jueves, 24 de diciembre de 2009

Que bello es vivir

Dejando aparte el bofetón filosófico que gente como Schopenhauer o Nietzsche me solmenarían ante la afirmación del título (especialmente el primero, que como filósofo era el hombre muy interesante, pero tenía un terrible pesimismo), considero menester en estas fechas el hablar de todo un clásico en lo referente a películas navideñas. Me refiero a la obra maestra de Frank Capra, Que bello es vivir.

Un clásico del cine por derecho propio, la historia comienza cuando un ángel de segunda clase intenta ganarse sus alas bajando a la Tierra el día de Nochebuena, intentando hacer feliz al protagonista, George Baley. Como parte fundamental de la trama se encuentra el hecho de que, en un momento de desesperación, Baley desea no haber nacido nunca, deseo que Clarence (el ángel) le concede.

A partir de ahí (y resultando inteligibles los cambios para el espectador, ya que hemos visto junto a Clarence la vida previa de Baley), y por obra y gracia de la causalidad, suceden un montón de cambios inesperados, que el "no-existente" Baley también podrá observar. Sin llegar a rozar lo pasteloso como tantas otras películas navideñas, Que bello es vivir nos propone un ejercicio intelectual de lo más interesante...

¿Tiene sentido nuestra vida? ¿Alguien es capaz de decir que no, a ciencia cierta? ¿Que todos y cada uno de los momentos que hemos vivido, los gestos que hemos realizado y las palabras que hemos pronunciado no tienen ningún sentido, que podrían ser eliminados de la Historia y no cambiaría nada?

En esta época de estar con la familia, los amigos, de desearnos (con mayor o menor sentimiento) felices fiestas, ¿somos capaces de hacernos conscientes de como sería la vida no sólo sin un ser querido, sino si ese ser querido nunca hubiese existido? Creo que es un magnífico ejercicio de autoevaluación de nuestro entorno y nosotros mismos si se piensa con suficiente seriedad.

Las referencias a esta película deben ser numerosísimas. Yo soy apenas consciente de dos, que, curiosamente, están protagonizadas ambas por animales antropomórficos. La primera es El pato que nunca fue (editado recientemente por Planeta de Agostini en Pato Donald: Antología), un cómic protagonizado por el Pato Donald, dibujado y guionizado por uno de los mejores dibujantes de patos de la Historia, Don Rosa (autor de obras maestras como La juventud del tío Gilito), y que realiza una premisa directamente inspirada en la peli de Capra, con todos los personajes habituales del entorno de Donald.

La segunda historia (guionizada por Steve Grant) se publicó en Bizarre Adventures 34, y tenía como protagonista a Howard el Pato, uno de los personajes más caústicos de Marvel, que en los años 70 protagonizó muchos cómics con un gran nivel de absurdo entremezclado (y que contó con su propia película producida por George Lucas, de un nivel tan pésimo que estancó las adaptaciones cinematográficas Marvel durante décadas).

En su línea habitual, la historia nos presenta como un ángel baja del cielo para auxiliar a Howard, pero el "efecto Que bello es vivir" muestra como la vida de los cercanos a éste hubiese sido realmente mejor si Howard jamás hubiese nacido. Finalmente, Howard será quien deberá consolar al pobre ángel y convencerle de que su vida tiene algún sentido.

Y nada más. En tres días volvemos a nuestra programación habitual, no sin antes desear a los habituales unas felices fiestas, una buena entrada de año (y que permanezca la tendencia en los doce meses siguientes) y que os traigan muchas cosas (o al menos que os gusten) los Reyes Magos. ¡Chin, chin! (¡Y pasaos por El blog del aficionado si os interesa participar en un concurso fotográfico navideño interblogueril!)

2 comentarios:

Whers dijo...

Cuanta filosofia en una sola noche.

bs!

Superlayo dijo...

Eva: Ya me conoces. Y más leyendo últimamente a Schopenhauer, Nietzsche y Sartre.