viernes, 30 de octubre de 2009

2x03. De cómics y largos paseos

Chicos, comencé mi experiencia con los cómics Marvel (y por lo tanto, mi consumo desaforado de los mismos) al empezar a comprar el coleccionable de Spiderman salido a raíz de la película, en El Cafetal, un quiosco que había en la esquina bajo la casa de vuestra abuela. Anteriormente, mi contacto con los personajes marvelitas habían sido apenas las series de dibujos de Spiderman y la Patrulla-X, y en cómic, un soso team-up entre el trepamuros y la Antorcha Humana, y el grandioso Annual 6 de los 4 Fantásticos, en donde los 4F viajaban por primera vez a la Zona Negativa.

Durante mucho tiempo, mis compras fueron irregulares en colecciones y lugares de compra, que podían ser tanto el quiosco de la FEVE (recordad que por aquella época yo aún tenía que desplazarme a diario entre Oviedo y la Pola), y quioscos variados. Pero sobre todo La Palma, en donde encontraba la mayor cantidad de cómics, suficientemente como para atraer la atención de un chavalete cada vez más fascinado por el Universo Marvel.

Finalmente me afinqué en La Palma, muy cómodamente cercana a la casa de vuestra abuela, que me permitía ir el sábado a misa y después acercarme a curiosear y comprar algo. Así comencé a seguir regularmente bastantes series. De todas formas, me aficioné más al quiosco de La Palma, frente a la librería de arriba, y al comenzar Bachiller la visitaba todos los miércoles y viernes (que eran cuando llegaban novedades), para ver lo que podría haber llegado.

Con el tiempo, esto fue pasando. Me aficioné a los checklist, mientras crecían los números de las colecciones que seguía, e internándome más en el mundillo estuve al tanto de las más recientes novedades de Marvel (antes de que llegasen siquiera a publicarse en USA). Al empezar la universidad, me saqué el carné de conducir, y al mismo tiempo, entré en contacto con una tienda aún mayor y más especializada en cómics: Mazinger.

A pesar de quedaba a una distancia considerable en comparación con la Palma, me acostumbré a ello por dos razones: su sistema de reserva, que me ahorraba el preocuparme de si algo llegaba o no, o si lo devolvían antes de pedirlo yo; y su sistema de puntos, que me permitía ahorrar dinero cada trimestre en función del gasto que hiciese. Tanto mi amigo Álvaro como yo nos aficionamos a pasar regularmente lo que, cuando no era Mazinger, era simplemente "la tienda".

La "magia" (esa sensación de ir "a la caza del cómic", sin saber prácticamente nada de él, salvo que continuaba al anterior, o por el miniresumen del correspondiente checklist) había desaparecido, pero se había visto sustituida por la comodidad, la rutina y la camaradería con quienes nos atendían en Mazinger, un negocio exclusivamente diseñado para gente con gustos afines a los nuestros.

Es cierto que había ciertas incomodidades, como el desplazamiento hasta allí (que según momentos daba bastante la vara; otros se agradecía para tener una excusa de dar un paseín sin más por Oviedo), o el hecho de que tuviésemos que aguantarnos de comprar nada en verano en otras tiendas, pero Mazinger era una tienda de cómics como las que podíamos ver en los reflejos anglosajones que asomaban por nuestras pantallas de vez en cuando.

Pero la crisis, que por el 2009 era bastante perra, quiso que todo esto se truncara. Atacó además en coalición con problemas de la tienda con la distribuidora que llevaba todo lo de Marvel, y un problema con un dependiente temporal (en verano) algo inepto, que decidió que como pasaba todo Agosto sin recoger la gente ninguna de sus reservas, las devolvería todas a la editorial, con harta dificultad (por los ya citados problemas con la distribuidora) para recuperarlos.

Así, entre eso y que la gente aparentemente dejaba colecciones para ahorrar dinero para cosas más primordiales que los cómics (no sólo de lectura vive el hombre, al fin y al cabo), el 31 de Octubre del 2009, Mazinger Cómics cerró sus puertas definitivamente. Tuvieron como últimas muestras de voluntad indicarnos que nos dirigiésemos a La Palma para continuar con nuestro hobby regularmente, de avisarnos del cierre para recoger las cosas de la bolsa, y de darnos, incluso en su circunstancia, nuestros últimos puntos de descuento.

Así pues, desde que recibí el aviso (en una boda, curiosamente), de pronto me vi obligado a volver a los orígenes, a regresar a La Palma para comprar los cómics. Tanto yo como Álvaro echaríamos de menos, a pesar de sus inconvenientes, un lugar en donde en general se nos trató como en casa, que tantos buenos momentos (allí o de camino, charlando) nos había dado, y que tal vez pensábamos duraría para siempre. Técnicamente, no podemos recordar el Álamo, pero sin duda recordaremos Mazinger.

6 comentarios:

Wherynn dijo...

Yo siempre recordare esa tienda con la gran frase de "Vamonos Eva, ¡que me van a echar!" (una amiga k keria entrar a ver como era pero temia k la exaran por parecer pija) ay... k recuerdos.

Oye, le dedico ma tiempo a tu blog k al mio, esto no puede ser! deja mas espacio entre actualizaciones!!! XDDDDD

bs!

Adán dijo...

Yo conocí Mazinger cuando aún era Arte 9. Yo debía tener unos 10 o 12 años, y Motta y yo íbamos a jugar a Pokémon (el juego de cartas).

Claro que como no había sitio en la tienda para toda la chiquillada que nos juntábamos allí para jugar la "Liga Pokémon", jugábamos en la calle, en los soportales de alrededor (por aquélla época el local estaba un poco más arriba en C/Silla del Rey, junto al edificio de la cometa).

Cada vez que me acuerdo de ello... con las cartas sin fundas y jugando sobre el suelo, madre mía.

Un saludo!
Adán.

Ch@RLie Slowpoke dijo...

Jamás me hice una colección de cómics, ni manga ni americano, porque no me dejaban. Así que odio a la gente como usted. Y también les odio por la familiaridad con la que van a las tiendas de cómics. Malditos parroquianos...

Superlayo dijo...

Eva: Es la anécdota más extraña que conozco en relación con una tienda de cómics, lo que francamente convierte a ese entorno en mucho más normal de lo que a uno le cabría esperar.

Antón: A Motta le tengo visto yo jugando torneos allí alguna tarde, no hace tanto. Yo me he centrado más en mi experiencia, en torno a los cómics, pero no puede obviarse su importancia para aquellos que jugabais a torneos de cartas o estrategias varias allí.

Charlie: Mírelo por el lado bueno, seguro que pudo utilizar su tiempo (¡pero no lo hizo! :p) en lecturas culturalmente mejor vistas, y tiene más espacio en casa. Por cierto, recuérdeme que no le deje entrar en la mía no sea cosa que me la queme. :p

Alvaro dijo...

joer, vaya como jodio lo de mazinger tio, con lo k prestaba ir xarrando asta ayi arriba o subir despues de un examen a reposar mirando comics... sobre todo teniendo en cuenta que aqui es casi imposible seguir una coleccion si no vas a oviedo o a gijon a librerias especializadas...

Y yo también recuerdo que antes la tienda estaba algo más arriba, en un local muy pequeño que iba a por mis cartas de magic y yu-gi-oh cuando estaba en la ESO (y k aun consrervo)

en fin, que no deja d ser una lastima...

Superlayo dijo...

Álvaro: Suena exagerado, pero probablemente nuestra amistad no tendría ahora mismo la misma intensidad que tiene, de no ser por esos largos paseos habituales hasta Mazinger. Sólo por eso ya merecía ser recordada.