sábado, 19 de abril de 2008

Cien años que son cien soles

Hace cien años, unos ojos se abrían al mundo y un llanto (como otros tantos) llenaba el aire. Esto no es un cuento: en torno a las 10 y 20 de la mañana hacían cien años justos. Esto no es un homenaje póstumo, a Dios mil gracias: hoy mi bisabuela cumple 100 años.
Echando cuentas históricas, la muestra es espectacular: mi bisabuela ha vivido bajo el reinado de un rey (Alfonso XIII), la 2ª República, un dictador, y por último nuestro rey actual y todos los presidentes del gobierno que hemos tenido tras la Restauración. Católica, creyente y orante de incontables rosarios, ha vivido "bajo la guía" de nueve Papas distintos, incluído el actual.
No somos conscientes de lo que puede significar tener 100 años. A la mente humana le cuesta procesar de golpe el dato, y los años pueden convertirse fácilmente en meros números. En el mundo (y en España), estos cien años han visto pasar guerras (demasiadas guerras) y avances (impresionantes avances). El ser humano ha demostrado (y seguirá haciéndolo) que puede dar lo mejor y lo peor de sí.
Mi bisabuela tiene recuerdos de un tiempo en que Oviedo sería irreconocible para nuestros cohetáneos. De huertas en el casco antiguo de ciudad, a escasos metros de una burrería que hoy es un taller mecánico. Ha visto caer bombas del cielo, y "balas perdidas" por las calles. Habrá visto millones de anécdotas diarias desde su puesto de queso en la plaza del Fontán.
Pero de todo eso hablan hoy en La Nueva España (para los de fuera, el periódico de mayor tirada en Asturias), en la sección de Cartas al director. Quien quiera saber más, que lo lea, o si tiene interés y no puede hacerlo (que lo primero lo dudo), que lo pida en los comentarios y lo subo al blog.
Me considero un privilegiado por todos estos años junto a Cana. En muchos sentidos, tener una bisabuela es tener una abuela en superlativo. En mimos e incitaciones a comer más, sobre todo. Siempre hemos tenido una relación muy dulce. Recuerdo que de pequeño me daba terrones de azúcar a escondidas (¡y aún así nunca he tenido una caries!), me azucaraba el zumo de naranja y me ponía tostadas con mantequilla y azúcar para desayunar.
Bromas aparte, la quiero muchísimo. Y se que ella a mí. No en vano, soy el que más comprensivo intento ser con sus cosas, el que entro a trapo a defenderla cuando mi madre o mi abuela la riñen por algo, y el que quita peso a cualquier cosa que pueda haber hecho. En algunos de sus momentos más bajos, me ha llegado a decir que si no fuera por mí que no sabría que hacer.
A pesar de que se que hay gente (mi abuela, sin ir más lejos) que hace muchas más cosas por ella, pero ellas chocan más. Mi bisabuela aún se mantiene en forma. Camina con dificultad (esas rodillas...) y ha perdido mucha visión, pero continúa activa. Tiende la ropa, hace su cama, se ducha sola, y cose a escondidas algunas cosas cuando lo necesita.
Durante muchos años (cuando no vivía en Oviedo), dormía en su habitación cuando venía los sábados a casa de mis abuelos, y puede parecer una tontería, pero esas cosas unen. Aún hoy, dsfruto mucho hablando con ella, contándole cosas, simplemente sintiendo su presencia por la casa.
No se cuantos años más decidirá regalarme la vida junto a mi bisabuela. Espero que aún muchos. Dios quiera que llegue a supercentenaria (no es broma, así se llaman por lo visto los que superan los 110 años). Algún día, con tiempo, me pondré con ella y empezaré a preguntarle cosas de su vida y a ponerlas por escrito.
Me sentiría mal si no fuese capaz de retener parte de toda esa experiencia, de esa vida que ella conserva consigo, y de la que me enorgullezco de formar parte. No quiero permitir que todos esos momentos se pierdan como lágrimas en la lluvia. Que permanezcan. Y si no es así, yo los mantendré vivos. Y contaré a mis biznietos que yo también tuve una bisabuela. Y que si realmente les dolería que se perdiera mi recuerdo, conserven también el suyo.

5 comentarios:

Victoria dijo...

Yo también tengo una bisabuela de poco más de noventa años y a poco que nos descuidemos nos entierra a todos. Sin embargo, nunca he tenido una relación con ella como la tuya.

Y no tardes más. Ponte a conservar sus recuerdos desde ya. Si yo pudiera hacerlo no lo pospondría (no es que estemos impedidas, pero ella no quiere. Demasiados malos recuerdos, me dice).

Whers dijo...

Vaya, 100 años!! eso si que es una vida. Ojala se mantenga por mucho mas tiempo con vosotros, no hay nada mejor que tener una familia en la que conviven muchas generaciones (supongo, no puedo hablar por experiencia)

Felicidades con un dia de retraso.

bs!

(y si he tenido infancia hombre, pero ske soy mas de Dragon Ball, Oliver y Benji... tal vez fui una niña rara... eso explica cosas...) xdd

Javi & Pichu dijo...

La verdad es que debe ser espectacular cumplir un siglo. Algo que si disfruto de buena salud me gustaría vivir algún día (ya que llegar con mala salud no es lo que yo quiero)

Felicidades (un poco atrasadas) a tu bisabuela de mi parte. Y eso que ahora que lo pienso... qué es un día tarde para una persona que ha vivido 100 años? Ufff no me lo puedo imaginar.

Pues eso, que felicidades de nuevo!! Saludos

Adan dijo...

A mí me ha enternecido la entrada. Este Superlayín tocando la fibra sensible...

Yo tengo una tía-abuela-tía por parte de nosequé... vaya, creo que es tía de mi abuelo. Pero en mi pueblo se llama tío/a a toda la gente que es de una generación por encima de la tuya y no son tus padres. El caso es que la mujer cumplió los 100 años hace unos pocos años, y la verdad es que desprende vigor. Y tiene una memoria prodigiosa (su hija le pregunta a ella por los detalles cuando está contando historias o anécdotas).

Algún día me gustaría cumplir 111. Por lo de Bilbo, y eso.

Ah, lo de "se perderán como lágrimas en la lluvia"... cita captada ;)

Un saludo!
Adán.

Superlayo dijo...

Tengo que hacerlo, Victoria, tengo que hacerlo... Hablar con ella procuro hacerlo un poco todos los días, aunque sea un momentín, lo disfruto...

Al resto (y a Victoria también, claro) gracias de su parte. Y va camino de 100 y un mes y sigue como una rosa.

Al día siguiente, el domingo, celebramos una macro-comilona sorpresa con más de 30 personas, que la disfrutó mucho.

Teníais que haber visto la sala, con una foto más o menos actual y otra de hace cincuenta años en plan poster grande, muy chulo todo.

Terminaron cantando asturianadas e incluso bailó un poco con la música como bien le dejaban las piernas (cantar cantó como la que más, y encantada de la vida). Eso sí, estaba asustada de todos los que habían ido, y los regalos, y la sorpresa en general.