miércoles, 30 de diciembre de 2009

El gato de Schrödinger puede estar vivo o muerto, pero existe

Puede que estéis familiarizados (es citado en no pocas ocasiones) con el concepto del gato de Schrödinger, un sencillo experimento imaginario de mecánica cuántica, consistente en introducir a un gato dentro de una caja estanca conectada a una pequeña bombona llena de veneno, en la que existe un 50 % de posibilidades que sea expulsado o no. Así pues, sin abrir la caja, el gato no está vivo ni muerto, sino en un estado intermedio (en cuanto a probabilidad). Sin embargo, tanto en uno como en otro estado, el gato existiría, y eso es algo que muchas veces se escapa a nuestra consciencia. Hace ya un tiempo, me encontraba yo en uno de estos retiros de Mar-Cha a los que suelo ir, cuando se nos dio un tiempo bastante prolongado de espacio personal a solas (puede que en torno a una hora), que yo pasé pensando en mis cosas en compañía de un gato que se me acercó en el jardincillo, y con el que estuve jugando y acariciando. Una de las reflexiones suscitadas por este tiempo, y que planteé al grupo a la vuelta, fue la consciencia de lo terriblemente compleja e improbable que es la existencia de un simple gato, comenzando por imperativos de destino y causalidad (¿cuántos sucesos tuvieron lugar para que ese gato en concreto fuese concebido, sobreviviese y coincidiese conmigo allí?), continuando por razones biológicas (¿no es asombroso que la vida tome forma de gato, por ejemplo?), y terminando por imperativos meramente físicos (¿cuán probable es que los átomos y moléculas existan, y que hayan tomado esa forma?). Dejando a parte la deliciosa respuesta espontánea de uno de mis compañeros ("Lo asombroso es que existas tú", y sí, ¡por San Jorge que es incluso más sorprendente que el caso del gato!), en serio, ¿somos capaces de ser conscientes de todo eso? ¡En absoluto! ¡La multiplidad de factores se nos escapa muy pronto! Con un tiempo infinito, todos somos probables, supongo, como con el ejemplo de que infinitos monos tecleando en primático azar infinitas máquinas de escribir durante un tiempo infinito terminarían escribiendo las obras completas de Shakespeare... Tengo algo que creo que escenifica mucho mejor que eso el sentido de lo improbables que somos (¡y aún así, por razones providenciales o de birlibirloque, existimos!), hay quien dice que (y ya barriendo más hacia lo patrio) si alguien subiese al edificio más alto de su ciudad, recortase todas las letras de una edición de El Quijote y las arrojase al vacío, hay más probabilidades de que aterricen conformando de nuevo el texto íntegro que todo lo que ha sucedido para que cada uno de nosotros llegásemos a existir. Que filosófico estoy ultimamente, ¿no? Deben ser las fechas; otros consumen desaforadamente y a mí como todavía no me ha tragado (apenas) esa vorágine, me da por pensar. Que de todo tiene que haber en este mundo. Señores, la próxima vez que me lean habremos empezado todos (espero) esa maravillosa aventura que llaman 2010. Es muy peligroso, como diría Tolkien, cruzar la puerta, porque sin darte cuenta estás en el camino, y sin saber donde te llevarán tus pasos. Pero no tengo duda de que merecerá la pena. Feliz Año Nuevo, lectores. Que muchos de sus días brillen con luz propia.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Recuerdo, de Ismael Serrano

¿Recuerdan, amigos, ese tipo de blogs en los que la gente ventilaba una entrada únicamente con vídeos? ¿Sí? ¿Y les encantan? Pues prepárense para sentirse ilusionados y decepcionados al mismo tiempo, amigos... ¡Porque pienso ventilar esta entrada con un vídeo, pero será explicado y todo tendrá su sentido!

Antes de nada, he de reconocer que mi experiencia con Ismael Serrano es muy limitada aún hoy, pero lo era aún más antes de que una amiga me invitase a conocer esta canción. De hecho, se limitaba a la canción Papá, cuéntame otra vez, deliciosa canción de contrastes y que crea en mí sensaciones encontradas (probablemente en una lucha dialéctica entre el idealismo y el realismo, que merecen ser analizados en otro momento).

Antes de nada, espero que hayan visto el vídeo (o al menos, escuchado la canción Recuerdo, de Ismael Serrano, que para eso da título al post). Si no lo han hecho... ¿A qué demonios están esperando, marsupiales atónitos? (¿Ya? Vale) Como pueden haber observado, es una canción triste, pero indudablemente bellísima. Recuerdo que hablando de ella, mi amiga se preguntaba porqué tantas canciones hablaban de chicas tristes, que qué eran de las normales.

Probablemente, aparte del hecho de que la tristeza no deja de tener cierta belleza en su justa medida (quizás por el misterio que quizás atañe, quizás por la experiencia que transmiten sus ojos), sin duda debe de resultar glorioso y gratificante el desterrar (brevemente o para siempre) ese velo de tristeza de la cara de alguien. Quizás el atractivo de la chica triste es, precisamente, conseguir que no lo sea (algunos me han comentado del atractivo del pajarillo herido).

No obstante, me voy por los cerros de Úbeda, y esta es una reflexión que me ha venido así a bote pronto. Para llegar a donde yo me disponía a ir debemos referenciar las propias palabras de Ismael Serrano que (según me han dicho, y tiendo a creer a esa persona), tras cantar en directo esta canción, dijo que quizás algún día reescribiera la letra, y no regresaría a su asiento más viejo y más cansado. Un mensaje de esperanza y de (en cierto modo) redención que, en mi modesto entender, contrasta con la exquisita tristeza que consigue transmitir la canción original.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Que bello es vivir

Dejando aparte el bofetón filosófico que gente como Schopenhauer o Nietzsche me solmenarían ante la afirmación del título (especialmente el primero, que como filósofo era el hombre muy interesante, pero tenía un terrible pesimismo), considero menester en estas fechas el hablar de todo un clásico en lo referente a películas navideñas. Me refiero a la obra maestra de Frank Capra, Que bello es vivir.

Un clásico del cine por derecho propio, la historia comienza cuando un ángel de segunda clase intenta ganarse sus alas bajando a la Tierra el día de Nochebuena, intentando hacer feliz al protagonista, George Baley. Como parte fundamental de la trama se encuentra el hecho de que, en un momento de desesperación, Baley desea no haber nacido nunca, deseo que Clarence (el ángel) le concede.

A partir de ahí (y resultando inteligibles los cambios para el espectador, ya que hemos visto junto a Clarence la vida previa de Baley), y por obra y gracia de la causalidad, suceden un montón de cambios inesperados, que el "no-existente" Baley también podrá observar. Sin llegar a rozar lo pasteloso como tantas otras películas navideñas, Que bello es vivir nos propone un ejercicio intelectual de lo más interesante...

¿Tiene sentido nuestra vida? ¿Alguien es capaz de decir que no, a ciencia cierta? ¿Que todos y cada uno de los momentos que hemos vivido, los gestos que hemos realizado y las palabras que hemos pronunciado no tienen ningún sentido, que podrían ser eliminados de la Historia y no cambiaría nada?

En esta época de estar con la familia, los amigos, de desearnos (con mayor o menor sentimiento) felices fiestas, ¿somos capaces de hacernos conscientes de como sería la vida no sólo sin un ser querido, sino si ese ser querido nunca hubiese existido? Creo que es un magnífico ejercicio de autoevaluación de nuestro entorno y nosotros mismos si se piensa con suficiente seriedad.

Las referencias a esta película deben ser numerosísimas. Yo soy apenas consciente de dos, que, curiosamente, están protagonizadas ambas por animales antropomórficos. La primera es El pato que nunca fue (editado recientemente por Planeta de Agostini en Pato Donald: Antología), un cómic protagonizado por el Pato Donald, dibujado y guionizado por uno de los mejores dibujantes de patos de la Historia, Don Rosa (autor de obras maestras como La juventud del tío Gilito), y que realiza una premisa directamente inspirada en la peli de Capra, con todos los personajes habituales del entorno de Donald.

La segunda historia (guionizada por Steve Grant) se publicó en Bizarre Adventures 34, y tenía como protagonista a Howard el Pato, uno de los personajes más caústicos de Marvel, que en los años 70 protagonizó muchos cómics con un gran nivel de absurdo entremezclado (y que contó con su propia película producida por George Lucas, de un nivel tan pésimo que estancó las adaptaciones cinematográficas Marvel durante décadas).

En su línea habitual, la historia nos presenta como un ángel baja del cielo para auxiliar a Howard, pero el "efecto Que bello es vivir" muestra como la vida de los cercanos a éste hubiese sido realmente mejor si Howard jamás hubiese nacido. Finalmente, Howard será quien deberá consolar al pobre ángel y convencerle de que su vida tiene algún sentido.

Y nada más. En tres días volvemos a nuestra programación habitual, no sin antes desear a los habituales unas felices fiestas, una buena entrada de año (y que permanezca la tendencia en los doce meses siguientes) y que os traigan muchas cosas (o al menos que os gusten) los Reyes Magos. ¡Chin, chin! (¡Y pasaos por El blog del aficionado si os interesa participar en un concurso fotográfico navideño interblogueril!)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Astonishing Andrew and his Amazing Friends nº 14 (Última parte)

“¡Mirad, esa escena que veíamos hace un momento coincide exactamente con el momento en el que nuestro viejo amigo, el Doctor Muerte, contempla lo sucedido en el pasado a través de su crono-pantalla! De hecho miradle, podemos verle de frente, de perfil, reflejado en el cristal de la pantalla… Si quisiera, con esta tecnología podríamos ver incluso su trágicamente desfigurada cara, pero… ¿Quién querría ver eso?

Veamos mejor, pues, sus reacciones ante la creciente adaptabilidad de mis coleguillas a la Edad Media y las gentes de Malgrat. En otro caso, si no fuera porque todavía hay posibilidades de que la caguen y de esta forma acaben en chirona o muertos, Muerte estaría rompiendo la pantalla con su puño de hierro. Pero, extrañamente, por alguna razón que ahora veremos, parece complacido…”

- Parece que he juzgado precipitadamente a ese Berto, Kristoff... -dijo Muerte a su joven pupilo, que observaba la pantalla- Posee la perspicacia suficiente como para deducir una de las múltiples mejoras que he introducido en mi máquina del tiempo, la adaptación gradual de la psique al lenguaje local. Tal vez merezca ser rescatado de ese tiempo después de que el cuerpo de su ridículo compañero empiece a pudrirse...

- ¿No les había enviado a un lugar en donde ya hablaban su propio idioma, señor? -preguntó el niño.

- Un idioma muy similar, Kristoff, un precedente de la suya propia, que en circunstancias normales les permitiría desenvolverse con no poca confusión y desconcierto. –explicó Muerte- Pero el genio de Muerte es lo bastante sofisticado como para crear una tecnología capaz de detectar las diferencias morfosintácticas y léxicogramaticales, adaptarse a las mentes circundantes, extrapolar el lenguaje más o menos habitual y trasladar este a los cerebros de los viajeros.

- ¿Pero para qué tantas facilidades, majestad? –inquirió Kristoff- Sin duda sería mucho más fácil dejarles por su cuenta y riesgo en otra época lejana, y el situarles en un lugar cercano a su origen ya parece un buen signo de vuestra magnanimidad.

- El señor de Latveria reserva su magnanimidad para los suyos y sus invitados… -repuso Muerte- Los latverianos se verían obligados a probar en pro de su patria esta tecnología experimental, si no utilizase a esos dos indeseables como inadvertidos conejillos de Indias. Recuperaré sus cadáveres poco después de su muerte, y los resquicios de sus desaparecidas ondas cerebrales me darán la información necesaria para perfeccionar la tecnología. –señaló a Andrés en la pantalla- El mero hecho de poder probarlo con un individuo normal y otro mentalmente desequilibrado es sólo un aliciente científico más, antes de usarlo en mis propios viajes a través de las eras…

“¡A muchos kilómetros al oeste, el sol estaba a punto de ponerse en Vigo, la prodigiosa metrópoli de las Rías Baixas! Allí nos encontramos al mercenario que se partió la bocaza (cayendo del helitransporte), saliendo del hospital en donde fue trasladado urgentemente tras encontrársele hecho polvo hace algunas horas… (Y porque tardaron en encontrarle y le dio tiempo a curarse algo, añado, sino estaría en la morgue).

El caso es que Masacre (al que diagnosticaron fracturas múltiples y quemaduras de grado casi enésimo, por lo menos), ya se había hartado de los goteros, los azulejos asépticos, los grifos de agua a 50 grados centígrados, las sábanas de hospital y sus comidas en bandejas de plástico. Así pues, ni corto ni perezoso, y ya recuperado, el bueno de Wade había salido por piernas del hospital…”

- ¡Eh, chaval! ¿Tienes un euro?preguntó Masacre, acercándose a un imberbe jovenzuelo- Papi necesita un par de zapatos nuevos, y Las Vegas me quedan un poco lejos.

- Eh… -dijo el chico, razonablemente asustado ante el desfigurado mercenario, vestido únicamente con ropa de hospital- Es que, mira, me he dejado la cartera en casa, no tengo nada, tío, de verdad…

- ¡Chsssss!chistó Masacre- ¿Oyes eso?ante la negativa no verbal (moviendo la cabeza, ¿contentos, amantes de las descripciones pormenorizadas?) del chico, continuó- ¿No? Yo ya me he acostumbrado a él, lo tarareo en el autobús, lo pondría de hilo musical en el puñetero cuarto de baño de la casa de mis sueños... -dio un paso adelante- Es el sonido que precede a la violencia, chaval. Es el sonido más hermoso de toda la creación, el susurro que precedió al Big Bang, la canción silbada por el pedrolo que partió el cráneo de Abel, es el estribillo del verdugo y la trompeta del Apocalipsis, todo en uno... -pareció quedarse en blanco durante unos segundos y después continuó- ¿De qué estaba hablando? Ah, sí. ¿Tienes un euro?

- Pero… -musitó el chaval- Mira, lo único que tengo, si quieres, son estas raquetas de tenis…

- ¿Raquetas de tenis? ¿Raquetas de tenis? ¡Raquetas de tenis!exclamó Masacre- ¿Me estás vacilando?preguntó cogiendo una de las raquetas que le ofrecía y amenazando con golpearle con ella-¡Ja! ¡Vaya personaje! Quítate los cordones a los zapatos y déjame atarlas a los pies, me servirán igual. Pero me caes bien, chaval, quiero invitarte a algo antes de que me vaya a mis asuntos. dijo pasando su brazo por encima de los hombros de su asustado acompañante.

- No, de verdad, no hace falta, en serio… -balbuceó este como pudo- Tengo cosas que hacer, y…

- ¡Insisto, insisto!replicó Masacre- ¡Un pincho y un cafelito, al menos, hombre! Pero oye una cosa, chaval, ando un poco pelao de pasta... ¿Tienes un euro?

“¿Pensabais que ya era el momento de volver con nuestros personajes principales, o al menos con nuestros personajes principales secundarios? ¡En absoluto! ¡Es hora de volver con Pelayo, agente de S.H.I.E.L.D. (agente y mayor, que lo cortés no quita lo valiente), el semidios olímpico Hércules y Amadeus Cho, el irritante genio preadolescente!

Por supuesto, esto viene al caso (y si no viniera me daría exactamente igual, soy un Vigilante y miro lo que quiero; es más, lo miro todo a la vez, pero solo me apetece narrar esto, ¿algún problema?) porque se les está explicando a Hércules y a Cho la forma en la que entrarán en Latveria para rescatar a Andrés y sus Amazing Friends, con todo tipo de tecnología chachi-molongui. O un poco de ella, al menos.”

- Bien… -dijo Pelayo, con su imagen apareciendo en la pantalla central del módulo espacial en el cual viajaban Hércules y Cho- En torno a una hora, llegaréis a vuestro destino. Mis técnicos dicen que todo depende de los vientos solares.

- Si sólo es eso lo que tienen en cuenta –Cho miró unos segundos una de las pantallas más pequeñas, en el panel de control-, habremos llegado en 43 minutos, exactamente.

- Vale. –dijo Pelayo mordiéndose ligeramente los labios para no añadir nada más a Cho- Pues en 43 minutos exactos, llegaréis a vuestro destino. Una vez allí, Cho, tienes que detener los motores, introducir el código que os hemos proporcionado, y seguir la señal que se emitirá desde un asteroide concreto de entre todo el grupo.

- ¿A qué tanta espera? –preguntó Hércules- ¡A cada segundo que pasamos alejándonos de la Tierra, esos héroes anónimos se alejan cada vez más y más!

- Se supone que intentamos no provocar una Tercera Guerra Mundial, Herc. –respondió Cho.

- Exactamente. –dijo Pelayo, sorprendido por una vez de que Cho le resultase, ya no una molestia, sino todo lo contrario- Ese asteroide en concreto es un pedazo de roca trucado por S.H.I.E.L.D. No tiene su propia atmósfera (así que tendréis que permanecer con el traje espacial puesto durante todo el viaje, que durará varias horas), pero está diseñado para parecer nada más que un asteroide típico del cinturón que existe entre Marte y Júpiter, salido de su órbita por un impacto externo (que es lo que parecerá la detonación que os enviará a la Tierra en el momento exacto que Cho calcule que con la velocidad, rotación y demás impactéis en Latveria), y que reentrará en el espacio aéreo latveriano como tal, y no será destruido. –explicó Pelayo.

- ¿No revelarán los restos que el artefacto pertenece a S.H.I.E.L.D.? –preguntó Hércules.

- La autodestrucción programada en cinco minutos después de que reentréis en la atmósfera hará que queden reducidos a metal fundido con roca quemada y vibranium. –respondió Pelayo- Es una pérdida difícil, no obstante. Esto no fue diseñado para infiltrarse en un país como Latveria; con potencial aeroespacial como para investigar el cinturón de asteroides para explotar la posible existencia de vibranium en él. Probablemente tengamos que desmantelar nuestros otros asteroides trucados en los próximos meses, para no ser descubiertos.

- Me partes el corazón… -replicó Cho- Supongo que ahora ya no podréis infiltraros en un país para crear una guerrilla revolucionaria con la que derrocar a un gobierno e imponer uno afín a vuestro régimen tecnocrático-fascista internacional…

- Virgen santa, Cho, tengo cosas más importantes que hacer que escuchar tus diatribas adolescentes… -resopló Pelayo- No pienso arriesgar que Latveria detecte comunicaciones en la zona porque tus hormonas estén ofendidas con el sistema. Tenéis instrucciones transmitidas dentro del asteroide, para que continuéis con el plan. Corto y cierro. –dijo, cortando la transmisión.

- Idiota. –dijo Cho.

- No es sabio aguijonear la paciencia de un aliado, Amadeus. –respondió Hércules- Entiendo tu frustración contra S.H.I.E.L.D., son una fuente de autoridad tan humillante como mi padre Zeus pudo serlo otrora, pero no es como si nos hubiésemos aliado con el propio Doctor Muerte.

- Pff. –exclamó Cho- No, nos hemos aliado con alguien que no movería un dedo contra Muerte de no ser por las circunstancias.

- Tal vez sea mi experiencia, pero lo que yo veo es un hombre que está arriesgando su posición y todo lo que es suyo para hacer todo lo posible en ayudar a sus amigos…

“Abandonemos la nave de S.H.I.E.L.D. que viaje en el ensordecedor silencio (¿paradójico, verdad?) del espacio en dirección al cinturón de asteroides… Pero esta vez lo abandonamos también en un viaje en el vacío… ¡El vacío hasta que el mes que viene subyugue momentáneamente vuestra ansia de Astonishing Andrew and his Amazing Friends! ¡Nos vemos en el número 15!

viernes, 18 de diciembre de 2009

Astonishing Andrew and his Amazing Friends nº 14 (Segunda parte)

“Mientras tanto, a un escaso kilómetro de allí, los Amazing Friends restantes terminaban por seguir a su misterioso guía renqueante, encapuchado y carmesí (y probablemente coleccionista de adjetivos, aunque esto no ha sido comprobado. Aún). Este abrió la puerta de un caserón al lado de un molino, a la entrada del pueblo, y les invitó a entrar.

En el interior, un grupo de personas esperaban. Una de ellas echaba unos troncos a la humeante chimenea, al lado de la cual otro pelaba patatas, mientras un grupo más alejado se esforzaban en colocar unas ollas y cacerolas en los armarios de madera, y otros parecían discutir muy interesados en torno a lo que parecía un mapa de la zona, plasmado en un papel envejecido, sobre una mesa de piedra.”

- ¡Bienvenidos, gente del exteriooooor! –dijo uno de los del mapa, acercándose y alzando mucho los brazos- ¡Os hemos esperado y vigilado desde vuestra llegaaaaada!

- Más locos. –dijo Cata poniendo los ojos en blanco.

- Tenéis que disculpagle, aún no domina el idioma e intenta solucionaglo, ggitando. –dijo otro, apartando al primero- Bienvenidos a la guesistencia latveguiana, en donde intentamos degocag al malvado Doctog Muegte y sobgevivig en el intento.

- ¿Por qué hablan con acento francés? –preguntó Leti- Creía que en Latveria hablaban mayoritariamente alemán, y latveriano como dialecto local en algunas zonas.

- Mi acento es culpa de una dislexia parcial pgrobocada pog una tempgana opegación de fimosis en la médula ósea cuando ega un niño ¡Y la lucha pog la libegtad no conoce frontegas ni cgredos, mademoiselle! –dijo el de acento gabacho, visiblemente ofendido- Liberté, equalité, fraternité! ¡Yo y otgos cuantos pagtisanos nos diguijimos aquí paga integgagnos en el seno de este ggupo de aguegidos latveguianos, pego nos escogiegon como sus lídegues cuando conseguimos tgaegles esta asombgosa máquina de destgucción tigánica en enloquecedoga igonía. –añadió, tirando de la capa carmesía del guía, y desvelando así su identidad.

- ¡¿Muerte?! –preguntaron los Amazing Friends, incrédulos, al ver desencorvarse a la figura, y recuperar su altivez habitual.

- ¿He hecho un buen servicio, amo? –preguntó Muerte a uno de los partisanos rebeldes.

- Sí, bonito. –respondió este, palmeándole amistosamente en el hombro- Ahora ve a hacernos la cena. –ordenó.

- Conseguimos guepogamag este Muegte-bot paga que nos sigviese, y nos ha guesultado muy útil hasta la fecha… ¡Nos hace tagtufos, cuando conseguimos sustgaeg los inggediente pgecisos, y también cocina otgas cosas! -dijo el franchute, cogiendo un pastel de una bandeja en la cocina- Nuestgo pgodigio científico pagticulag lo consiguió, lamentablemente, no antes de que el Muegte-bot le gueventase accidentalmente la cabeza con sus agmas ofensivas… -explicó.

- ¿Cómo se supone que pudo conseguirlo después, genio? –objetó, muy lógicamente, Graciela.

- Obviamente, había apuntado los pasos para haceglo y los seguimos. –respondió con tranquilidad- Después de limpiaglo un poco todo, clago está. Pego ese no es el asunto. Queguemos sacagos de aquí antes de que la iga de Muegte caiga sobgre vosotgos, como sobge vuestgos amigos…

(Disfruten del interludio musical, amigos...)

- Chama, escúchame. Este país está muy mal. ¡La vida en Latveria es mucho peor que el mundo de allá afuera! –explicó uno de los partisanos mientras unos cuantos comenzaban a golpear con cierto ritmo las cañerías y utensilios de cocina- Tú sabes que en otros lados, los pastos más verdes son. ¿Por qué sueñas con quedarte? ¡Latveria es un gran tostón! –comenzó a cantar.

- ¿No ves que viviendo fuera, encuentras el gran filón? –preguntó otro- ¿Qué puede haber aquí dentro, que cause tal devoción?

- Bueno, lo cierto es que tenemos unos amigos perdidos en el tiempo, y… -comenzó a decir Leti.

- En Latveriaaaa… -canturreó el primero- En Latveriaaaa… - cogió a Chama por un hombro, tomándolo como ejemplo- Vives contento, las manos llenas, eres feliz… Se que trabajas sin parar, incluso cobras, ¡vaya guay! Mientras nosotros, solo curramos, ¡en Latveria! ¡Ja, ja!

- Tus siervos son muy felices… -dijo un coro rodeando a Chama.

- ¡Yo tengo empleados, no siervos! –respondió Chama ofendido.

- Allí tienen libertad… ­-dijo otro.

- Los siervos aquí están tristes… Sus casas son de cristal. –añadió otro señalando varios frascos con cenizas mortuorias, en una estantería- La vida de nostros, siervos, muy larga no suele ser… Si a Muerte le apetece…

- ¡A mí me van a comer! –gritó un desgraciado perseguido por perros, fuera de la casa.

- ¡Uooooh! En Latveriaaaa… En Latveriaaaa… Muerte nos fríe y nos cocina en un sartén… -cantó mientras el Muertebot, vestido con un delantal y gorro de cocinero, preparaba la cena con dicho utensilio- Si no te quieres arriesgar, de Latveria te pirarás. ¡Y sin problemas, entre tartufos, tú vivirás! –sentenció el hombre cogiendo uno de los pasteles que Chama había traído y bailoteando a su alrededor.

- ¡En Latveria! –cantó un coro.

- En Latveriaaaa…

- ¡En Latveria! –repitieron.

- ¡Hay siempre muertes, y con sadismo, es natural!

- ¡Es natural, al, al, al! –continuó el coro.

- ¡Ey! ¡Mantarraya atacará, el amo lo troceará! –dijo señalando un dibujo, aparentemente hecho por un crío de cinco años, del héroe acuático- Siempre es lo mismo, “muertecentrismo”, ¡en Latveria! –se plantó delante de Cata- Oye, si fallas, es un canalla, tú de cabeza irás a prisión, verás los grilletes y algún muerto, ¡disfruta del dulce hedor!

- ¡Sí! –exclamó otro.

- Con mi cachimba y mi violín, François maquinando, perros ladrando… Sin olvidar peligros sin fin… ¡Que vienen Muertebots! –gritó fingiendo que el Muertebot cocinero le atacaba, persiguiéndose ambos durante un rato- ¡Ja! –gritó al esquivarle una primera vez- ¡Ja, ja! –repitió al hacer que el robot chocase contra unas cajas.

- ¡Sí! En Latveriaaaa…

- ¡En Latveria!

- En Latveriaaaa…

- ¡En Latveria!

- ¡Hay carabinas, son las más finas, disparan guay! –dijo enseñando sus armas de fuego.

- ¡Sí! ¡Disparan guay!

- ¿Para qué te quieres quedar, si pronto os van a masacrar?

- Ahí tiene parte de razón… ­-susurró Jenny.

- Sus triquiñuelas, matan abuelas, en Latveria… -dijo uno señalando un cuadro de Muerte.

- Aquí las cosas, no pintan rosas, en Latveria… -cantó otro al lado de la ventana que daba al cementerio.

- Nuestro colega es taxidermista, -comentó uno cogiendo a uno por el brazo- cuando yo muera, se hará un artista… -añadió poniéndose, apoyado en una banqueta, en la postura del pensador de Rodin.

- ¡Así que venga, largaos deprisa…!

- ¡¡De Latveriaaaaa!! –con un acorde similar a una canción submarina de mi infancia, la música se interrumpió a una palmetada del Muertebot, que anunciaba la cena.

- ¿Por qué siempre acabamos con gente así? –le preguntó Chama al resto.

- ¿Tu colonia? –preguntó Cata.

- Ma chere mademoiselles… -dijo François acercando a las chicas a la mesa del comedor- Es una ggan satisfacción… Y un inmenso placeg, recibigla aquí esta noche. Pog eso, les invitamos a que tomen asiento y se pongan cómodas… Pogque la guesistencia latveguiana tiene el oggullo de pgesentag… Su cena.

- Ahí vamos otra vez… -musitó Jenny.

“Estoy un poco hartito del frívolo (aunque pegadizo) espectáculo musical en la profunda Latveria, así que dejemos que los Amazing Friends lo soporten ellos solos, ¿de acuerdo? Entretanto, podremos divertirnos rememorando a través de mis archivos las presumiblemente poco edificantes vivencias de Berto y Andrés en la Edad Media. ¡Quizás así encontremos los vínculos que nos unen con nuestros pretéritos antecesores! ¡O algo!

Junto al rústico pastor, “Osberto” y Andrés parece ser que llegaron sin mayores complicaciones a Malgrat, reuniendo a unos cuantos curiosos en derredor suyo, en la plaza mayor de tal lugar. Y sí, ahora narro yo también el pasado, la narración antigua de Uatu es un coñazo, permitidme el remake, si no os importa. Intentaré ponerme medieval mientras lo hago, para que no os de morriña.”

- ¿Decís que sois monje procedente de tierras lejanas, volviendo de peregrinación desde Iehrusalem, hermano Andrés? -dijo el que había sido recién presentado como alcalde de Malgrat, quien a la sazón acababa de averiguar la razón de tanto revuelo en torno a tierras lejanas, más allá de sus exóticos ropajes.

- En efecto, edil. –respondió Andrés- Y doquier iba, a punto he estado en más de una ocasión de caer muerto, preso de la defensa de altos valores propios a la fee christiana, y convertirme en mártir, pero Dios me ha dado una responsabilidad para con los hombres, para predicar su mensaje, y emprendí mi camino hasta tierras más cercanas a las de la patria que me vio nacer.

- ¿Os pasa algo, Osberto? –preguntó Juan, el pastor, al ver como Berto se tapaba el rostro por una mano.

- Eh… -titubeó este- No, nada, nada. Es que… ¡A veces me siento indigno de tener al lado a este magnífico dechado de sabiduría! –exclamó para todos los presentes, dando una fuerte palmetada a Andrés en la espalda, haciéndole toser como si fuese a echar un pulmón y medio.

- ¿Y a que orden pertenecéis, frey Andrés? Paresceme que gastáis prendas de vivos colores y holgadas al cuerpo, que asemejaisvos a un juglar errante –preguntó el alcalde- Sin duda no podéis ser benedictino nin cisterciense.

- Los satanases… -tosió Andrés- ¡Del Infierno!

- ¿Cómo decís, hermano?

- ¡Oídle bien, joder, pues está advirtiéndoos! –intervino Berto- ¡Mi compañero os advierte de los demonios y las tentaciones del mundo terreno, que acechan por doquier! Y por eso el Santo Padre… Eh… Tuvo la providencial idea de unir a protectores de la fe como los Caballeros del… Eh, Santo Sepulchro, junto a con monjes de órdenes variadas, para extender su influencia por toda la Cristiandad. La cosa se extenderá más si nuestra misión contra infieles y herejías progresa. –explicó Berto, demostrando una rapidez mental admirable, y sin haber cometido excesivos errores anacroníticos.

- ¿Pertenecéis pues, a una orden de caballería? –inquirió el alcalde, escéptico- ¿Y vuestras armas y monturas, propias de vuestro rango, Osberto, do se hallan?

- Apenas soy escudero, alcalde. –respondió Berto- ¿Creéis vos que el vicario de Cristo sería tan ingenuo como para dejar a los cruzados sin sus mejores caballeros en proyecto alguno que se pudiese ir a los infiernos sin apenas dificultad? Además, -añadió señalando hacia Andrés- el hermano se empeña en que llevemos con nosotros lo menos posible, a fin del merecido cumplimiento de su voto de pobreza. Eso incluye las monturas, entre muchas otras cosas.

- ¿Non se os permite el cargar con el vuestro yantar, tampoco? –preguntó uno de los presentes, ante la inexistencia de zurrón alguno ni para Andrés ni para Berto.

- Acabamos nuestros víveres… -dijo Berto, y sonrió un momento- Podría decirse que… Llevamos perdidos mucho tiempo.

- ¡Pero ese ofrecimiento de comida sí me lo permiten aceptar mis votos! –exclamó Andrés, repentinamente vivificado- ¡Alimentadme, y os relataré prodigiosas historias de la Ciudad Santa!

- Andrés… -dijo Berto agarrando a su compañero por los hombros- Nos lo estamos montando bastante bien, pero como hagas que nos persigan con antorchas y horcas, o lo que quiera que se lleve en esta época, te voy a entregar yo mismo a la Inquisición, si es que siquiera existe, y te voy a meter el garrote vil por el culo, capisce?

- Puede que no lo sepas… -Andrés se calló, mientras ambos caminaban hacia la casa que les indicaba la multitud- De hecho, no puedes saberlo, fui yo al que dejasteis atado al sofá viendo el Canal de Historia mientras vuesa merced y el resto dirigiaisbos a ver La Jungla 4.0, malditos cabronazos. Así aprendí que el garrote vil no se utilizaba como tú amenazas, por no hablar de que tú caerías conmigo “Osberto”, y de todas formas… ¿Qué se supone que voy a poder armala aquí, en este lugar perdido de la mano de Dios en donde todas las mujeres que he visto hasta ahora están gordas o flacas como un lebrel? ¡Oye! –dijo Andrés- Me estoy adaptando bastante bien a la jerga local, ¿no? Probablemente se deba a mi intelecto superior…

- A mí también me pasa, pazguato. Probablemente se deba a que Muerte puso una actualización de lenguaje a su jodida vidriera flotante que viaja por el tiempo. –respondió Berto- O magia, cualquier cosa antes que aceptar una gilipollez tan grande como que tu intelecto es superior al de nadie sano. ¡Y ahora vamos a comer! –ordenó, haciendo avanzar a Andrés hacia el interior de la casa del alcalde.

martes, 15 de diciembre de 2009

Astonishing Andrew and his Amazing Friends nº 14 (Primera parte)

“Soy Varo, el Vigilante. Durante hace menos de un mes, he vigilado el planeta Tierra, como sucesor del anterior tipo que estaba al cargo, después de que mi colega Andrés me transformase accidentalmente en cacahuete. Hace unos minutos, he podido ver como él y otros amigos mutuos fueron capturados por el diabólico Doctor Muerte, y como Andrés y Berto fueron enviados a través del tiempo como venganza latveriana.

Con mis aparatos de vigilancia alienígena, que es capaz de ver las pulgas de una araña de la luz en una tormenta solar, fui capaz de percibir el destino marcado que tenía la plataforma temporal del Doctor Muerte, y a partir de ahí, seguir la pista a Berto y Andrés. Destinado únicamente a ver y analizar el presente, mi labor, hasta que vuelvan (si lo hacen), es la de vigilar al resto de mis amigos en Latveria.

Y cuando tenga un momento (sí, que pasa, yo soy un cacahuete multitarea, ¿a qué molo bloque?), revisaré los archivos del antiguo Vigilante en las fechas que he llegado a ver, para saber que les ocurrió a mis amigos un milenio y pico atrás… Con ese archivo podré poner orden en mi único hobby dentro de mi curro de Vigilante, el narrar la historia del…”

“Soy Uatu, el Vigilante. Durante siglos, he vigilado el planeta Tierra desde mi ciudadela oculta en la Luna, observando el devenir del destino de los que la habitan. He visto a los Celestiales crear a Eternos, Desviantes y humanos, y he registrado sus conflictos a lo largo de los milenios. He visto a la humanidad alzarse desde la barbarie y el tribalismo y enzarzarse en banales disputas entre imperios y reinos.

En el año 742, según las fechas de los llamados cristianos, comenzó la Reconquista de la Península Ibérica. Anteriormente, en lo que los habitantes de Movietón-7 llamarían los trailers, humanos musulmanes habían tomado bajo su control político y militar esos territorios de sus antiguos señores de ascendencia visigoda. En este año 742, una batalla es ganada y el proceso comienza.

Muchos otros sucesos notables ocurren por todo el globo en décadas y décadas siguientes, y en pocos momentos mi mirada llegaría a fijarse con deliberada atención a ese proceso, y a esa Península. Pero en este momento, flujos espacio temporales de un artefacto que ya ha sido activado en fechas pretéritas con anterioridad marcan la aparición de viajeros temporales en la zona.

De esta forma, y por lo escasos, notorios y verdaderamente determinantes que suelen ser este tipo de intercambios temporales, he decidido abrir, al menos, una nota a pie de página en mis complejos archivos, de tal forma que con el tiempo pueda determinarse, en perspectiva, la verdadera extensión e importancia de estos individuos, muy especialmente, de…”

“Ante los recién llegados viajeros del tiempo se extendía la imagen de una explanada seca, pero no desértica, perdiéndose en el horizonte, con algún árbol aquí y allá. Sobre sus cabezas, un sol abrasador apenas calentaba un par de nubes en el cielo, pronosticando un calor constante a lo largo de la tarde, a la que aún faltaban algunas horas para terminar.

Unos tres metros por encima de los viajeros, se encontraba una nube de nanobots (tosca comparada con otras tecnologías que conozco, pero claramente anacrónica para este estadio evolutivo terrestre), demasiado pequeña para ser destruida, pero lo suficientemente compleja como para captar la imagen y el sonido del lugar, enviaba su señal a través del tiempo, hacia el futuro.”

- ¡Santo Hoggily-Moggily, Berto! ¡Ya no estamos en Pittsburg! –exclamó el que se llamaba a sí mismo Andrés, ante la seca explanada que presenciaban los ojos de ambos.

- ¡A fe mía que no, zagales! –exclamó un cuarentón, saliendo detrás de una loma con un rebaño de ovejas tras de sí- ¡Hallaisbos en las tierras aledañas a Malgrat, o el dormir rodeado de ovejas me ha menguado el seso lo bastante como para que ficiera falta alguien que me guiare con vara! –su mirada brilló con extrañeza- ¿Y quiénes son esos santos Hoguili y Moguili de los que parla tu compadre, el monje?

- ¿Monje? –preguntó el llamado Berto, extrañado.

- ¿Quién sino un monje vestiría ropajes tan poco ajustados a su tamaño y talle? –respondió el rústico pastor- Aunque la honra que un padre enseñó otrora a este su fijo, a fuerza de buenos palos, hace luengos años oblígame a reconoceros que es el atuendo monacal más pintoresco que en vida viera. –dijo, refiriéndose a la amplísima sudadera de Andrés- Sin duda traerán consigo una historia que reuniera en torno vuestro a no pocos curiosos. ¿Tendríais a bien el relatarme tal, si vuestra senda coincide con la de Malgrat, do yo me dirijo, Osberto?

- ¿Osberto? –preguntó de nuevo Berto.

- ¿Acaso no es ese vuestro nombre? ¿No os ha llamado así el monje? –repuso el pastor.

- Eh… -dudó Berto- Sí, claro. Perdona, joder, venimos de muy lejos, y confundo los idiomas.

- No hubiese jurado que vinieseis de tan lejos, en tanto que paresceme vuestra voz cercana a la Galaecia, por donde ha tiempo pasé unos años. Non enbargante, sois el monje más deslenguado que jamás oyese en mis viajes... A no ser que usen las voces zafias cuando hablen en latín, puesto que no se más de esa lengua que lo que recito en misa (y sabría explicar de eso lo mismo que de construir iglesias).

- No soy monje. –Berto intentó pensar algo rápidamente, mientras daba gracias a la suerte de que no hubiese estado lo bastante cerca como para verles aparecer de la nada- Tan sólo el hermano Andrés es un servidor de Dios –informó haciendo un gesto a Andrés para que le siguiera la corriente-, un peregrino que llegó a Tierra Santa y vio muchas maravillas (incluyendo los santos que antes citó). Yo tan sólo sirvo al Señor protegiendo a este santo varón de los cabrones que pretendiesen hacerle daño.

- ¡Y vive Dios que podría haber muchos! –exclamó el pastor- ¡Guardaos de los sarracenos, aún si la Virgen aún os da el valor suficiente como para alardear de vuestra estancia en Tierra Santa!

- ¡Dios Padre, el Señor Jesucristo y todos los santos habidos y por haber garantizan mi supervivencia por mano de mi servidor Osberto, rústico pastor, pues mi causa es justa, y el Señor me ha hablado desde Jerusalén, la Ciudad más santa entre las tierras del mundo! –exclamó de pronto Andrés, metido totalmente en su papel- ¡Ahora condúcenos a Malgrat, en el nombre de mi sagrada orden, para que allí podamos orientarnos y tomar algún que otro refrigerio!

- Santa Catalina nos guarde, que creyera sin dudarlo que con una predicación así, hasta la viuda Torres se alzaría en armas contra los moros y aquellos que le sirven, aunque es más cobarde que una grulla en tormenta. –el pastor rió, guiando a las ovejas hacia Malgrat- ¡Y aseméjase bastante a tal, también, si en vida he visto alguna!

“Aparentemente, así fue como Andrés y Berto llegaron a la “España” de la Edad Media. Y ni siquiera he tenido que rebuscar en los archivos biotelemáticos del Vigilante para revisarlo… ¡Me ha bastado con quedarme mirando en la habitación del viejo y entrañable Doc Muerte, en donde junto a su anciano secuaz Boris vigilaban la comunicación del pasado a través de sus cámaras!

No se hasta que punto estará contento el Doctor Muerte ante el comienzo aparentemente poco peligroso y bastante halagüeño de la llegada de mis amigos al pasado, pero una cosa es segura… ¡El universo no volverá a ser el mismo después de la estancia de Andrés en la Edad Media! ¡Probablemente cambien hasta mis apuntes de primero de carrera!”

- ¿Creéis que no lograrán adaptarse a las costumbres del medievo, mi señor? –preguntó Boris, alejándose un poco de la pantalla con la lentitud razonablemente asociada a su edad.

- Llevo cierto tiempo investigándoles, y esos dos son los más necios de toda su execrable pandilla de cretinos. –repuso Muerte, apagando la pantalla momentáneamente, y alejándose de la consola- Aunque no lo fuesen y consiguiesen sobrevivir, su malsana dependencia a la cultura del ocio y las comodidades les han reblandecido frente a la vida real… Sobrevivir en un entorno agroganadero, teniendo que trabajar para ganarse el pan con el sudor de su frente sería peor destino que la muerte misma, especialmente para ese inútil y degenerado Basteiro. –Muerte observó a su fiel sirviente, interpretando los casi imperceptibles gestos de su cara ante su perorata- Se lo que piensas, Boris… Si quería enseñarles la humildad que merecen ante el exaltado señor de Latveria a través del trabajo físico, ¿por qué no decidí mantenerlos esclavizados aquí, en los amorosos brazos de la tierra que me vio nacer, para que así contribuyesen a aliviar levemente con sus brazos las labores propias de mis súbditos?

- Mi señor, sabe que nunca osaría pensar que pudiese mejorar una decisión suya… -dijo Boris por cumplir, porque a estas alturas de la vida ya estaba acostumbrado a ejercer de mero interludio cuando Muerte comenzaba una de sus peroratas.

- No merecen vivir en un lugar tan idílico como el paraíso que he creado en esta, mi patria, Boris. –repuso Muerte- Además, y en contraste con la utilidad que tendrán el cuarteto restante para hacer salir a la luz a los rebeldes, el contacto prolongado con Basteiro y su antropoide compañero ejercerían una influencia nefasta sobre el pensar de mi pueblo. –alzó las manos con expresividad- ¡No, fiel Boris! Será más delicioso observar como Basteiro y su amigo arruinan su pacífica estancia en Malgrat, y no cabe duda de que la identidad de predicador que ha asumido sólo puede terminar en un desastre absoluto. Tan sólo será cuestión de tiempo antes de que sufran presidio, tormento y muerte…