lunes, 7 de abril de 2008

The Flash 201~206

La historia de Flash, como la de tantos superhéroes de la compañía DC, es una historia de legado.

El Flash original, Jay Garrick, presentado en 1940, . Jay Garrick recibía sus poderes al inhalar vapores de agua dura (que por alguna razón, fueron cambiados posteriormente a vapores de agua pesada, como si eso diese un mayor sentido a la historia). Es reconocido por ser el primer supervelocista en la Historia del 9º Arte, y por llevar un casco con alitas.

Lo que algunos pudieran interpretar como un plagio a Astérix, es en realidad un homenaje a Mercurio (no el supervelocista de Marvel, sino el dios romano, también conocido como Hermes en la mitología griega). De hecho, todos los Flashes (los superhéroes, no los hielos esos de sabores... Oh, dejadme seguir, ¿vale?) han llevado unas alas en su cabeza, de forma más o menos estilizada.

El segundo Flash (1956), Barry Allen, era un científico policial que adquirió sus poderes al verse bañado con unas sustancias químicas, que previamente, habían sido golpeadas por un rayo (al menos su recipiente). Vamos, lo normal (y no se me quejen de orígenes simplones, que a Spiderman le picó una araña; muy clásico y todo lo que queráis, pero muy currao no estaba). Este Flash murió heróicamente, frustrando los planes del Anti-Monitor (un tío muy malo con un nombre peor aún) durante la ya clásica miniserie de Crisis en las Tierras Infinitas.

Por suerte, un tercer hombre tomó el manto de Flash (¿recordáis que os dije algo sobre legados? Vale), un hombre ya habituado a poderes de supervelocidad, y que tras ganar los poderes en un accidente similar al de Allen, había estado ejerciendo como Kid Flash durante años, y actuando junto a otros héroes adolescentes, conformando los Jóvenes Titanes.

Este Flash tendría una larga carrera superheroica en la ciudad habitual para la actividad de los diversos Flashes (Keystone City) y como miembro de la Liga de la Justicia de América y sus derivados (sin duda las más poderosas agrupaciones de superhéroes en el Universo DC). Y disculpen por toda esta introducción, pero se hace necesaria para entender la reseña.

Aquí llegamos al The Flash nº 201 (volumen 2 de la colección). Mis queridos lectores, quiero decirles que por una vez yo también empiezo desde cero; estos fueron los primeros números de Flash que leí en mi vida.

En éste número (y en los otros 5 que conforman la saga) nos encontramos en una Keystone City que, por alguna razón, no ha tenido la presencia de Flash desde hace aproximadamente dos meses.

Fue hace dos meses cuando la vida cambió por completo para Wally West. Hace dos meses, él y su esposa Linda iban a ser los orgullosos padres de dos gemelos. Poco después, una batalla entre Flash y uno de sus villanos, conocidos como Zoom, provocó el aborto de Linda, y tales daños internos que la imposibilitaron para concebir nuevamente.

Hoy, Wally West compagina su empleo de día (la economía va mal) con su nuevo empleo nocturno como mecánico para la policía. Por si el accidente con Flash y Zoom, y que los dos trabajos (combinados con el de su esposa) hiciesen que prácticamente no se vean no dificultasen una relación matrimonial sana, al bueno de Wally le cae un rayo en mitad de un accidente de coche. Sí, un rayo. En mitad de un accidente de coche. Sí, probablemente si hubiese estado cerca de un río, los castores le hubiesen robado los pantalones.

Pero sigamos. Tras este peculiar accidente, Wally es consciente gradualmente de sus poderes. Como muestra un botón: se da cuenta de que no llueve. No me malinterpretéis, me hago cargo de que la consciencia-no-lluvial no es un poder serio como tal, pero no me refiero a eso. Para Wally, la lluvia parece haberse detenido.

Esto es así porque la supervelocidad que ha adquirido aparentemente afecta igualmente a su consciencia, de tal forma que es tan veloz que desde su punto de vista, las gotas no se mueven. Por suerte, no todo se reduce a las gotas de lluvia, y sus poderes le permiten salvar a todos los implicados en el accidente.

En fin, que el temita de los poderes está muy bien, y demás, ¿pero cómo le dices a tu mujer que has adquirido supervelocidad cuando acaba de perder, como quien dice, a sus dos gemelos y la potencialidad de concebir en una lucha entre dos supervelocistas? ¿Realmente tienes esos poderes, o te estás volviendo loco? Y si es así... ¿Quién ha sido el que te ha entregado un anillo, que oculta en su interior el disfraz de Flash?

Añadamos a la mezcla a la analista de villanos Ashley Zolomon, que se ha mudado recientemente al departamento de policía de Keystone City. Esto no tendría mayor importancia... ¡Si no fuera porque Ashley es la ex-esposa del villano Zoom! Sintiéndose culpable por las acciones de su ex-marido, Ashley intentará disculparse ante los West, así como purgar los crímenes de su antigua costilla llevando a cabo el trabajo policial de éste.

¿No os parece suficientes complicaciones para el pobre Wally? ¡Tranquilos, hombre! ¡Si todavía no he acabado! ¿He comentado que andan apareciendo polis congelados por Keystone City? Pues sí, hombre, pues sí. Y el principal sospechoso es el Capitán Frío, un viejo enemigo de Flash, que algún día recibirá un premio por los villanos con nombres más patéticos del mundo del cómic. Y si no, al tiempo.

A pesar de su nombre, el Capitán Frío es un hombre peligroso... Y un villano con mucha clase. Wally tendrá que pensarse si el adquirir los poderes de Flash le transmite a su vez las responsabilidades de éste... Al mismo tiempo, nosotros vemos su interacción con la personalidad pública de Frío, que acostumbra a tomarse un café (con hielo; de hecho su identidad se obvia a los lectores por ese detalle) en el mismo sitio que Wally.

¡Superhéroes que no saben porqué lo son! ¡Rayos que impactan en coches! ¡Cafés con hielo! ¿Os lo váis a perder?

1 comentario:

Whers dijo...

Como no me llaman especialmente la atencion los superheroes... nada k comentar!!

Pero al menos firmo

XD

bs!