lunes, 19 de mayo de 2008

Ayúdame, lapicero (2)

¡Aquí está! ¡La continuación más esperada sobre un monográfico de dos partes hablando de un lápiz de todo el mundo! ¡Lo juro! Con la primicia primiciosa sobre el pensamiento primigenio que me hizo meditar acerca del lápiz, y la segunda parte de la canción que da nombre al post. ¡Pedid y se os dará, fieles creyentes!


Ayúdame lapicero,
a hacer limpia mi labor.
Los renglones son los surcos,
y yo soy el sembrador.
Cuando acabe el primer año,
tengo que saber leer,
esa será mi cosecha,
y quiero que se dé bien.


Siéntense, por favor. Usted, el último, cierre la puerta. Bienvenidos a Metodología metafórica avanzada I. Voy a ponerles un pequeño ejercicio para comprobar su ductilidad con respecto a la temática que les impartiré. (Ejem, ejem) Escríbanme una breve disertación en la que un objeto inanimado aparezca como símbolo de vida, muerte y resurrección.


"Me hallaba yo un día, felizmente (es un decir) en clase de inglés, muriéndome de tedio y angustia vital mientras rezaba porque el tiempo pasase, pensando tal vez si habría desarrollado un inusitado (e inútil) poder mutante que hiciese ralentizar el tiempo para mi absoluto desaliento, cuando fijé la vista en el lápiz con el que escribía. Y los pensamientos fluyeron.

Un lápiz apenas empezado, cuya punta (prácticamente recién afilada) proporcionaba una escritura (al menos dentro de lo que cabe esperar de mi letra) limpia, pulcra y cristalina (de cristal carbónico, al menos). ¡Y pensar que con el paso del tiempo, y del certero tajalápiz (o sacapuntas, que hay de todo en estos mundos de Dios), la vitalidad de ese lápiz iría menguando poco a poco, emulando a la nuestra!

Encontraba más de un paralelismo al respecto. Con cada tajada, el lápiz renacía con toda su fuerza cual Fénix, pero a diferencia del ave ígnea, cada revitalización suponía para él un paso más hacia su fin. ¿No nos ocurre lo mismo a nosotros? ¿No nos tumbamos en las camas en busca de un sueño reparador que, no obstante, representa para nosotros unas horas menos de vida?

De pequeño siempre me resistí a tirar los lápices. Incluso a jubilarlos y pasar al siguiente; mis lápices solían durar hasta que apenas tenían dos o tres centímetros antes de llegar a la madera. Un lápiz pequeño puede dar sensación de suciedad, pero yo lo sentía como un respeto hacia algo que aún era útil. ¿Por qué desperdiciarlo?

Aún después, llegué a almacenar como seis o cinco lápices ya casi consumidos, a los que diferenciaba por ligeras variaciones de tamaño y, principalmente, por la suciedad que comía su madera. Con la falta de uso, y al roce con plastidecores varios y el propio estuche, se iba ennegreciendo gradualmente.

No se trataba de un cementerio de lápices ni nada por el estilo. Llegué a cogerles verdadero cariño a esos lápices (especialmente al más antiguo, también el más pequeño) que me entretenían cuando hacía los deberes y no me levantaba de la mesa, pero me tomaba un breve receso imaginándome aventuras entre los lápices (de los que ahora no recuerdo su malvado enemigo, pero que seguro que existía).

Siempre he tenido habilidad para imaginar juegos e historias a través de simples objetos inanimados. En otra ocasión hablaré de esto. Volviendo al tema, no cogí un disgusto enorme, pero sí me entristeció (y me molestó, más que otra cosa) cuando mi madre, harta de ver esa guarrería de estuche con esos lápices "inútiles" por ahí, los tiró a la basura.

No le culpo, sinceramente. Quizás los hubiese tirado yo más tarde en una limpieza posterior; puede que yo hiciera lo mismo con mis hijos si el número de lápices se volviese excesivo. Pero a mí, personalmente, me da que pensar. ¿Qué importancia tendremos nosotros, lápices humanos, para el que escribe?

¿Seremos recordados, como seres independientes, o sólo como una asignación categórica hacia un tipo de objeto? Dejando a un margen filosofías teológicas, ¿seremos recordados, per se? Cuando ya no seamos útiles para la sociedad, ¿seremos dejados al margen, arrojados a los vertederos del olvido en vida, o, por el contrario, mantenidos útiles por los que nos sucedan, respetando nuestra experiencia? ¿Qué hacemos hoy nosotros con los que nos antecedieron y aún viven?"


Mmm... Interesante, interesante. No cabe duda, veo en usted mucho potencial, caballero. Tiende demasiado a la digresión lateral, y sin duda habría que pulir esa tendencia, pero promete... Por supuesto, no carece de errores, están aquí para aprender, pero presenta a su manera cuatro o cinco ideas interesantes que podrían aplicarse en otros ámbitos. Pueden recoger, comenzaremos con el primer tema al día siguiente.

4 comentarios:

Javi & Pichu dijo...

"Siempre he tenido habilidad para imaginar juegos e historias a través de simples objetos inanimados"

¡Estás enfermo, Pelayo!

paco dijo...

Que grande. No tengo más palabras para decir.

Whers dijo...

De acuerdo con Paco. Trankilizada por saber k no soy la unica persona en este mundo k tiene lapices de 2 cm (y aun los uso para escribir, siempre afilados!)

bs!

Superlayo dijo...

Verdaderamente, no se cual de los dos primeros comentarios me halaga más. :p

Pichu, yo podría haber vivido una infancia con juguetes de palo, o con palos como juguetes, el torrente de mi imaginación es inabarcable, y he llegado a crear épica con un arcaico cascanueces, un abrelatas camuflado, un guardaagujas en forma de pollito, y varios dedales.

Pero quizás esta faceta mía mereciera otro post aparte, no se. :p