lunes, 22 de diciembre de 2008

Gallinas

Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.
La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.
¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario...
Rafael Barrett, publicado en El Nacional, 5 de Julio de 1910

7 comentarios:

Wherynn dijo...

Las gallinas son seres encantadores, que te pican cuando les das yerba. Pero acaban conociendote y se abalanzan sobre ti para que las alimentes. Espera... ¡seran egoistas! pero hacen compañia.

Una que alimento gallinas.

bss! (otro sin ganas de escribir, jeje)

paco dijo...

Me hace pensar en Diógenes, que tuvo el valor de poner en práctica sus ideas de que para ser feliz no puedes tener posesiones materiales ni inmateriales. Y ahora usan su nombre para una enfermedad que te hace acumular todo tipo de trastos y basura, tócate los pies.

Ch@RLie Slowpoke dijo...

Las posesiones materiales te corroen. Puedes incluso morir del mal de la rata (por aquí antes de saba). Así pues, en estas fiestas tan señaladas, dejémonos tod@s de regalos y disfrutemos de lo que tenemos.

Feliz Navidad, majete!!! Y que te recuperes pronto! ;P

Superlayo dijo...

Eva: Entonces como los gatos, pero menos apetecibles de acariciar y con mejor sabor.

Paco: Me recuerda a una vez que mi profesor de Filosofía dijo "Todos los males del mundo comenzaron cuando un cabroncete dijo: ¡Esto es mío!"

Charlie: Estamos trabajando en ello. Y... ¿Mal de la rata? Quiero decir... ¿QUÉ?

Ch@RLie Slowpoke dijo...

Pues nada, que antes por Valencia se decía que alguien había muerto del mal de la rata cuando tenía mucho dinero pero por pura avaricia no lo gastaba y moría en la más absoluta miseria. Llegó incluso a converstirse en una historia popular, la de un hombre que guardaba los billetes conseguidos durante toda la vida en su casa porque no se fiaba de los bancos y las ratas se los comieron: la metáfora se convertía en realidad para aleccionar a los más jóvenes.
Cosas que pasan!

Adán dijo...

Cuán poderosas son las gallinas de tu historia para transformar un hombre feliz en ese algo del final. Cuán poderosas gallinas.

Quizá con unas cuantas gallinas de las tuyas, y caballos liliputienses ultra-fuertes de los míos... ¡el mundo sería nuestro!

Interesante lo de las gallinas. Me ha gustado mucho. Gracias! De nada!

Un saludo!
Adán.

Superlayo dijo...

Charlie: Ah, igual viene de ahí lo de ser un rata. Mis abuelos tenían una pariente a la que encontraron (muchos años después de muerta) 20.000 pesetas de las de antes (pero de las de muy antes, vamos que ni valían) dentro de un colchón. Lástima de avisar en el testamento o algo.

Adán: Lo encontré por casualidad leyendo ensayos por Wikisource, creo que buscando para un trabajo de clase.