viernes, 18 de diciembre de 2009

Astonishing Andrew and his Amazing Friends nº 14 (Segunda parte)

“Mientras tanto, a un escaso kilómetro de allí, los Amazing Friends restantes terminaban por seguir a su misterioso guía renqueante, encapuchado y carmesí (y probablemente coleccionista de adjetivos, aunque esto no ha sido comprobado. Aún). Este abrió la puerta de un caserón al lado de un molino, a la entrada del pueblo, y les invitó a entrar.

En el interior, un grupo de personas esperaban. Una de ellas echaba unos troncos a la humeante chimenea, al lado de la cual otro pelaba patatas, mientras un grupo más alejado se esforzaban en colocar unas ollas y cacerolas en los armarios de madera, y otros parecían discutir muy interesados en torno a lo que parecía un mapa de la zona, plasmado en un papel envejecido, sobre una mesa de piedra.”

- ¡Bienvenidos, gente del exteriooooor! –dijo uno de los del mapa, acercándose y alzando mucho los brazos- ¡Os hemos esperado y vigilado desde vuestra llegaaaaada!

- Más locos. –dijo Cata poniendo los ojos en blanco.

- Tenéis que disculpagle, aún no domina el idioma e intenta solucionaglo, ggitando. –dijo otro, apartando al primero- Bienvenidos a la guesistencia latveguiana, en donde intentamos degocag al malvado Doctog Muegte y sobgevivig en el intento.

- ¿Por qué hablan con acento francés? –preguntó Leti- Creía que en Latveria hablaban mayoritariamente alemán, y latveriano como dialecto local en algunas zonas.

- Mi acento es culpa de una dislexia parcial pgrobocada pog una tempgana opegación de fimosis en la médula ósea cuando ega un niño ¡Y la lucha pog la libegtad no conoce frontegas ni cgredos, mademoiselle! –dijo el de acento gabacho, visiblemente ofendido- Liberté, equalité, fraternité! ¡Yo y otgos cuantos pagtisanos nos diguijimos aquí paga integgagnos en el seno de este ggupo de aguegidos latveguianos, pego nos escogiegon como sus lídegues cuando conseguimos tgaegles esta asombgosa máquina de destgucción tigánica en enloquecedoga igonía. –añadió, tirando de la capa carmesía del guía, y desvelando así su identidad.

- ¡¿Muerte?! –preguntaron los Amazing Friends, incrédulos, al ver desencorvarse a la figura, y recuperar su altivez habitual.

- ¿He hecho un buen servicio, amo? –preguntó Muerte a uno de los partisanos rebeldes.

- Sí, bonito. –respondió este, palmeándole amistosamente en el hombro- Ahora ve a hacernos la cena. –ordenó.

- Conseguimos guepogamag este Muegte-bot paga que nos sigviese, y nos ha guesultado muy útil hasta la fecha… ¡Nos hace tagtufos, cuando conseguimos sustgaeg los inggediente pgecisos, y también cocina otgas cosas! -dijo el franchute, cogiendo un pastel de una bandeja en la cocina- Nuestgo pgodigio científico pagticulag lo consiguió, lamentablemente, no antes de que el Muegte-bot le gueventase accidentalmente la cabeza con sus agmas ofensivas… -explicó.

- ¿Cómo se supone que pudo conseguirlo después, genio? –objetó, muy lógicamente, Graciela.

- Obviamente, había apuntado los pasos para haceglo y los seguimos. –respondió con tranquilidad- Después de limpiaglo un poco todo, clago está. Pego ese no es el asunto. Queguemos sacagos de aquí antes de que la iga de Muegte caiga sobgre vosotgos, como sobge vuestgos amigos…

(Disfruten del interludio musical, amigos...)

- Chama, escúchame. Este país está muy mal. ¡La vida en Latveria es mucho peor que el mundo de allá afuera! –explicó uno de los partisanos mientras unos cuantos comenzaban a golpear con cierto ritmo las cañerías y utensilios de cocina- Tú sabes que en otros lados, los pastos más verdes son. ¿Por qué sueñas con quedarte? ¡Latveria es un gran tostón! –comenzó a cantar.

- ¿No ves que viviendo fuera, encuentras el gran filón? –preguntó otro- ¿Qué puede haber aquí dentro, que cause tal devoción?

- Bueno, lo cierto es que tenemos unos amigos perdidos en el tiempo, y… -comenzó a decir Leti.

- En Latveriaaaa… -canturreó el primero- En Latveriaaaa… - cogió a Chama por un hombro, tomándolo como ejemplo- Vives contento, las manos llenas, eres feliz… Se que trabajas sin parar, incluso cobras, ¡vaya guay! Mientras nosotros, solo curramos, ¡en Latveria! ¡Ja, ja!

- Tus siervos son muy felices… -dijo un coro rodeando a Chama.

- ¡Yo tengo empleados, no siervos! –respondió Chama ofendido.

- Allí tienen libertad… ­-dijo otro.

- Los siervos aquí están tristes… Sus casas son de cristal. –añadió otro señalando varios frascos con cenizas mortuorias, en una estantería- La vida de nostros, siervos, muy larga no suele ser… Si a Muerte le apetece…

- ¡A mí me van a comer! –gritó un desgraciado perseguido por perros, fuera de la casa.

- ¡Uooooh! En Latveriaaaa… En Latveriaaaa… Muerte nos fríe y nos cocina en un sartén… -cantó mientras el Muertebot, vestido con un delantal y gorro de cocinero, preparaba la cena con dicho utensilio- Si no te quieres arriesgar, de Latveria te pirarás. ¡Y sin problemas, entre tartufos, tú vivirás! –sentenció el hombre cogiendo uno de los pasteles que Chama había traído y bailoteando a su alrededor.

- ¡En Latveria! –cantó un coro.

- En Latveriaaaa…

- ¡En Latveria! –repitieron.

- ¡Hay siempre muertes, y con sadismo, es natural!

- ¡Es natural, al, al, al! –continuó el coro.

- ¡Ey! ¡Mantarraya atacará, el amo lo troceará! –dijo señalando un dibujo, aparentemente hecho por un crío de cinco años, del héroe acuático- Siempre es lo mismo, “muertecentrismo”, ¡en Latveria! –se plantó delante de Cata- Oye, si fallas, es un canalla, tú de cabeza irás a prisión, verás los grilletes y algún muerto, ¡disfruta del dulce hedor!

- ¡Sí! –exclamó otro.

- Con mi cachimba y mi violín, François maquinando, perros ladrando… Sin olvidar peligros sin fin… ¡Que vienen Muertebots! –gritó fingiendo que el Muertebot cocinero le atacaba, persiguiéndose ambos durante un rato- ¡Ja! –gritó al esquivarle una primera vez- ¡Ja, ja! –repitió al hacer que el robot chocase contra unas cajas.

- ¡Sí! En Latveriaaaa…

- ¡En Latveria!

- En Latveriaaaa…

- ¡En Latveria!

- ¡Hay carabinas, son las más finas, disparan guay! –dijo enseñando sus armas de fuego.

- ¡Sí! ¡Disparan guay!

- ¿Para qué te quieres quedar, si pronto os van a masacrar?

- Ahí tiene parte de razón… ­-susurró Jenny.

- Sus triquiñuelas, matan abuelas, en Latveria… -dijo uno señalando un cuadro de Muerte.

- Aquí las cosas, no pintan rosas, en Latveria… -cantó otro al lado de la ventana que daba al cementerio.

- Nuestro colega es taxidermista, -comentó uno cogiendo a uno por el brazo- cuando yo muera, se hará un artista… -añadió poniéndose, apoyado en una banqueta, en la postura del pensador de Rodin.

- ¡Así que venga, largaos deprisa…!

- ¡¡De Latveriaaaaa!! –con un acorde similar a una canción submarina de mi infancia, la música se interrumpió a una palmetada del Muertebot, que anunciaba la cena.

- ¿Por qué siempre acabamos con gente así? –le preguntó Chama al resto.

- ¿Tu colonia? –preguntó Cata.

- Ma chere mademoiselles… -dijo François acercando a las chicas a la mesa del comedor- Es una ggan satisfacción… Y un inmenso placeg, recibigla aquí esta noche. Pog eso, les invitamos a que tomen asiento y se pongan cómodas… Pogque la guesistencia latveguiana tiene el oggullo de pgesentag… Su cena.

- Ahí vamos otra vez… -musitó Jenny.

“Estoy un poco hartito del frívolo (aunque pegadizo) espectáculo musical en la profunda Latveria, así que dejemos que los Amazing Friends lo soporten ellos solos, ¿de acuerdo? Entretanto, podremos divertirnos rememorando a través de mis archivos las presumiblemente poco edificantes vivencias de Berto y Andrés en la Edad Media. ¡Quizás así encontremos los vínculos que nos unen con nuestros pretéritos antecesores! ¡O algo!

Junto al rústico pastor, “Osberto” y Andrés parece ser que llegaron sin mayores complicaciones a Malgrat, reuniendo a unos cuantos curiosos en derredor suyo, en la plaza mayor de tal lugar. Y sí, ahora narro yo también el pasado, la narración antigua de Uatu es un coñazo, permitidme el remake, si no os importa. Intentaré ponerme medieval mientras lo hago, para que no os de morriña.”

- ¿Decís que sois monje procedente de tierras lejanas, volviendo de peregrinación desde Iehrusalem, hermano Andrés? -dijo el que había sido recién presentado como alcalde de Malgrat, quien a la sazón acababa de averiguar la razón de tanto revuelo en torno a tierras lejanas, más allá de sus exóticos ropajes.

- En efecto, edil. –respondió Andrés- Y doquier iba, a punto he estado en más de una ocasión de caer muerto, preso de la defensa de altos valores propios a la fee christiana, y convertirme en mártir, pero Dios me ha dado una responsabilidad para con los hombres, para predicar su mensaje, y emprendí mi camino hasta tierras más cercanas a las de la patria que me vio nacer.

- ¿Os pasa algo, Osberto? –preguntó Juan, el pastor, al ver como Berto se tapaba el rostro por una mano.

- Eh… -titubeó este- No, nada, nada. Es que… ¡A veces me siento indigno de tener al lado a este magnífico dechado de sabiduría! –exclamó para todos los presentes, dando una fuerte palmetada a Andrés en la espalda, haciéndole toser como si fuese a echar un pulmón y medio.

- ¿Y a que orden pertenecéis, frey Andrés? Paresceme que gastáis prendas de vivos colores y holgadas al cuerpo, que asemejaisvos a un juglar errante –preguntó el alcalde- Sin duda no podéis ser benedictino nin cisterciense.

- Los satanases… -tosió Andrés- ¡Del Infierno!

- ¿Cómo decís, hermano?

- ¡Oídle bien, joder, pues está advirtiéndoos! –intervino Berto- ¡Mi compañero os advierte de los demonios y las tentaciones del mundo terreno, que acechan por doquier! Y por eso el Santo Padre… Eh… Tuvo la providencial idea de unir a protectores de la fe como los Caballeros del… Eh, Santo Sepulchro, junto a con monjes de órdenes variadas, para extender su influencia por toda la Cristiandad. La cosa se extenderá más si nuestra misión contra infieles y herejías progresa. –explicó Berto, demostrando una rapidez mental admirable, y sin haber cometido excesivos errores anacroníticos.

- ¿Pertenecéis pues, a una orden de caballería? –inquirió el alcalde, escéptico- ¿Y vuestras armas y monturas, propias de vuestro rango, Osberto, do se hallan?

- Apenas soy escudero, alcalde. –respondió Berto- ¿Creéis vos que el vicario de Cristo sería tan ingenuo como para dejar a los cruzados sin sus mejores caballeros en proyecto alguno que se pudiese ir a los infiernos sin apenas dificultad? Además, -añadió señalando hacia Andrés- el hermano se empeña en que llevemos con nosotros lo menos posible, a fin del merecido cumplimiento de su voto de pobreza. Eso incluye las monturas, entre muchas otras cosas.

- ¿Non se os permite el cargar con el vuestro yantar, tampoco? –preguntó uno de los presentes, ante la inexistencia de zurrón alguno ni para Andrés ni para Berto.

- Acabamos nuestros víveres… -dijo Berto, y sonrió un momento- Podría decirse que… Llevamos perdidos mucho tiempo.

- ¡Pero ese ofrecimiento de comida sí me lo permiten aceptar mis votos! –exclamó Andrés, repentinamente vivificado- ¡Alimentadme, y os relataré prodigiosas historias de la Ciudad Santa!

- Andrés… -dijo Berto agarrando a su compañero por los hombros- Nos lo estamos montando bastante bien, pero como hagas que nos persigan con antorchas y horcas, o lo que quiera que se lleve en esta época, te voy a entregar yo mismo a la Inquisición, si es que siquiera existe, y te voy a meter el garrote vil por el culo, capisce?

- Puede que no lo sepas… -Andrés se calló, mientras ambos caminaban hacia la casa que les indicaba la multitud- De hecho, no puedes saberlo, fui yo al que dejasteis atado al sofá viendo el Canal de Historia mientras vuesa merced y el resto dirigiaisbos a ver La Jungla 4.0, malditos cabronazos. Así aprendí que el garrote vil no se utilizaba como tú amenazas, por no hablar de que tú caerías conmigo “Osberto”, y de todas formas… ¿Qué se supone que voy a poder armala aquí, en este lugar perdido de la mano de Dios en donde todas las mujeres que he visto hasta ahora están gordas o flacas como un lebrel? ¡Oye! –dijo Andrés- Me estoy adaptando bastante bien a la jerga local, ¿no? Probablemente se deba a mi intelecto superior…

- A mí también me pasa, pazguato. Probablemente se deba a que Muerte puso una actualización de lenguaje a su jodida vidriera flotante que viaja por el tiempo. –respondió Berto- O magia, cualquier cosa antes que aceptar una gilipollez tan grande como que tu intelecto es superior al de nadie sano. ¡Y ahora vamos a comer! –ordenó, haciendo avanzar a Andrés hacia el interior de la casa del alcalde.

3 comentarios:

Wherynn dijo...

JAJAJA, menuda comedia! cada vez estan mejor

bs!

Alvaro dijo...

LA CANCION, ESO SI QUE ES UN TEMAZO!!! pero falta la musica tio, sin musica no puede empezar la fieeeeeessstaaaaa! VAMOS, DJ LAYO, PON MUSICA!!!

na, en serio, sta muy bien, y lo del titulo a lo historia medieval o moderna rollo cronica d andres se sale XDD spero con ansia el desenlace, aunk se k me joderas con un cliffhanger!

Superlayo dijo...

Eva: Gracias, gracias. :p

Álvaro: Ya está puesto el vídeo para contrastar. ¿Qué aventuras esperarán a nuestros héroes?