martes, 2 de diciembre de 2008

El hombre con nudos en lugar de manos

Hace mucho, mucho tiempo, hubo un árbol que daba personas. Es cierto. Pequeñas personitas caían en posición fetal y se alejaron, gateando y creciendo, del tronco que les había dado vida, y de las ramas que les vieron nacer. Debían haber andado lo suficiente como para extender el legado de su padre, enterrarse en la tierra y repetir el ciclo. Sin embargo, el libre albedrío les impulsó a jugar juntos, crecer como semillas sin germinar, crecer y multiplicarse, ajenos a su creador. Entristecido por ello, el árbol terminó secándose y convirtiéndose en roca, en un intento de alejarse del dolor que le producía la situación. Capas de sedimentos se depositaron sobre él, y fue también erosionado, hasta que en nada se diferenció de una roca surgida de la tierra. No obstante, y como dentro su enroquecido padre primigenio había aún un recuerdo de árbol, los pequeños humanos conservaban aún en su interior un algo arbóreo. Mucho tiempo después de que la litifación gradual del árbol que les dio vida se completase, los humanos construyeron grandes cosas, inventaron portentos más allá de la imaginación de un árbol, y exterminaron muchas, muchas semillas por razones de mayor o menor absurdo. Se rodearon de rocas con esquinas para protegerse de la naturaleza y se recubrieron con arbustos artificiales o robados a animales para no sentir el frío. Incluso llegaron a quemar restos de árboles, muertos muchos siglos atrás, solo para intentar conseguir un calor que la tierra a la que habían negado su abrazo podría haberles proporcionado. Se vieron envueltos en tristes intentos de importancia que vieron como obligaciones y responsabilidades, encerrándose en frías estancias de piedra y madera, si tenían suerte de rodearse de algo medianamente natural. Perdiendo vitalidad con ello, y adormeciéndose en un letargo rutinario, bien podrían acabar cumpliendo con su destino previsto... Sí, si aquel árbol de frutas carnosas despertarse algún día de su letargo, se sentiría quizás orgulloso al ver que su semilla germinó al fin. No dudo tampoco de que sentiría sorpresa, no obstante, al ver como gran parte de su progenie (si no toda) crece como bien puede en el interior de montañas huecas de grandes aristas. Tengo frío en las manos...

6 comentarios:

Ch@RLie Slowpoke dijo...

Menudo texto! Es muy guay y bastante poético, pero no termino de pillar del todo la metáfora: quieres decir que los seres humanos nos hemos distanciado demsiado de la naturaleza¿?¿? O es algún tipo de denuncia por otra cosa?¿?

Wherynn dijo...

¡Que metafora tan genial! ¡digno de un filologo! (es que de hecho en clase nos dedicamos a cosas asi)que razon tiene el texto... ¿de dónde lo has sacado?

Oye, tu manos frías me están empezando a parecer metafóricas también. Demasiado. Que si, que estamos en invierno y hace frío, pero me parece que hay algo detrás... no te conviertas en roca, ent-secuoya. Nunca.

Bs!

paco dijo...

Cada cuál hace lo que puede para conservar su lugar en el mundo, no estoy seguro de si es bastante razón para que el árbol se sienta orgulloso de ello. Sorprendido sí, para eso tiene muchas razones.

Adán dijo...

Hum... veo un final más abierto que cerrado, ¿no? Y personalmente, yo veo un final apocalíptico en el que cuando todos los humanos terminan sumidos en la miseria por desvincularse de su origen terminan por litificarse, el árbol despierta de su sueño rocoso y tras entristecerse por su fracaso, vuelve a esparcir semillas.


Ah, y Wherynn... yo diría que el texto es creación de nuestro querido anfitrión!!

Me ha gustado mucho tu cuento cortito :)

Un saludo!
Adán.

Wherynn dijo...

¿Tu crees Adán? ¡pues me parece magnífico! y creéme, si no fuera lo que pienso, no lo diría.

Superlayo dijo...

Charlie: Más bien es metáfora de que las obligaciones y el trabajo diario que nos envuelve a veces nos hacen perder la conexión con la vida en sí. Yo ahora mismo estoy "en fase", si entiendes mi referencia marvelita a Kitty Pryde.

Eva: El texto es mío. Y realmente salió por casualidad, empezando porque realmente tenía las manos MUY frías. Completamente agarrotadas, lo que amén con el ingente trabajo me aturullaba bastante. Supongo que hasta las chorradas pueden llevar a algo más o menos profundo. ¿Por qué os dedicais a cosas así en filología?

Paco: ¡Por supuesto que sí, Paco! Encontrar nuestro lugar en el mundo supone una búsqueda de por sí, y una búsqueda significa que estás vivo y que no te estás dejando llevar por una inercia vital. A la porra el árbol y su orgullo, demontre.

Antón: No es lo que te imaginabas lo que yo tenía en mente. Sí considero que es un final abierto, porque no tendría porque ocurrir, y se le puede poner remedio. Me alegro de que te haya gustado.