconocido en el otro extremo del mundo, un interpretado gesto, una mano en el hombro y un susurro que pudo no ser susurrado.


Cada paso dado y cada palabra dicha por cualquier persona en cualquier circunstancia (en la vacilación o el convencimiento, en la sinceridad o el engaño) tienen repercusiones inimaginables que afectan a quien no nos conoce ni lo pretende, a quien no ha nacido o ignora que podrá padecernos, y se convierten literalmente en asunto en lo que nadie advierte ni nadie recuerda, en la cerveza que decidimos tomarnos tras haber dudado si nos daba tiempo, en el buen humor que nos hizo mostrarnos simpáticos con quien acababan de presentarnos sin saber que venía de gritar o de hacer daño a alguien, en la tarta que nos detuvimos a comprar camino de un almuerzo en casa de nuestros padres y por fin no compramos, en el afán de escuhar una voz aunque no nos importara mucho lo que dijera, en la aventurada llamada que hicimos por tanto, en nuestro deseo de permanecer en casa que no cumplimos.


Salir, y hablar, y hacer, moverse, mirar y oír y ser percibidos nos pone en constante riesgo, ni siquiera encerrarse y callar y quedarse quieto nos salva de sus consecuencias, de las situaciones lógicas e irremediables, de lo que es hoy inminente y era tan inesperado hace ya casi un año, o hace cuatro, o diez, o cien, o incluso ayer mismo.

2 comentarios:

Whers dijo...

Y quien dice Luisa dice...

bs!

Superlayo dijo...

Eva: Sí, que cada uno rellene su línea de puntos. Pero vamos, que solo era un ejemplo más bonito de causalidad.