sábado, 2 de enero de 2010

Schopy got me begging you for mercy (or something like that)

¿Os acordáis, hace unos meses, cuando hice una reflexión de como los filósofos alemanes Schopenhauer y Nietzsche encajarían como miembros del Cuerpo de Green Lanterns, los policías galácticos armados con portentosos anillos de poder alimentados por pura fuerza de voluntad? Si bien ya en su momento puse algún tipo de duda a este respecto, no creí cometer un error garrafal, como creo haber hecho ahora, tras una relectura de Schopenhauer desde otros autores.
La fuerza de voluntad, la voluntad en sí, si que forma parte indispensable de la filosofía de Schopenhauer, pero es altamente improbable que el bueno de Schopy se dignase a formar parte de los Green Lanterns, sino que más bien consideraría a los Guardianes como unos ingenuos bienintencionados (si tienen suerte) que se engañan a sí mismos considerando que pueden controlar la voluntad, cuando es ella quien les controla, como a todo ser viviente.
La voluntad, que convierte a la vida en un campo de batalla constante de todos contra todos, no podría ser considerada como herramienta por el filósofo alemán, como uno no consideraría que los grilletes que mantienen preso a un esclavo sean su herramienta. De hecho, gran parte de la pesimista filosofía de Schopenhauer se dedica a analizar la forma de escabullirse del yugo de la voluntad.
Las dos formas más efectivas que se plantean son reducidas al espectro de muy pocos, a los que el azar ha concedido unas capacidades innatas que les permiten liberarse de la sempiterna voluntad. La primera de ellas, el arte, proporciona un alivio momentáneo mientras el usuario se sume en un "éxtasis artístico" que podrá alcanzar tras atender determinadas demandas de la voluntad. La segunda de ellas se rige por los lemas de neminem laede (no dañes a nadie) y omnes quantum potest iuva (ayuda a todos todo lo que puedas), y es...
...La compasión, virtud que aúna justicia y caridad, y que trae consigo una disposición psíquica y de carácter (una buena voluntad) continuada para aquellos que la poseen. Esto bien podría haber hecho a Schopenhauer merecedor de formar parte de la Tribu Índigo (o la Tribu Añil, como prefieran), los más misteriosos de los siete cuerpos del espectro emocional.
Pero, por interesante (por lo ligeramente grotesco) que sería imaginarse al bueno de Schopenhauer con tatuajes tribales y bastones brillantes de poder, poco en su vida (lastrado, seguramente, por su portentosa inteligencia, por intentar excusarlo de alguna manera) estuvo destinado al ejercicio de esa virtud de virtudes. Aunque, visto lo visto, hubiese hecho mucho mejor servicio como publicista de la Tribu Índigo que para los Green Lantern, eso desde luego.

2 comentarios:

Wherssss dijo...

Ah, la fuerza de voluntad. Los siete anillos bajo el cielo...

bs!

Superlayo dijo...

Eva: Espero que esta escasez de comentarios sea fruto de que son vacaciones y la gente se acerca menos al ordenador, porque tengo más ideas en este sentido...