jueves, 23 de octubre de 2008

¡Feliz pitufoversario!

Esto es un pitufo. Y a pesar de su aspecto infantil y de esa vocecilla odiosa que les pusieron en los dibujos animados, molan muchísimo.
Los Pitufos vieron la luz en forma de cómic, un 23 de Octubre de 1958, de la mano de su creador, Peyo. Aparecieron por primera vez como secundarios en la revista Spirou, en la historia La flauta de seis agujeros (rebautizada años después como La flauta de seis pitufos) en la serie de otros personajes, Johann y Pirluit.
La popularidad de estos diminutos duendes de piel azulada, con su peculiar forma de hablar (perdón, pitufar) les hizo ganarse su propia serie, que estrenaron con Los pifufos negros, y que continuarían con numerosos álbums más. Pero su popularidad a nivel mundial la alcanzarían con la serie de dibujos de Hanna-Barbera, que sería quien convertiría en parte del imaginario colectivo a personajes como el Gran Pitufo (Papá Pitufo en algunas traducciones), la Pitufina o el malvado brujo Gargamel.
Dejando a un lado la estética naif (palabra que me imagino venga de naive, ingenuo en inglés si no me equivoco) e infantiloide de la serie de dibujos, muchos cómics de los Pitufos (sobre todo los primeros) son verdaderos cómics de más de una lectura: la de un niño, y la que presenta una metáfora sobre la naturaleza humana.
Así, encontramos reflexiones sobre la violencia (y quizás una versión infantil del fenómeno zombi en cuanto a enfermedad contagiosa y virulenta) en Los pitufos negros; a un pitufo cualquier sucumbir a la presión del poder y convertirse en dictador en El pitufísimo; el sinsentido de una guerra civil (en el caso de los pitufos por razones lingüísticas) en El pitufo verde o el verde pitufo; o como la paz y tranquilidad del pueblo se ven desbaratadas al hacer acto de aparición un huevo mágico que concede todos los deseos, en El huevo mágico.
Otras historietas van más con el espíritu de la aventura y el humor sin más (Los pitufos y el Ketekasko, El Cosmopitufo), pero todas ellas intentaban transmitir algún tipo de valor. Pero yo, que, personalmente, adoro a estos diminutos seres azulados, me conquistaron con más cosas que los dibujos animados (que dudo que hicieran mucha mella en ese sentido, ¿quién recuerda esa serie con cariño?) y los tebeos. Y son los muñecos.
Existen cientos de muñecos distintos de pitufos, y yo los colecciono desde que era crío. Algunos heredados, la mayoría comprados o regalados (aún recuerdo con cariño el que se me comprara un pitufo algún sábado de la que venía a Oviedo), los muñecos de pitufos son adorables, de un tamaño creíble para los personajes que son, y con la variedad suficiente para pasar tardes y tardes enfrascado en sus aventuras.
Aunque he de reconocer que en mis tardes de jugueteo pitufil jamás llegué a conseguir algo tan guay como esto. Ejemplos de esto, en los enlaces de frívola nostalgia (como siempre, al fondo a la derecha), recomiendo que se vean los pitufos indios o los pitufos de Halloween, algunos de los más recientes y muy muy chulos.
¿Y que a qué venía todo este rollo de pitufo, quiero decir, de post? Hombre, pues me da que no sois muy avispados si tenéis que preguntarlo, gente. No hay más que mirar el título y fijarse en la fecha de "nacimiento" de estos enanos con birrete. Los Pitufos cumplen exactamente hoy 50 años, y no podía dejar pasar la oportunidad de mencionarlos. Los muñecos del 2008 celebraban todos una fiesta al respecto; estoy deseando ver como serán los del 2009.

2 comentarios:

Wherynn dijo...

Juajua, lo d los pitufos es casi tan mítico como lo de los fruittis.

Naif es correcto.

Fin del comunicado.

Bs!

Superlayo dijo...

Pero los Pitufos molan mil veces más que los Fruittis. Lo cual tampoco es muy difícil, tengo que decir.

¿Te dibujo un Fruitti? :p